¡Era!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“La vida política de un pueblo marca la condición en que se encuentra; marca su nivel moral y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión”.— Leandro N. Alem, abogado, político y estadista argentino.
No finaliza un día o no transcurren demasiadas horas sin enterarnos de las torpezas de Donald Trump, de la dictadura de Nicolás Maduro, de las mortandades de Daniel Ortega y de los futuros cambios de Andrés Manuel López Obrador; temas que acaparan la atención de la opinión pública por la vecindad con Estados Unidos, por la relación tormentosa con Venezuela, por los ataques a la sociedad y a la Iglesia en Nicaragua y por las promesas de transformación en México. ¿Y la política?
Los países tienen algo en común en su diario acontecer: la corrupción oficial y la decadencia social. Sin importar su poderío económico, su menguante identidad, su cobarde tiranía y su amor por el pueblo, porque sus ciudadanos fueron rebasados por sus actitudes racistas, por sus equivocaciones, por sus malas costumbres y por sus venganzas.
Venerados y odiados
Donald Trump, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Andrés Manuel López Obrador son falsos ídolos; unos venerados y otros odiados. Los pueblos perdieron los valores fundamentales de la ética (disciplina para estudiar el bien y el mal, y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano), de la moral (el comportamiento humano, en cuanto al bien y el mal) y de la política (el gobierno y la organización de las sociedades humanas, a través del diálogo y el respeto); lo anterior, al momento de la decisión para elegir al nuevo Presidente.
Existió una era, la Grecia clásica, en donde los modelos de Estado social eran discutidos, en toda la extensión de la palabra, para elegir el más adecuado, con base en dos cuestionamientos: ¡el cómo y el por qué! Escrito con otras palabras, la sociedad no estaba enferma, ni carecía de valores éticos y morales, por lo que tenía la capacidad de análisis para llegar a un acuerdo político. ¡Razonamiento!
A los que reprobamos los actuales comportamientos sociales, a los que criticamos a los gobiernos y a los que dudamos sobre las verdaderas transformaciones políticas nos llaman “inadaptados”. Yo prefiero la palabra “observadores”, ya que somos testigos de la decadencia de políticos, de pueblos y de cambios. “El máximo de poder es la iniciación de la decadencia”, de acuerdo con el escritor chino Lin Yutang.
En nuestra era, los modelos elegidos de Estado social en Estados Unidos y Centroamérica fracasaron. Específicamente en México, la corrupción forma parte de los procesos social, político y económico, tomando en cuenta que gobernantes, representantes populares y funcionarios públicos hacen valer su derecho al poder para ejecutar los peores actos deshonestos e incalificables.
La mayor parte de los políticos mexicanos padece de la enfermedad denominada “morbus mentis posee”, equivalente al término “enfermedad mental por el poder”, de acuerdo con el periodista Daniel Corona, en su artículo titulado “La enfermedad de los políticos” y publicado en el portal de noticias blastingnews.
Todo lo prohibido está reglamentado para “pasar por encima de la sociedad”. Todo sea por el enriquecimiento “con permiso del Estado”.
Decadencia
No finaliza un día o no transcurren demasiadas horas sin que la vida política de Estados Unidos, Venezuela, Nicaragua y México sean ejemplos de su nivel moral y la energía de su carácter. La política, el verdadero ejercicio de la política está anulado; en tanto, los pueblos se corrompen y entran en decadencia.
En Venezuela y Nicaragua luchan para acabar con la brutal opresión. En Estados Unidos y México la vida es artificial, presumiendo transformaciones.
Es nuestra realidad.
¡Era!— Cozumel, Quintana Roo.
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
La política, el verdadero ejercicio de la política está anulado; en tanto, los pueblos se corrompen y entran en decadencia
