Nos comentan que…
No a pocos les llamó la atención el doble atuendo utilizado por militantes y simpatizantes del PRI en interior del Estado durante la jornada electoral. La mayoría vistió camisetas blancas (muchos con la leyenda “Defensa del voto”), pero sin logotipo partidista. En Kanasín, donde actualmente gobierna el tricolor, algunos portaban un pin con el símbolo del partido, lo cual motivó que los votantes cuestionaran si eso era legal. Al caer la tarde, cuando cerraron las casillas, cambiaron la camiseta blanca por una negra… despertando igualmente suspicacias si se trataba de una estrategia para entrar en acción y facilitar “se confundieran en la noche”. Incluso, Jacinto Sosa Novelo, representante del PT en la sección 205, pidió tras el cierre de la casilla el auxilio de la fuerza pública porque cerca había unas 60 personas “vestidas de negro y en actitudes amenazantes”.
Quien hubiera pasado por la comisaría de Dzibilchaltún el domingo por la mañana habría pensado que ahí se celebraba alguna boda o reunión muy importante y lujosa, debido a la cantidad y el nivel de los modelos de los automóviles aparcados alrededor del parque y en la calle principal. Sin embargo, el motivo fue que en la escuela de esa localidad se ubicaron las casillas y ahí votaron muchos de los vecinos que habitan en las residencias de la zona. Interesante material de estudio para los analistas, pues muchos de estos ciudadanos son vecinos de otros estados que han adoptado Mérida como lugar de residencia. Algo similar sucedió con las comisarías aledañas Sodzil y Temozón. Al menos en estos lugares atrás quedaron los acarreos, despensas y presiones de líderes y lideresas.
Aunque en algunas zonas se calificó como un exceso el continuo patrullaje de la policía estatal, en otras lo agradecieron. Y es que el despliegue policíaco favoreció en buena medida el desarrollo de una jornada tranquila, cuando los brotes de violencia previos al 1 de julio hacían pensar lo peor. Si bien no fue una elección exenta de incidentes, sí se inhibieron amagos de broncas, sobre todo fuera de Mérida. En cuanto menguó el programa de seguridad, comenzaron protestas, reclamaciones y amenazas en algunas secciones donde los candidatos juran “les robaron” la elección.
Tizimín fue uno de los municipios donde respiraron aliviados porque no hubo actos violentos en general. Aunque los comicios se realizaron en un ambiente tenso, el dispositivo policíaco dio confianza a la ciudadanía que esperaba ver, como en anteriores elecciones, caravanas de camionetas con grupos de choque armados con piedras y palos rondando las casillas. No faltaron los operadores políticos que intentaron convencer a los electores en ruta a las casillas con ofrecimientos económicos y de apoyo, pero cada vez es mayor la conciencia ciudadana del valor del voto. En Panabá, Río Lagartos y San Felipe hubo enojo por la llegada de votantes “de aspecto fuereño”, pero portaban credenciales del INE que validaban su residencia.
Muy bien organizados se vieron grupos priistas que acudieron a fraccionamientos de la periferia, en el oriente de Mérida, para visitar varios domicilios y ofrecer traslado para ir a votar si no contaban con vehículo. Lista en mano y toda la parafernalia: saludo y aviso de que venían de parte del candidato Mauricio Sahuí.
