feminicida de tahdziu

 

Razonando nuestra fe

Emmanuel Sherwell Cabello (*)

A días de las elecciones es generalizado el desencanto y desinterés por la política en México, las campañas y los candidatos. En este periodo electoral han predominado los ataques y golpes bajos en lugar de mediar las propuestas. El constante bombardeo en medios de comunicación causa gran molestia, pues la mayoría de los spots publicitarios son de odio y descalificación.

La gran necesidad de dignificación que la política en México requiere es evidente. Hay que devolverle a la política esa dignidad que tanto le hace falta y la actitud cristiana el próximo 1 de julio es vital para procurar este objetivo y alzar un llamado a los candidatos electos a dignificar el cargo público.

Como ciudadanos y como cristianos, debemos optar en conciencia eligiendo aquel político que busca el bien de todos, el bien de cada persona y el bien común; que respeta la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales, como la vida desde el seno materno hasta la muerte natural, una vida digna donde ningún ciudadano quede excluido de los bienes básicos para su crecimiento y desarrollo, como el alimento, el trabajo, la vivienda, el deporte, la salud, la educación; también es importante el derecho a la libertad religiosa; un gobernante que sepa integrar a todos los ciudadanos: jóvenes, mujeres y hombres, familias, padres de familia, obreros, empresarios; un político que sepa gobernar para y con el pueblo.

A pocos días de las elecciones, realiza un discernimiento crítico que te permita elegir aquella persona que ejerza mediante sus distintos recursos las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio: paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad; una persona capaz de asumir auténticamente como finalidad de su acción el bien común y no el prestigio o el logro de las ventajas personales. Como católico, asume tu protagonismo y sé un ciudadano socialmente responsable, y cuando sea el caso como cristiano verdaderamente comprometido, no en vistas a tener una situación privilegiada, sino con el fin de devolverle dignidad a la política y sus representantes, con la consiguiente expansión del Reino de Dios y el desarrollo integral del ser humano.

Seminarista católico

 

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