Ricardo Pat Chan (*)
Son muchos los episodios por los que ha transitado esta ciudad, tantos, que en ocasiones algunos son olvidados o no son vistos a detalle; nos “estacionamos” en algunos y dejamos a un lado diversos sucesos que marcaron a la sociedad yucateca y que le permitieron ser lo que son actualmente.
Encasillamos la historia en las anécdotas de los Montejo o preferimos sobreexplotar el separatismo que nos “distingue” del resto del país (importantes son los trabajos de los doctores Melchor Campos y Justo Flores para comprender este suceso histórico).
Por otro lado están los personajes que día a día repasamos, en las avenidas o colonias que llevan su nombre (aunque no sepamos la labor que le permitió ser reconocido), que forman parte de nuestro imaginario, pero que de los que somos totalmente ajenos.
Más allá de Justo Sierra Méndez, Manuel Cepeda Peraza, José Peón Contreras, Daniel Ayala o Felipe Carrillo Puerto; dejamos a un lado a diversos personajes (tanto mujeres como hombres) que formaron parte importante de la historia de nuestro estado.
En esta ocasión, tocaremos la vida de José Inés Novelo, vallisoletano que transitó por diversos episodios de la vida regional y nacional, que lo hizo de forma relevante y formando parte de círculos que tomaron acuerdos decisivos tanto en el gobierno como en la educación. Todas estas acciones le valieron la invitación expresa para formar parte de la “rotonda de hombres ilustres”, que seguramente lo hubiese inmortalizado; aunque fiel a su sentir, prefirió ser enterrado en la ciudad que lo vio nacer: Valladolid.
Becado por el gobierno del Estado (como sancionaba el decreto de octubre de 1881, el cual otorgaba una beca a cada uno de los partidos en los que se hallaba dividido el estado), “el artífice del soneto” (como sería conocido por su larga producción poética) llamó la atención desde temprana edad, al formar parte del diario escolar del Instituto Literario, al grado de ser noticia, en las columnas de Rodolfo Menéndez de la Peña en “La Escuela Primaria” en 1886. Para 1892, se publicaba su primera colección de poesías “Vesos”, anunciado en diversos semanarios de la época, al mismo tiempo que formaba parte de la “Convención Democrática”, asociación a la que pertenecían personajes como Olegario Molina Solís, Antonio Mediz Bolio y Rodulfo de Jesús G. Cantón, entre otros.
Esta producción, cultivó aún más las impresiones sobre Novelo, confirmó la gran calidad en sus sonetos parnasianos y le generó múltiples participaciones en las actividades inaugurales de diversos edificios públicos; así como el visto bueno dentro de la élite meridana. Por lo que en 1902, fue nombrado director del Instituto Literario del Estado; por mandato de Olegario Molina Solís. Este nombramiento se hizo válido el 27 de junio del año antes mencionado, como menciona José Esquivel Pren, que durante muchos años llevó al cabo diversas entrevistas con Novelo y realizó diversos trabajos sobre su vida y obra.
En el Instituto Literario llevó al cabo diversas mejoras en el sistema educativo; realizó inversiones que rebasaron los $20,000 de la época. Dotando al instituto de instalaciones que fueran acordes con la modernidad; como gimnasio nuevo para la recreación de los estudiantes, mobiliario moderno y material escolar completo. Junto al cargo de director, le fue confiada la resposabilidad de presidir el Consejo de Educación Pública. En el ámbito educativo, Novelo contaba con vasta experiencia, puesto que además de moverse en el medio, impartía clase de Aritmética Razonada y Retórica Poética, en la Normal de Profesores.
Pese a cuestionar sus métodos liberales, el gobierno en turno no tuvo otra opción que otorgarle los cargos ya mencionados, aunque constantemente se encontraba en la mira de las autoridades porfirianas (como sucedería más adelante, al ser seguido por la policía secreta de Plutarco Elías Calles).
Licenciado en Historia. Encargado del área de difusión e investigación de la Fototeca Pedro Guerra de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Uady.
