Cada quien tiene sus proyectos y expectativas
Francisco Gerardo Barroso Tanoira (*)
Ya casi es media noche del 31 de diciembre. La hora mágica…todos nos preparamos para recibir este momento en el cual cambiaremos de año calendario.
En esta ocasión todos con la familia nuclear, a diferencia de años anteriores en que hemos estado con más personas.
Y sí…termina un ciclo de 365 días y comenzamos otro. Aunque cualquier día es bueno para un cambio, los comienzos de año tienen un impacto psicológico mayor en cada uno de nosotros.
El balance
¿Qué hemos hecho durante el último año? ¿Qué ha salido bien? ¿Qué es lo que debemos corregir? ¿A quién debemos pedir perdón? ¿Con qué actitud comenzaremos este nuevo año?
El año pasado comenzó con 365 cheques, por pensar así, y cada día usamos uno. ¿Cada cheque resultó en una inversión, o en un gasto? ¿Qué haremos con los nuevos cheques a usar durante el nuevo año?
Este año 2020 ha sido muy especial. La pandemia ha marcado nuestras vidas de una u otra forma. Hemos estado confinados y nuestras vidas han cambiado, así como la forma en que trabajamos, impartimos clase y aprendemos.
Según algunos analistas, es lo más significativo que nos ha pasado como humanidad desde la Segunda Guerra Mundial, y eso significa 75 años.
Ya nos creíamos mucho enviando naves a otros planetas y alardeando de tremendos avances científicos.
De rodillas
Sin embargo, algo tan pequeño y que no podemos ver como un virus, tiene de rodillas al mundo. Eso es un llamado a la humildad…a entender que a pesar de todo lo que hacemos y avanzamos, lo más importante es el ser humano, el respeto a la vida, a la dignidad y, por supuesto, acercarnos a Dios.
Probablemente hemos padecido los embates de la pandemia y perdido a algún ser querido, pero nos queda la esperanza de un mundo mejor, en que seamos más responsables de lo que hacemos.
Antes, la COVID 19 (sí…femenino es lo correcto, ya que es Coronavirus Disease, aunque la gente lo maneje en masculino) era una enfermedad rara que les daba a los chinos que comen murciélagos o pangolines, pero al afectar a nuestros seres queridos, la cosa cambia. Siempre hay que estar preparados.
Se acerca la hora para el cambio de año y sonarán las campanas del reloj. Se acostumbra comer una uva con cada una de las doce campanadas. Y al comer cada una, hacemos un deseo. ¿Cuáles serían? Aquí podríamos tener unas sugerencias:
1) El término de la pandemia. Sí…lo deseamos todos. ¡Que venga la vacuna! Eso significaría regresar a nuestra vida normal.
Pero…¿qué es la vida normal? El virus llegó para quedarse. El tener la vacuna nos hará inmunes, pero eso no significa que el virus muera. Nuestra forma de vivir tendrá que considerar protocolos de higiene que antes no practicábamos con conciencia.
Nuevas formas de convivencia, el lavarse las manos y usar gel antibacterial serán parte de nuestro diario vivir. Y mientras eso pase, no olvidemos el cubrebocas, que es vital para mantenernos bien.
2) La reactivación de la economía. Como consecuencia del virus, la economía ha estado contraída. Muchos negocios cerraron. Sin embargo, la pandemia también ha sido fuente de oportunidad, puesto que otros negocios florecieron.
Me enteré de un restaurantero en Mérida que dijo que gracias a la pandemia, había abierto su tercer restaurante.
Y es interesante el caso ya que descubrió que, aun con la pandemia, la gente quiere tener servicio de comidas, por lo que invirtió más en su página de internet y en su sistema de reparto, por lo que sus clientes aumentaron.
Las crisis
Esto me recordó un comentario referido por un conferencista, en cuanto a que en una crisis hay dos cosas seguras: la primera, es que algún día terminará. La otra es que de cada una se obtiene un aprendizaje.
Y otro conferenciasta me dijo que en una crisis hay dos tipos de personas: las que lloran y las que venden pañuelos. ¿De qué lado nos gustaría estar? Siempre habrá algo que hacer ya que las necesidades de las personas prevalecen a pesar de las crisis. Es cuestión de detectarlas y satisfacerlas.
3) El regreso a clases. Probablemente algunos estudiantes preferirían no hablar del asunto, pero sí es algo que todos quisiéramos. La convivencia con alumnos y otros profesores es algo que añoramos.
Por ahora, mientras el semáforo no esté en verde, tendremos que seguir con las clases en línea. Es verdad que íbamos hacia allá, pero la pandemia aceleró el proceso, lo cual nos hizo desarrollar competencias de comunicación a distancia de manera mucho más rápida.
Durante estos meses he impartido más conferencias, tanto a universidades nacionales como extranjeras, que en otros años.
Un éxito
El proyecto conjunto con la EAE Business School, Campus Barcelona, fue un éxito gracias a la participación de los alumnos y a la interacción con mis colegas allá, y todo fue en línea.
Las reuniones con compañeros investigadores y con tesistas son más eficientes en línea. El congreso de investigación ICAAM que organizo cada año en febrero, será en línea. ¿Cómo no se nos había ocurrido hacer esto antes?
Cuando regresemos a clases, varias de las actividades que ahora hacemos en línea permanecerán como parte del diario vivir.
4) Que el país tome un rumbo definido para bien. Nuestra economía no está sana. Aunque mucho se achaque a la pandemia, desde antes de ella los números estaban mal. Es necesario invertir más en salud, educación, causas sociales y en ciencia y tecnología.
No es posible aumentar la riqueza dividiéndola, o poniendo obstáculos a quienes generan empleos. Y se nos avecina un año electoral. Podemos hablar de esto más adelante.
5) El respeto a la vida, a la dignidad y a la búsqueda de la felicidad. Derechos inalienables del ser humano, que cuando se violan o ignoran, la sociedad paga la factura tarde o temprano.
Derechos y obligaciones
Hay muchos movimientos en que todos exigen sus derechos, pero nadie habla de sus obligaciones. Movimientos violentos muchos de ellos, olvidando que los seres humanos tenemos capacidad para dialogar, negociar y llegar a acuerdos que nos beneficien como sociedad.
Como mencionó el papa Francisco, las ideologías no dan de comer. Las posturas radicales nos separan.
6) La vivencia de una auténtica responsabilidad social, como base del desarrollo sostenible. Se habla mucho de la responsabilidad social, pero cada vez veo un alejamiento de lo que el concepto realmente es.
La responsabilidad social es el alineamiento del comportamiento económico, social y ambiental de las organizaciones, sean empresas, gobiernos, iglesias, escuelas o hasta equipos deportivos.
Veo que diversas instituciones se dicen socialmente responsables porque hacen obras sociales, lo cual es incompleto si no pagan bien al trabajador, o si no son éticas o si no preservan el medio ambiente. Es todo un tema a tratar, y muy importante en nuestra sociedad actual.
Pero al inicio del artículo hablé de doce uvas y solo propuse seis. Las otras seis son las que usted, amable lector, tenga en mente y desee. Cada quien tiene sus propios proyectos y expectativas. Pongamos manos a la obra y logremos la sociedad que queremos no solamente en 2021, sino en los años venideros.
¡Ya están sonando las campanas! Brindo por usted y un mundo en que todos vivamos en paz, se fortalezca la familia y eduquemos mejor a las nuevas generaciones. ¡Muy feliz año nuevo!— Mérida, Yucatán.
francisco.barroso@anahuac.mx
Profesor investigador. Coordinador del Doctorado en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable División de Negocios de la Universidad Anáhuac Mayab
