El juez de barrio le informó al individuo: “El señor aquí presente lo acusa de haberlo llamado ‘hijo de perra’”. “No es cierto —se defendió el sujeto—. Yo lo único que hice fue preguntarle qué marca de croquetas come su mamá”…
Noche de bodas. Al entrar en la suite nupcial la recién casada pronunció la frase de rigor: “¡Al fin solos!” Replicó su flamante maridito al tiempo que la tomaba en sus brazos apasionadamente: “Tuve que esperar para esto los dos años y medio del noviazgo. ¿Y ahora vas a perder el tiempo hablando?”…
Un muchacho pidió ser admitido en la Academia de Futbol “La mano de Dios”. Después de los exámenes médicos correspondientes le dijo el director: “Imposible aceptarte en el plantel. Según el dictamen del oftalmólogo eres casi ciego de un ojo y sumamente miope del otro. Sin embargo podemos inscribirte en la Escuela de Árbitros”…
El pintor y su guapa modelo terminaron muy cansados por el esfuerzo de la sesión de aquel día. Propuso ella: “Maestro: pienso que la próxima vez debemos dedicarnos usted a pintar y yo a posar”…
Cuando metes la pata lo mejor que puedes hacer es sacarla. Dejarla dentro es error o culpa aún más grande que haberla metido. Todavía es tiempo de que Ricardo Monreal y su claque morenista enmienden los enormes yerros contenidos en las sospechosísimas reformas que pretenden hacer a la legislación que rige el funcionamiento del Banco de México.
Institución intocable ha de ser ésa con la cual los políticos no deberían meterse, pues de la autonomía e independencia del Banco dependen muchos elementos financieros y económicos de gran importancia para el país tanto en el interior como en el extranjero.
Si a la intentona hecha contra él se añade el señalamiento de que con los cambios a su ley orgánica se está favoreciendo el interés de un empresario favorito del Presidente, ya se verá que todo este procedimiento presenta aspectos que algún fifí, conservador o neoliberal podría tachar de corrupción.
Monreal, que otras veces ha mostrado prudencia y mesura, en esta ocasión se metió en un berenjenal del cual debe salir…
Pepito se veía lloroso, acongojado. Repetidas veces se sobaba las nalguitas, como si en ella hubiese recibido unas palmadas. Juanilito, su pequeño vecino, le hizo la pregunta obligada: “¿Qué te sucedió?” Respondió Pepito: “Déjame darte un consejo. Si hiciste una travesura y tu papá te dice: ‘No creas que no me di cuenta. ¿Acaso tengo cara de pendejo?’, cuando te hace esa pregunta no le contestes con la verdad”…
Dos chicas que trabajaban en una fábrica charlaban a la hora del lonche. Dijo una: “¡Qué cosa tan buena es ésa del control de calidad!” “Ni tanto —opuso la otra—. A mí la falta de control de calidad me salvó anoche de meterme en un problema serio”.
“¿Cómo fue eso?” —se asombró la amiga. Explicó la chica: “A mi novio se le atoró el zipper del pantalón”.— Saltillo, Coahuila.
