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El México de mi pasado

Mario B. Valadez Meraz (*)

No sé si estoy melancólico o los años ya me rebasaron, lo cierto es que añoro al México de mis amores.

Sí, amables lectores, extraño a ese México en el que podíamos caminar hasta altas horas de la noche sin el temor y la zozobra de que llegase a sucedernos algo.

Hoy no sólo somos un país violento e inseguro, sino que —gracias a la delincuencia— secuestros, homicidios, violaciones y robos son el pan nuestro de cada día.

Extraño a ese México de la inocencia donde los niños eran felices con sólo jugar los juegos de mi infancia: avión, burro castigado, cebollitas, encantados, trompo, balero, canicas y fútbol callejero, diversiones que quedaron en el olvido y son remembranzas de mi pasado.

Hoy, cuando la tecnología ya nos rebasó, los niños son adictos a los juegos electrónicos, se pasan horas jugando videojuegos; tabletas y celulares.

Extraño a ese México de valores y principios donde el respeto a los padres era reverenciado como una ley entre las familias, tanto, que para salir de casa requeríamos del permiso del jefe del hogar. Y cuidado llegásemos más tarde de la hora fijada porque nos iba como en feria.

Valores que se han perdido; hoy nuestros hijos son tan insensibles que ya le perdieron el respeto a sus padres. No sólo no acatan las reglas del hogar, sino son ellos quienes se violentan cuando les exigen una explicación sobre sus conductas.

Extraño a ese México de la honestidad y la vergüenza, donde la corrupción en el sector público no era tan flagrante como ahora, porque los servicios se ejecutaban con honestidad y respeto. Probidades que hoy se han perdido tanto, que si nuestro servicio está prostituido es gracias a los políticos que sólo codiciaban un cargo público para enriquecerse de manera ilícita.

Extraño a ese México donde la economía de las familias era sólida; no obstante que los salarios eran bajos se podía vivir de manera decorosa; los principales productos de la canasta básica eran sufragados sin problema alguno.

Nuestro crecimiento económico en los últimos 30 años ha sido tan mediocre que indirectamente ha repercutido en el índice de pobreza de los mexicanos, quienes ni siquiera tienen para comer.

Extraño a ese México en el que la educación de nuestros niños era ejercida con profesionalismo y entrega por los maestros.

Cuando los alumnos concluían sus carreras, no tenían problemas para ejercer su profesión porque el sector productivo del país contaba con suficientes fuentes de empleos.

Hoy me avergüenza decirlo, pero la educación en nuestro país es tan pésima que los alumnos cuando finalizan los estudios de educación básica (secundaria) no saben ni siquiera multiplicar, todo gracias a que el gobierno, en lugar de modificar su obsoleto sistema de enseñanza, les proporciona “tabletas” que sólo han contribuido a la formación de alumnos mediocres y apáticos.

Porque les es más cómodo para los problemas de matemáticas apoyarse en esas herramientas que aplicar la memoria. Ni hablar de quienes se han titulado en los últimos 30 años.

Si a algunos les fue bien y consiguieron empleos en su profesión, sin duda éstos fueron muy mal remunerados.

Siendo realista, el país no tiene suficientes vacantes como para dar cabida a tanto profesional que año tras año se titula.

Y podría mencionar muchos más prototipos, pero a estas alturas es tanto como hablar con la pared.

Lo único que me queda claro es que si somos un país pobre y sin futuro es gracias a todos esos gobernantes corruptos que le dieron en la madre a mi amado México no sólo por entregar todas nuestras riquezas naturales, sino por haberse enriquecido a costa del hambre de los mexicanos.— Mérida, Yucatán.

mariovaladez_48@hotmail.com

Contador-auditor. Exasesor de gobiernos emanados del PRI

 

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