Un futuro promisorio
Mario Maldonado Espinosa (*)
Intentaré plasmar en breves líneas lo que viví en las pasadas elecciones del 1 de julio. El domingo de las elecciones, desde muy temprano me desperté con la zozobra de qué iba a pasar en un día tan importante para nuestra nación, nuestro estado y los municipios de Yucatán. Como es obligación, me preparé para ir a la escuela donde se instaló la casilla; mi sorpresa fue que desde la siete y media de la mañana ya llegaban los ciudadanos a emitir su voto. Tuve que esperar cuatro horas para votar, pero no importó la espera, el sol, ni el cansancio. El retraso se debió a varios factores, el principal ante la expectativa de los funcionarios —ciudadanos todos— que tenían que armar las mamparas, acomodar las urnas, revisar la paquetería electoral, pero sobre todo el escrutinio que tenían que hacer de las boletas electorales, seis boletas para cada ciudadano y sus respectivas ánforas. El retraso se debió igual a que llegaba gente de la tercera edad y personas con alguna discapacidad, ante la confusión poco a poco fue fluyendo la votación. Entre el constante ajetreo fui testigo dentro de una escuela como un grupo político controlaba a la gente con la lista nominal en mano lo cual es un flagrante delito. Para nadie es una novedad que las primeras horas de la jornada electoral fue sumamente lento.
Allí habría que reflexionar sobre la capacitación que debieron recibir los funcionarios de casilla, pues estaban muy confundidos y esa lentitud en muchas de las casillas hizo que la gente empezara a desesperarse.
Una vez que voté, tuve la oportunidad de trasladarme a otros municipios por una encomienda como abogado, municipios en los cuales había una tranquila y copiosa votación. Nuestro estado ocupó el primer lugar en la participación de votación con un 75% de afluencia de votantes. Eso nos debe llenar de orgullo, pues a pesar de los inconvenientes, de las acusaciones, de los presuntos hechos delictivos, las campañas sucias, antes de la jornada, Yucatán respondió y respondió bien. Y aunque la votación disminuyó como al mediodía, en la tarde de nuevo la gente se volcó a las casillas, haciendo fila hasta antes de concluir la votación a las seis de la tarde.
Mucha expectación al cierre de las casillas. Y fue allí con las puertas cerradas que funcionarios electorales con la presencia de todos los partidos políticos donde después de un largo, muy largo tiempo de deliberación y cómputo, se fueron dando los primeros resultados de quienes habían obtenido el triunfo electoral.
Ciudadanos generosos que desde las casillas que dieron su tiempo y esfuerzo, que no abandonaron un solo minuto su encomienda, ciudadanos en los consejos municipales electorales, en los consejos distritales, en el Consejo General, en todo el estado, allí firmes todos. No importó que hubiera amanecido ya el lunes, pero allí estaban cumpliendo con su deber, con los paquetes electorales que contenían el voto de los yucatecos.
Fue una lección para todos, para quienes organizan las elecciones, para los ciudadanos que participaron en cada una de las instancias electorales, para los propios votantes. Aquí cabe una seria reflexión: mejorar lo que no salió bien, sobre todo cuando se trate de elecciones concurrentes, es decir, cuando sean elecciones federales y locales; falta mucho por hacer, y si es necesario cambiar las leyes, que se haga ya.
Vaya este espacio para felicitar a todos los que hicieron ese gran esfuerzo, valió la pena el cansancio, las interminables horas y días cuidando la voluntad ciudadana en las urnas.
De lo que sí estoy seguro y no me queda la menor duda es que nos espera un futuro promisorio para Yucatán.— Mérida, Yucatán.
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@mariomaldonadoe
Asesor Jurídico
