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La Estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

Qué difícil es levantarse y enterarse de la irreparable pérdida de algún familiar, amigo o conocido en su lucha contra el cáncer.

De acuerdo con estadísticas de la Secretaría de Salud de Yucatán, los tumores malignos ya son la causa de uno de cada diez decesos y este mal se perfila como la tercera causa de muerte en Yucatán.

Es decir, se trata de un problema de salud pública. Y todo indica que será mayor conforme pasen los años.

Hoy, cinco ciudades (Mexicali, La Paz, Campeche, Mérida y Guadalajara) ya registran sus casos, y cuatro más están por integrarse. En esas capitales se han detectado, en lo que va de 2018, dos mil 329 casos nuevos.

En Yucatán, las estadísticas confirman que el cáncer más común es el de mama en mujeres, y el de próstata y riñón en varones.

No obstante, la carencia de recursos humanos e infraestructura especializados limitan las posibilidades de enfrentar esta epidemia, según nos advirtió el especialista Enrique Soto Pérez de Celis, del Departamento de Geriatría del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Hemos adoptado estilos de vida que nos predisponen a padecimientos que antes no teníamos, como el cáncer de colon y mama, que se relacionan con la obesidad.

Además, el sistema de salud tanto a nivel nacional como local fue diseñado para enfrentar enfermedades infecto-contagiosas, pero no las crónicas y complejas, que requieren abordajes multidisciplinarios.

En el Instituto de Investigaciones Biomédicas, Soto Pérez de Celis señaló que las predicciones refieren que la incidencia de cáncer en 2035 aumentará alrededor de 58 por ciento en menores de 65 años, y en adultos mayores el número de casos nuevos se multiplicará en 160 por ciento: “Es un grave problema para el que nos tenemos que preparar”.

“En torno al tema se enfrentan retos como la falta de datos epidemiológicos confiables, la carencia de personal de salud, problemas de acceso a la atención médica y deficiencias en investigación y desarrollo”, precisó.Para una población de más de 100 millones de habitantes, se cuenta (según el Consejo Mexicano de Oncología) con 383 oncólogos médicos, 864 cirujanos oncólogos y 237 radio oncólogos. En infraestructura también estamos limitados, con poco equipo de radioterapia, aceleradores lineales y unidades de braquiterapia.

Hasta hace poco, prosiguió el experto, el cáncer se “medía” utilizando estadísticas de mortalidad, registros histopatológicos de los centros de cáncer y por reportes epidemiológicos.

Había necesidad de crear un registro poblacional en la materia, que se concretó en 2016.

Enrique Soto sostiene que este reto de salud se debe enfrentar con prevención, con sistemas de salud resilientes centrados en enfermedades crónico-degenerativas y la creación de equipos multidisciplinarios. Hay que garantizar el acceso a la atención médica, aumentar la cobertura de todas las neoplasias, generar fondos de protección para personas vulnerables, como indígenas y adultos mayores, y crear conocimiento que influya en la atención que se da a los pacientes.

Al respecto, Ephrat Levy-Lahad, directora del Instituto de Genética Médica de Israel, apuntó que antes se pensaba que el cáncer no era hereditario, pero en los años 90 se determinó que las mutaciones en dos genes (BRCA1 y BRCA2) predisponen a esa enfermedad.

“Uno de cada cuatro judíos asquenazí, hombres y mujeres, tiene mutaciones en esos genes; 11 por ciento del cáncer de mama y 40 por ciento del de ovario en esa población tiene esa causa”, subrayó la también integrante del Comité de Bioética Internacional de la UNESCO y ganadora del 2018 EMET Prize.Ahora se sabe que las mujeres que tienen cáncer de mama por esas mutaciones deben ser tratadas de manera diferente, porque son sensibles a diferentes tipos de quimioterapia e inhibidores biológicos.

Esos datos señalan que se puede identificar a los portadores antes de que sean afectados y prevenir el padecimiento.

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