¿Meade en segundo lugar?
Filiberto Pinelo Sansores (*)
Es ridícula pero no gratuita la postura de José Antonio Meade al comparar un proceso electoral con un torneo de fútbol. Está repitiendo como loro que, “como ocurrió en las recientes copas del mundo de ese deporte, en los comicios del 1 de julio no va a ganar el puntero, sino yo”. Y para sostener su dicho exhibe encuestas “patito”, sin autoría ni metodología a la vista, en las que aparece ya en segundo lugar, pero a 20 puntos del primero (“La Jornada”, 16-06-18).
Equiparar resultados de un deporte —donde no es el público el que decide, sino los jugadores en una cancha— con los de una elección, en la que es el pueblo quien toma las decisiones (y cuyos resultados pueden ser previstos gracias a una ciencia, las matemáticas, a través de una de sus ramas, la estadística que, a su vez, usa un instrumento de medición llamado encuesta), es una argucia que no se corresponde con la realidad, pero que se usa con un fin: en este caso, sentar las bases para el atraco electoral que está preparando el PRI ante su inminente derrota en las urnas.
Para construir su narrativa, Meade grita a los cuatro vientos que ya rebasó a Anaya, quien, de manera permanente ha ocupado el segundo peldaño en casi todas las mediciones que se han hecho desde que comenzó el proceso. Y es que, aunque las encuestas tienen su base en la ciencia, también se pueden falsificar o adulterar y hacer que arrojen números al gusto del cliente, como la que exhibió Meade que, aunque no llegó al extremo de ponerlo en el primer sitio, le servirán para justificar mecanismos de suplantación que tienen como objeto alterar la elección.
Cumpliendo un plan que prefiguró semanas atrás, el PRI se está preparando para el gran asalto a la voluntad de los electores. Es por eso que hay que poner mucha atención en los pasos que está dando. Como anticipándose a la encuesta “patito” que ha sacado Meade, el 29 de mayo René Juárez Cisneros, presidente de ese partido, anunció con gran seguridad que para el 10 de junio, día del Tercer Debate, el candidato estaría ocupando ya el segundo lugar en las encuestas y a partir de entonces iría por el primero (“Proceso”, 29-05-18).
Su declaración fue como el disparo de salida que detonó la intensificación de la compra de votos, la guerra sucia a base de llamadas telefónicas contra López Obrador, la campaña de calumnias contra algunos de sus colaboradores y los vídeos contra Anaya que, es obvio, el aparato de gobierno filtró. Todo en un esfuerzo mayúsculo por salir del tercer lugar y ocupar el segundo, sin lo cual la estrategia para cometer un fraude electoral se hace imposible.
Como esto no se ha logrado en el plazo establecido, el PRI se ha propuesto construir un escenario artificial mediante el uso de encuestas falsas que hagan creer que Meade ha llegado al lugar que se requiere para disputar el llamado voto útil, que es el que aportan quienes creen que su candidato está derrotado por ocupar el tercero y están dispuestos a reconsiderar su sufragio y dárselo a quien le pueda ganar al que de ningún modo quieren que llegue al cargo en disputa, aunque en esto hay una gran equivocación, porque el voto útil no se mueve solo hacia el ocupante del segundo lugar en las encuestas, también se va hacia el del primero.
En el caso mexicano, el supuesto voto útil no necesariamente sería para el PRI, en caso de que se produjera, porque es el partido que más votos negativos acumula, es decir, el número de ciudadanos que declaran que jamás votarían por él.
Pero el PRI no le apuesta al voto útil. Le apuesta al fraude electoral usando como coartada este voto para justificar su “victoria”. En caso de que finalmente cuajara su plan de engañar a la opinión pública con sus encuestas adulteradas, haciéndole creer que está ya en el segundo lugar de la competencia; este posicionamiento mediático le serviría como punta de lanza para cometer el gran fraude electoral que ha estado preparando —con la probable complicidad de autoridades, jueces electorales y medios de información que le son afines al sistema—, alegando que fue el voto útil el que lo hizo triunfar.
Por eso, desesperadamente quiere el PRI meterles en la cabeza a los mexicanos que Meade está ya en la segunda posición, pues desde la tercera no podría argumentarse lo del voto útil. Es menos complicado llevar al cabo un fraude electoral desde el segundo lugar en las encuestas que desde el tercero. Nadie pensaría que el voto útil se decantó por un ya desahuciado ocupante de tercer lugar y no por el del segundo, sería ilógico. De ahí la urgente necesidad del PRI por ostentarse como ocupante de esta ubicación.
Solo un más que escandaloso fraude electoral podría darle la victoria en la elección presidencial a Meade, a quien todas las encuestas, incluyendo la de él, ubican a una distancia de millones de votos de quien goza del mayor número de preferencias electorales. Más de 20 puntos porcentuales separan al primero del segundo lugar, sea Anaya o Meade quien ocupe éste. Se antoja una distancia sideral imposible remontar en el curso de seis días, que es el tiempo que le quedan a las campañas.
Por eso es necesario, hoy más que nunca, cuidar el voto como la niña de los ojos, en todo el país. La desesperación es muy mala consejera. Y el PRI está desesperado, porque su derrota podría significar el inicio de su extinción.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
