Editorial

La educación

Macedonio Martín Hu (*)

La educación es un elemento muy importante en la estructura de toda sociedad; por ende, la calidad educativa es determinante para el desarrollo económico de un país.

En ese sentido, el Sistema Educativo Nacional (SEN) debe contar con el apoyo institucional del gobierno que encabeza el licenciado Andrés Manuel López Obrador. A partir de la institucionalización del SEN en 1921, con la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se reconocen los avances logrados en todos los niveles educativos, sólo que aquéllos han sido elitistas, selectivos y restrictivos.

Desde la época más remota de la humanidad, es reconocido el papel relevante de la educación para el desarrollo social, económico, político y cultural. En cada etapa de la historia nacional la educación ha sido el eje rector del avance de la sociedad mexicana en casi todos los rubros; es decir, la educación constituye un elemento primordial para la formación de las nuevas generaciones.

En la primera década del siglo XIX, Miguel Ramos Arizpe, en su Memoria sobre el estado de las provincias internas de oriente de la Nueva España, presentada a las Cortes de Cádiz (1812) afirmó: “la educación pública es uno de los deberes de todo gobierno ilustrado, y sólo los déspotas y tiranos sostienen la ignorancia de los pueblos para más fácilmente abusar de sus derechos”.

La educación es la columna vertebral que impulsa los programas económicos y sociales de México. Y para el logro de ese propósito, es fundamental que en este gobierno el titular de la SEP, licenciado Esteban Moctezuma Barragán, coordine un modelo educativo realista, nacionalista y congruente con nuestra realidad social, un modelo que sea viable para atender las necesidades apremiantes de la población mexicana.

Debido al papel trascendente de la educación en la construcción social y política de nuestro país, su desarrollo fue abordado desde la época colonial; a partir de ello, la educación ha ocupado un lugar destacado en los proyectos gubernamentales.

Es un hecho que ningún país del mundo puede lograr un crecimiento equitativo, si su sistema de gobierno no cumple la obligación de atender la educación pública, con una postura comprometida con la realidad.

En discursos políticos se ha propuesto garantizar el acceso a toda la población a una educación pública de calidad, apoyar la permanencia en ella, elevar y asegurar la calidad de los servicios educativos, así como asegurar que todas las instituciones del sistema educativo nacional rindan cuentas a través de un organismo autónomo.

En nuestra entidad, la demanda general es la revisión del estado real que guarda la educación pública, con una mentalidad abierta al análisis crítico, constructivo, reflexivo y propositivo.

En el SEN urge una evaluación diagnóstica que muestre el nivel educativo, sin dejar de reconocer que, en los últimos años, se han realizado esfuerzos tendientes a mejorar la calidad; lo que falta y urge es una avaluación integral del SEN.

En el caso del Sistema Educativo Estatal (SEE), se requiere de una evaluación objetiva. Lo más cómodo sería publicitar datos alejados de la realidad y “maquillar” la calidad de la educación, aunque no es la mejor estrategia ante la demanda de la sociedad yucateca de un cambio verdadero en el SEE.

Lo recomendable es aprovechar las propuestas de la nueva Reforma Educativa, reconocer las debilidades y fortalezas en que se encuentra el SEN, y con base en los resultados, afrontar la situación con una postura congruente ante la gravedad de la problemática.

En esta época de cambios vertiginosos se impone una política educativa dinámica, que rompa moldes obsoletos y políticas demagógicas; se precisa también desterrar las prácticas del autoengaño.

Para ello es imperativo una evaluación permanente, objetiva, integral y propositiva, porque una educación que no se evalúa, no puede ser de buena calidad. En ese caso la SEP no debe ser juez y parte al evaluarla; la exigencia es la consolidación de un sistema autónomo de evaluación.

En conclusión: las perspectivas de la educación pública en las primeras décadas del siglo XXI pueden ser halagadoras, siempre y cuando las autoridades de la SEP y las de la entidad reconozcan el nivel real del SEN. La tarea no es fácil, porque en el SEN todavía imperan los viejos esquemas que se tienen que demoler y se propongan cambios novedosos.

Mejorar sustancialmente el nivel de calidad de la educación pública en nuestro estado no es imposible. Para ello sería importante aceptar las valiosas aportaciones de especialistas en el ramo.

Fundamentalmente, hay que estar conscientes y ser congruentes con la realidad y proceder con actitudes incluyentes, así como respetar y valorar el papel preponderante de los maestros y las maestras en el desarrollo de la educación. Por ello, la educación es la base sólida para un desarrollo integral.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional

 

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