Rincón del análisis
Daniel Armando Pérez Cachón (*)
Una de las razones por las que el fútbol es muy practicado y seguido es su esencia simple: patear y correr por la pelota. “Cualquiera juega esto”, se dice coloquialmente.
Sin embargo, en el más alto nivel hay muchos detalles a tomar en cuenta, especialmente los que tienen que ver con el técnico.
El mérito de los éxitos siempre es mayor para los jugadores, es obvio. Pero decir que ellos “ganaron solos” o que “ganaron a pesar de su entrenador” es no tener sentido común. En Rusia 2018 hay ejemplos para desechar tal afirmación luego de darse algunas sorpresas y ver sufrir a equipos que en el papel eran muy superiores.
España redujo sus posibilidades de ser campeona del mundo al despedir a Julen Lopetegui a un día de iniciar el torneo y sustituirlo por un novato (Fernando Hierro) en el timón. No fue raro entonces que Irán le hiciera partido.
Por su parte, Argentina tiene a Lionel Messi y hasta ayer (porque el genio puede despertar hoy), no da una. Para clasificar al Mundial necesitó tres seleccionadores y ninguno ha hecho funcionar a un plantel con figuras. Si fuese tan sencillo, bastaría con el buen juego de la “Pulga” para ganar siempre.
Y, por supuesto, hay que rematar con México, en cuya victoria sobre Alemania hay que darle su lugar a Juan Carlos Osorio. Se le cuestionaba que “no había aprendido” de sus peores derrotas. Demostró que sí. Que los jugadores estén convencidos y lo hayan respaldado con el mejor partido de una Selección Nacional en Mundiales no es cualquier cosa.
Editor Grupo Megamedia
