feminicida de tahdziu

 

Razonando nuestra fe

EMMANUEL SHERWELL (*)

La vida del ser humano tiene un sentido y es importante conocer lo que le da peso y tiene que ser valorado. Pero cuando no existe la perspectiva del sentido de la vida, el hombre se desluce, queda sin aliento y se reduce solo al deseo del poseer, de tener más, acaparando, acumulando. Se autoencierra en un tramo de la historia, del tiempo. Es prisionero de si mismo.

Uno de los grandes problemas de la humanidad es el problema del sentido. No se cree que exista una propuesta sensata que invita a darle una acogida al sentido de su existencia.

Hay preguntas que angustian el corazón del hombre: ¿quién soy Yo?, ¿quién es el hombre?, ¿a dónde voy?. Y estas preguntas se traducen una pregunta fundamental ¿qué sentido tiene mi vida?. Y cuando se cree que se van encontrando respuestas, surgen otras preguntas: ¿cuál es el sentido del dolor, del sufrimiento?, ¿de una y tantas enfermedades?, ¿cuál es el sentido de la muerte?

Entonces, comenzamos a ver que estas respuestas exigen algo más, y que no se pueden responder por la simple inmanencia, por la misma esencia del ser. Y hay un planteamiento de carácter universal, un camino de búsqueda que favorece encontrar las coordenadas en el interior del hombre que solamente Dios puede darle el sentido de la existencia.

Pero entonces, nos cuestionamos, ¿quién es Dios?, ¿quién es Dios para mí?, ¿puedo encontrar en Dios el sentido de mi existencia?.

La pregunta próxima de mí mismo me abre a la pregunta trascendental: Dios. Entonces podemos llegar a hablar de Dios a partir de otras preguntas. De ahí la pregunta por el sentido y entonces, tratamos de encontrar la orientación, el sentido que es la razón de ser que empuja al hombre siempre hacia delante a una posible finalidad.

De manera entonces, el ser humano es un ser de sentido y de búsqueda de sentido; y aquí nosotros podemos descubrir que el existente humano, ontológicamente, es un ser en camino a la apertura trascendente, a la verdad. Busca la razón de ser de si mismo.

Y cuanto más busca el sentido a las preguntas de la vida, del ser, de la existencia, es más atraído a ese gran sentido que nos sostiene y sostiene al mundo; y que podemos aceptarlo como firme fundamento, sobre el cual puedo estar seguro y sin temor que el propósito de nuestra vida se pone de relieve en Su nombre. Dios, es el origen y fundamento de nuestra existencia.

Seminarista católico

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán