Labor que puede inspirar
Alejandro Legorreta González (*)
“Un niño, un maestro, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo” —Malala
Estoy muy orgulloso de haber participado el año pasado en un proyecto editorial único. “Those who inspire” es el título de una colección de libros en que diferentes personajes exitosos, en sus ámbitos, comparten sus historias y sus ideas sobre cómo en el presente buscan generar un impacto positivo en la sociedad.
Aunque se originó en París, ya se han publicado ediciones específicas con la validación de la Unesco en Hong Kong, Nigeria, Omán y Emiratos Árabes. La edición México fue la primera en el continente y contó con 107 biografías de perfiles tan variados como el del joven político Pedro Kumamoto, la periodista Carmen Aristegui, la política indígena zapoteca Eufrosina Cruz, la escultora Yvonne Domenge, el médico David Kershenobich, los empresarios Alejandro Ramírez y Daniel Servitje, la actriz Ana de la Reguera y los destacados deportistas Lorena Ochoa y Javier Hernández “Chicharito”, entre otros.
El objetivo del libro, que se ha distribuido gratuitamente en diversas universidades de los estados de la república, es hacer un abierto llamado a la acción: motivar e inspirar a que los jóvenes mexicanos busquen incansablemente sus sueños, generen valor agregado en sus comunidades y realicen acciones, también, de corte social. Es decir, que los jóvenes se conviertan en auténticos agentes de cambio.
A estas alturas del partido, con una larga experiencia profesional, empresarial y de emprendimiento social, puedo decir que estas historias son realmente potentes porque las maneras en las que la vida te enseña lo que en verdad vale y cómo ayudar a los otros son muchas veces insospechadas.
Por ejemplo, recuerdo que cuando tenía 11 años en un internado conocí a un padre, el padre Thomas, que me cambió la vida. Me platicó a detalle que él cada que tenía vacaciones viajaba a África a hacer servicio social. Pero me lo contó con tal pasión que me generó un impacto poderoso desde temprano. Ese fue mi primer acercamiento serio con la idea de ayudar a los otros como una tarea irrenunciable.
El trabajo social, en el sentido más humano, nace de la idea de satisfacción genuina en contribuir; que nace también de entender las desventajas de oportunidades en tu comunidad y de entender dónde estás, y que hay que ayudar con lo que se tenga.
En mi carrera he aprendido, con vivencias, en la importancia del conocimiento como instrumento indispensable para cumplir tus sueños.
También que cuando uno se sale de su zona de confort (casi una necesidad para cualquier soñador) suceden cosas que te cambian tus creencias y enriquecen tu visión del mundo.
He aprendido que todo en la vida es un ciclo: un día estás arriba y otro abajo; unas veces tienes éxito y otras fracasos; y que el fracaso es una precondición del éxito, porque los fracasos te generan información útil sobre qué no repetir y sobre qué mejorar en el siguiente intento.
La vida profesional tiene muchos baches, pero lo importante es que seas constante y, sobre todo, resiliente para seguir levantándote y cumplir todos tus objetivos. La vida me ha enseñado en buscar una mezcla entre el éxito empresarial y, como me enseñó el padre Thomas y mi madre, ayudar a los demás con proyectos filantrópicos. Y mejor: buscar una manera de vincular el lado empresarial con temas sociales. Apoyar a “startups”, negocios, iniciativas que agreguen valor a las comunidades.Creo en la importancia de los grandes referentes que nos enseñan cómo dejar algo positivo en el mundo.
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En menos de 280 caracteres: Querida lectora, querido lector, no te pierdas estas inspiradoras historias que se pueden consultar en el siguiente link: https://thosewhoinspire.com/flipbo—Mérida, Yucatán
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