Elecciones en Estados Unidos
Antonio Salgado Borge (*)
Dentro de 12 meses, Estados Unidos celebrará una de las elecciones más importantes de su historia.
Salvo que renuncie o sea destituido, el candidato del Partido Republicano será Donald Trump. Las ideas y maneras de ese presidente son, a estas alturas, de sobra conocidas para las yucatecas y yucatecos. Mucho menos conocidas son las personas que probablemente compitan contra él por el Partido Demócrata.
Dado que el resultado de la elección presidencial estadounidense establecerá pautas que seguramente impactarán a Yucatán y a México, vale la pena revisar aquí quiénes son los dos principales rivales a los que, de acuerdo con el consolidado de encuestas de “The New York Times”, Donald Trump podría terminar enfrentándose: Joe Biden (26%) y Elizabeth Warren (21%). Aquí defenderé que es la segunda quien tendría que ser nominada por los demócratas.
(1) Joe Biden es un político de 76 años con una larga y exitosa trayectoria. A sus 29 años, en 1973, Biden llegó al Senado como uno de los senadores más jóvenes de la historia de su país. Tras más de tres décadas de servicio, Biden dejó el Senado en 2009 para convertirse en vicepresidente de Estados Unidos, puesto que ocupó durante la presidencia de Barack Obama, entre 2009 a 2017.
Joe Biden inició la carrera interna por la candidatura demócrata como su indiscutible favorito. Es fácil ver por qué. Alrededor de 80% de las personas que se identifican con ese partido aprueban la gestión de Obama y muchas de estas personas, con razón, añoran el regreso de una gestión presidencial seria e inteligente. En este sentido, Biden se presentó como la opción más cercana a la visión de ese expresidente. Para algunas personas Biden tiene también tres importantes fortalezas: se trata de (a) un hombre (b) blanco y (c) con ideas centristas. La idea es que estos tres puntos pueden ser cruciales, sobre todo cuando se trata de capturar votos de individuos indecisos o que en la elección pasada votaron por Donald Trump.
Sin embargo, la campaña de Biden no ha despegado como se esperaba y se ha desinflado en semanas recientes. Me parece que existen razones específicas y generales para explicar este fenómeno. Entre las específicas es posible incluir las acusaciones de corrupción que la presidencia de Trump ha lanzado sobre el hijo del exvicepresidente o el récord de trabajo de Biden con senadores abiertamente racistas que le generó fuertes críticas en la comunidad negra estadounidense. La acumulación de eventos negativos ha contribuido a que Biden no termine de construir una imagen individual que arrastre o que contraste con suficiente contundencia con lo que Estados Unidos vive en estos momentos.
Pero quizás son las razones generales las que más peso atan a los pies de la candidatura de Biden. Para algunas personas, al elegir a Biden como candidato el Partido Demócrata estaría cometiendo un error muy similar al que cometió cuando postuló a Hilary Clinton. Me parece que esto es, en términos generales, cierto. En una época donde lo que se pide a gritos en Estados Unidos es un cambio de rumbo, postular a un político que representa una vuelta al pasado y que encarna al “establishment” parece contraintuitivo. En todo caso, las personas más jóvenes se identifican de forma importante con ideas progresistas que Biden no representa ni busca representar. Y es que el discurso descafeinado y ambiguo hacen difícil apreciar el proyecto real de este exvicepresidente. Su campaña ha estado enfocada principalmente en presentarle como “el hombre que puede derrotar a Trump”, como si derrotar al actual presidente fuera suficiente para arreglar los problemas que lo pusieron en el cargo.
Rival
(2) La principal rival de Biden es Elizabeth Warren. En 2012, esta exprofesora de derecho de la Universidad de Harvard dejó la academia para convertirse en senadora por Massachusetts. Durante sus años en el Senado, Warren se ha caracterizado en buena medida por sus propuestas de regulación a instituciones financieras y por buscar la protección a las consumidoras y consumidores.
Si una campaña tiene la marea de su lado en Estados Unidos, ésta sin duda es la de Warren. Esta senadora ha logrado escalar, dejando atrás incluso a Bernie Sanders, senador que compitiera en 2016 contra Hillary Clinton. De acuerdo con las más recientes encuestas, Warren ganaría en el primer estado donde se celebrará la interna demócrata, lo que contribuiría a solidificar esta tendencia (NYT, 02/11/2019). En caso de resultar nominada, Warren tendría la oportunidad de ser la primera mujer en llegar a la presidencia.
Me parece que una de las principales fortalezas de Elizabeth Warren es su combinación entre sus ambiciosas propuestas progresistas y sus increíblemente detallados planes para implementarlas. Entre las propuestas que más han llamado la atención figuran un plan para transformar radicalmente el sistema de salud estadounidense, que sería administrado por el gobierno federal, eliminaría los seguros privados, y buscaría garantizar el acceso a servicios de salud decenas de millones que hoy no cuentan con ellos. Si bien esta propuesta es compartida por Warren y Sanders, la senadora presentó esta semana su plan para financiar y desarrollar este programa (NYT, 01/11/2019).
Warren también ha planteado un plan para atender la emergencia climática que incluye 17 principios de “justicia ambiental” y que busca invertir miles de millones de dólares para crear millones de trabajos decentes en proyectos de energía limpia y renovable, infraestructura y manufactura (“The Guardian”, 09/10/2019). Tanto este plan como el anterior serían pagados mediante impuestos a los más ricos y mediante esquemas progresivos de contribuciones. Actualmente, en Estados Unidos las 400 familias más ricas pagan menos impuestos que la clase media. (CBS, 17/09/2019).
Pero Warren ha destacado adicionalmente por promesas de “romper” monopolios, particularmente los financieros y los relacionados con la industria tecnológica. La urgencia de esta regulación es evidente cuando se considera el riesgo que ambas esferas representan para la viabilidad misma de la democracia. Sin embargo, en un contexto en que la mayoría de la gente se informa por internet, ofrecer en campaña llamar a cuentas a gigantes como Facebook, Google o Amazon se antoja sumamente arriesgado. Por ende, esta propuesta es tan necesaria como valiente.
Con su proyecto transformador lleno de propuestas concretas y de detalles de cómo implementarlas Elizabeth Warren ha logrado cautivar a personas progresistas y jóvenes que difícilmente se sentirán motivadas por Biden. Sin embargo, algunas personas dentro de su partido consideran que las debilidades de Warren se evidenciarían en caso de resultar elegida candidata. En particular, tres aspectos les resultan particularmente preocupantes. Me parece que ninguno se sostiene.
(a) El primero es que Warren es mujer y que parte del público estadounidense, en particular los sectores más conservadores, no estarían listo para dar su voto a alguien que no sea hombre, blanco y heterosexual. Además, es bien sabido que Trump es particularmente agresivo y burlón con las mujeres, por lo que Warren sería un blanco ideal para sus ataques. Ante esta objeción se podría responder que parte de lo que “alista” al electorado para aceptar libertades o la igualdad de oportunidades es verlas ejercidas en la práctica. En este sentido, el Partido Demócrata tiene un compromiso importante. Pero aún si nos enfocamos en aspectos pragmáticos es posible argumentar que Warren, a diferencia de Biden, ofrece a los demócratas la posibilidad de capitalizar el inusitado ímpetu de movimientos feministas y causas pro diversidad que se han apoderado como respuesta al proyecto antiderechos de Trump
(b) Otra posible objeción contra Warren es que sus políticas progresistas serán rápidamente calificadas por los republicanos como “socialistas”, término que en Estados Unidos ha sido históricamente satanizado, distorsionado y malentendido —no es broma: para algunas personas, Barack Obama era la versión moderna de un dictador comunista—. Pero a ello se podría responder que los tiempos han cambiado. Actualmente, este término se ha resignificado y 4 de 10 personas dice preferir un gobierno “socialista”; 55% de las mujeres entre 18 y 55 años se pronuncia en este sentido (“The Guardian”, 10/06/2019).
(c) Finalmente, alguien podría decir que las propuestas detalladas y técnicas de Warren van a “aburrir” a aquellos electores que se informa por memes y que no pueden distinguir entre hechos y fabricaciones. A ello se puede responder que sería una irresponsabilidad reproducir algo simplemente porque ello “funciona”. Pero, sobre todo, se tendría que responder que buena parte del público estadounidense está ansiosa de proyectos serios y busca realmente representantes a la altura de las circunstancias.
Estados Unidos definirá parte de su futuro en la elección interna del Partido Demócrata. En este artículo he argumentado que es Elizabeth Warren la que representa un camino más prometedor para ese país, pues su proyecto implica el inicio de una nueva era; un cambio real que atendería decididamente problemas impostergables. Por fortuna, aunque sigue en segundo lugar en las preferencias dentro de su partido, Warren está enrachada en estos momentos y las encuestas más importantes indican que, si hoy fueran las elecciones, tendría más votos que Trump.— Edimburgo, Reino Unido
asalgadoborge@gmail.com
@asalgadoborge
Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)
