Cosas que pasan

Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)

Y como era esperado y sin duda, Andrés Manuel López Obrador hizo realidad lo que todos sabían pero muchos se resistían a creer al convertirse en ganador indiscutible de las elecciones del pasado domingo 1 de julio y hacer de Morena la primera fuerza política del país relegando al PAN y al PRI a lugares en la escala política nacional que no les permitieron alcanzar fuerza en el futuro gobierno federal que incluye los poderes Ejecutivo y Legislativo. Si fuera cuestión familiar de algo incorrecto hecho por los hijos menores, se podría decir, muy a lo yucateco, que “les dieron su limpia”.

El PAN pudo demostrar algo de fuerza al alzarse con el triunfo en tres o cuatro gubernaturas de las nueve que estuvieron en juego, dependiendo del resultado del conflicto en Puebla y del conteo en los consejos distritales y municipales de Yucatán donde hasta el momento el PRI no admite su derrota y el PAN asegura haber ganado. Yo creo que sólo es cuestión de tiempo para que sea oficial la victoria del blanquiazul en el Estado. Ninguno de los dos partidos que eran considerados como los de mayor presencia en todo el territorio nacional demostró la posibilidad de seguir ocupando esos calificativos. Fue mucha la diferencia que ostentó Morena. No hay nada qué discutir.

Echando un vistazo al pasado nos damos cuenta que durante años y con trabajo hormiga, el equipo de López Obrador fue adueñándose de la estructura priista conquistando voluntades de quienes operaron durante años en favor del tricolor. Aunque en menor medida, la receta se la aplicó al PAN. Los morenistas químicamente puros son muy pocos y se trata de neopolíticos que se subieron al barco en el momento oportuno. La mayoría de los operadores de primera línea fueron priistas, empezando con López Obrador. En esa conquista de voluntades figuran algunos panistas que estuvieron en situaciones privilegiadas cuando militaron en el blanquiazul. Las decepciones y los desprecios de las directivas de sus partidos hacia ellos los llevaron a Morena.

En este sentido, se podría decir que la experiencia y el conocimiento de estos políticos se convirtió en éxito electoral. La asesoría que recibió quien será Presidente de la República fue muy acertada porque cambió la violencia acostumbrada por su frase de “amor y paz” sin dejar de ofender y decir frases acuñadas como “la mafia del poder” y otras muchas que calaron hondo en los ciudadanos, quienes asociaron las palabras del candidato de Morena a la corrupción y a los malos manejos que estaban a flor de piel.

Los candidatos del PRI y del PAN ayudaron a la causa morenista con conocimiento y causa en cuanto a las entrañas de los partidos que abandonaron. A decir verdad, la confianza priista de ganar se convirtió en soberbia con excepción de José Antonio Meade quien, hasta donde se sabe, nunca se afilió al tricolor. Se considera que su pecado fue no querer alejarse de personajes identificados con monumentales escándalos de corrupción. Su falta de oficio político lo dejó en manos de priistas de colmillo pero sin credibilidad. Nadie dudó de su capacidad y honorabilidad que no son virtudes suficientes para llevarte a un triunfo. Si se quiere salir victorioso y por la puerta grande hay que hacer política demostrando que se tiene capacidad de servir poniendo por delante la demostración.

Por su parte, Anaya dedicó demasiado tiempo a tratar de defenderse de los actos de corrupción de que se le acusaba, principalmente el caso de las bodegas de Querétaro. En los debates se dedicó a demostrar su inocencia y a culpar de sus errores políticos a sus adversarios con la muestra de fotografías. Es claro. Las intervenciones de Anaya siempre fueron belicosas y trataron de “balconear” a los otros aspirantes.

En cuanto a Yucatán, se habla del triunfo de Mauricio Vila y se espera que se oficialice. No cabe duda de que Joaquín Díaz Mena logró su objetivo porque una buena parte de los votos obtenidos pudieron ser para Vila. Se deduce que la amplia ventaja de Renán Barrera sobre Víctor Caballero benefició a Vila porque los panistas utilizan poco el voto cruzado.

Bien se sabe que el panorama electoral yucateco se mira de color azul. En proporción al número de municipios del Estado, fueron muy pocos los ganados por el PRI. Fueron muchas las advertencias pero nunca se les hizo caso. Por eso es que la confianza se convirtió en soberbia, como dice líneas arriba. En fin, un resultado esperado y dos partidos sin brújula. Así es.— Tizimín, Yucatán.

manuelantonio1109@hotmail.com

Cronista y exalcalde de Tizimín

 

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