¡Respeto!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“Espero que las personas finalmente se den cuenta de que solo hay una raza —la raza humana— y que todos somos miembros de ella”: Margaret Atwood, activista política y escritora canadiense.
Escuchar el llanto de un niño al momento de ser separado de su padre, de su madre o de su familia (sin entender la razón por su corta edad), es cruel. ¡Muy cruel! Ver el rostro de un niño encerrado en un albergue (antes los llamábamos campos de concentración), es cruel. ¡Muy cruel! Ellos, desde sus primeros años de existencia como parte de la raza humana, son los principales afectados de gobiernos corruptos e indiferentes, como el de México.
Puedo estar de acuerdo con Donald Trump en cuanto a su política de “Tolerancia Cero”, pero no en descargar sus “principios nacionalistas” contra infantes, cuyos padres y familias están huyendo de sus lugares de origen como consecuencia de la crisis económica, como consecuencia de la radicalizada violencia del crimen organizado y como consecuencia de la falta de atención a sus necesidades y demandas por parte de los tres órdenes de gobierno.
¡México! El México de Enrique Peña Nieto que no respondió, como Ejecutivo de la nación, a la “prole”. Sí a la clase privilegiada. ¡Racismo!
Su ideología, como parte de la raza humana, es el vivo reflejo de la “superioridad” de su “raza” (familiar, amigos cercanos y grupos de poder) frente al pueblo de México, manteniéndolo separado de sus políticas públicas; entre ellas las reformas estructurales. Todo esto en nuestro país: México. No en Estados Unidos. ¡Racismo!
El llanto de los niños. El rostro de los niños. Los niños, sin acuerdos ni discursos, obligaron a Donald Trump a firmar el decreto correspondiente para frenar la inmisericorde separación de las familias migrantes.
Por su parte, Melania Trump, primera dama de Estados Unidos, visitó un albergue (antes los llamábamos campos de concentración) para niños migrantes, en Texas.
Para “suavizar” el impacto mundial ocasionado por los llantos de los niños. Por los rostros de los niños.
Efectivamente. México no ha hecho nada; absolutamente nada para frenar la migración hacia Estados Unidos. Para Enrique Peña Nieto hay otras “prioridades”, entre ellas la de pretender hacer ganar a José Antonio Meade y al Partido Revolucionario Institucional (PRI) la Presidencia de la República, ambos repulsivos para gran parte de la sociedad mexicana.
México forma parte de un grupo de países caracterizados por gobiernos corruptos. Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Venezuela, en cuya mayoría los ciudadanos están protestando, hasta con su vida, los enriquecimientos ilícitos de los poderosos, la decadencia de la calidad de vida de los pueblos y la simulada o carente procuración de justicia, que es avalada por la impunidad de Poderes (Legislativo y Judicial) no autónomos, sino al servicio del Ejecutivo.
Los niños en los albergues (antes los llamábamos campos de concentración) me recordaron a los niños de la Alemania nazi. Los niños de la Italia fascista. Los niños japoneses residentes en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Los niños desplazados por las guerras. Indefensos ante la brutalidad del presente y el futuro inmediato, incierto.
Solamente apoyados por su gobierno mediante el discurso mediático, pero no sincero, porque, insisto, hay otras prioridades.
“La Perrera”, nombre de uno de los albergues (antes los llamábamos campos de concentración) ubicado en Texas, donde los niños fueron privados de su libertad y encerrados en jaulas; de ahí el nombre aportado por los propios indocumentados al original. “Úrsula”.
Jaulas construidas con odio y sed de venganza. Vulnerando el respeto a la dignidad. El respeto a la vida.
México (el gobierno corrupto) y Estados Unidos (el vecino racista) olvidaron que solo hay una raza, la raza humana, y que todos somos miembros de ella.
¡Respeto!— Cozumel, Quintana Roo.
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
¡México! El México de Enrique Peña Nieto que no respondió, como Ejecutivo de la nación, a la “prole”. Sí a la clase privilegiada
