El huachicoleo

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Por fin se inició, en serio, el combate al robo de combustibles de Pemex popularmente llamado el “huachicol”, que durante años ha sido tolerado y auspiciado por los gobernantes del país.

Este robo ha sido siempre una muestra de la gran corrupción de los políticos que han integrado largas décadas la maquinaria del Estado, aunque hoy tengan la cara tan dura que critican el presente, pero se olvidan del pasado, aunque éste sea inmediato.

Tuvo que haber un cambio de régimen para que las cosas empezaran a transformarse.

El robo de combustibles creció desmesuradamente en tres sexenios. En el gobierno de Fox tuvo un valor de 12 mil millones de pesos al año y al terminar el de Peña Nieto se había multiplicado a 60 mil millones.

Estadísticas de los últimos tres años del sexenio de éste muestran que el promedio del robo fue en crescendo: en 2016, 26,000 barriles diarios; en 2017, arriba de 43,000 y para el año que terminó, 58,200 al día.

Si hiciéramos cuentas para saber a cuánto asciende lo que durante 18 años le ha sido robado a la nación en gasolinas por quienes han podido hacerlo gracias al apoyo gubernamental, nos iríamos de bruces porque es de una magnitud tal que rivaliza con otro de los grandes robos a la nación: el de la gigantesca cantidad que se embolsaron las camarillas de los gobiernos neoliberales, usando como mecanismo nuestra impagable deuda pública.

Los huachicoleros, de arriba y de abajo —los de cuello blanco y los de overol— se roban impunemente el equivalente de 600 pipas de gasolina diarias, con un contenido de 15,000 litros cada una y un valor total de 180 millones de pesos. En un año, el saqueo llega a 65,750 millones de pesos. Con ese dinero podrían construirse cientos de escuelas, hospitales, kilómetros de carreteras, etcétera.

La banda encabezada por Carlos Romero Dechamps, líder del sindicato petrolero, ha sido piedra de toque en el robo. Pero no son sólo trabajadores sindicalizados los que participan; también gente con altos cargos en Pemex y en las esferas más altas de los gobiernos en el viejo régimen. Se ha comprobado que con el método de la horadación de ductos en medio del campo se sustrae sólo el 20% de la gasolina por lo que el otro 80% es dentro de las instalaciones de la paraestatal usando diferentes métodos, algo que sólo puede ocurrir por la complicidad de gente de las alturas. Explica ello, también, la mucha simulación en su combate y la nula eficacia en los resultados.

Una demostración fehaciente de esto es que al comenzar a aplicarse el programa, lo primero que se hizo fue cesar a funcionarios relacionados con el control y monitoreo de los cargamentos en las terminales, algo tan sencillo, pero nunca hecho. Esto ocurrió el 20 de diciembre y desde el siguiente día empezó a disminuir la cantidad de barriles robados. Un comparativo lo prueba: el 21 de diciembre de 2016, se robaron 78,000 barriles; ese mismo día de 2017, fueron 70,000. Sin embargo ese mismo día, pero de 2018, sólo 43,000. En los siguientes días del año que finalizó, el robo fue bajando: el 23 de diciembre fueron 28,000 barriles, el 24, 27,000 y el 25, 19,000.

La periodista Ana Lilia Pérez, autora del libro “El cártel negro”, ha descrito las varias formas del robo. “Las pipas que los encargados de transportar los refinados desde las terminales de almacenamiento hasta las empresas gasolineras, hacen una modalidad de robo que es llamada ‘doble o triple factura’… Cada que un empresario gasolinero hace una compra de una carga de combustible, la pipa que se la llevará tiene que entregar esa factura a los porteros de la terminal de almacenamiento de Pemex, donde se le recargará la gasolina. Los porteros, policías y militares permiten que el chofer de la pipa entre y se forme hasta dos o tres veces con la misma factura, o sea, que con una sola compra sacan dos o tres veces el producto”, detalló.

La periodista ha denunciado, también, que embarcaciones que zarpan de Ciudad del Carmen y cruzan los 741 kilómetros del Golfo de México que separan a ese puerto del de Ciudad Madero —una travesía que dura entre 60 y 63 horas—, el cual conecta con una de las refinerías más importantes de México, la de Madero, Tamaulipas, cargan en él, con el apoyo de trabajadores de Petróleos Mexicanos combustible robado en cantidades que oscilan entre los 600 mil y los 800 mil litros, que equivalen a entre 30 y 40 pipas por barco. Son casi 100 las naves que participan, según investigación de la Marina Armada de México en el ilícito (ver vídeo en “Aristegui Noticias”, 27-12-18).

Esto no sólo se explica por la participación de trabajadores de la paraestatal, sino por la de autoridades de la institución y del gobierno.

Los daños que el robo de combustibles causan a la nación son cuantiosos. El secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, al sostener que durante 2019 no habrá gasolinazos, “pues se proyecta que en el escenario más desfavorable, el precio del energético llegue a incrementarse, cuando más, el equivalente a la inflación proyectada para todo el año, es decir, alrededor de 3.4% en total” y “que si confluyen algunos factores, el precio del combustible podría moverse a la baja”; mencionó que “otro factor que presionó al alza el precio de las gasolinas fue el denominado huachicoleo, cuyas dimensiones fueron ya expuestas recientemente al anunciarse el programa para combatir el robo de combustibles” (“La Jornada”, 31-12-18).

Esperemos prontos resultados en el combate a este grave mal que ha padecido el país por largos años. La opinión pública estará pendiente de ellos porque eso permitiría demostrar a tirios y troyanos que en verdad estamos ante algo nuevo en la escena nacional y que la lucha contra la corrupción es en serio.

A mis lectores, feliz año.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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