Editorial

Ver, oír y contar

Olegario M. Moguel Bernal (*)

Si el Iepac no encuentra una coma mal puesta en el texto de una solicitud o si la octava copia fotostática no carece de la firma de la abuelita del vigilante nocturno, y si acaso el gramaje de las hojas membretadas que emplearon para registrarse no riñe con el que marca el estricto protocolo —ya ve usted que el tipo de papel es tan importante que puede marcar el derrotero democrático de la nación—…, así pues, si el Iepac no dispone otra cosa, nueve-personajes-nueve soltarán amarras el próximo viernes y ¡agárrense! porque se vaticina una lucha de la triple A entre rudos y ¿técnicos? por la presidencia municipal de Mérida.

En la lista de nombres hay personajes de toda estofa, conocidos y desconocidos, con trayectoria y sin ella, con seguidores o no, entre ellos el alcalde Renán Barrera, que va por la reelección y su tercera administración (la ley se lo permite), el senador Ramírez Marín (la ley se lo permite), la senadora Verónica Camino (la ley también se lo permite)… así de permisiva es la señora de la espada y la balanza. Hay nombres no tan conocidos en liza, como Nelly Ortiz Vázquez, Berenice Rivera Silva y Mirna Pérez Ramos. Y están los de media tabla en nivel de conocimiento, encabezados por Víctor Cervera Hernández y Herbé Rodríguez Sahuí, a quienes la grilla les viene de casta, e Ismael Peraza Valdez, sin casta pero ampliamente conocido en los círculos políticos como “Echaniz”.

En un rincón de un café del norte de la ciudad, cerca de donde alguna vez estuvo Ponte Xux, por muchos años referencia por ser el último punto antes de salir de Mérida a Progreso, y donde hoy solo hay escombros ignominiosos, don Polo Ricalde y Tejero se sentía abrumado por la emoción después de leer los nombres. Lo conmovió el gran interés que tienen tantos y tantos candidatos por servirnos. Casi le dio ternura el enorme apego al servicio a la ciudadanía.

“Y uno se queja de que ya no hay servidores públicos verdaderamente preocupados por el interés de los ciudadanos…”, meditaba, cuando llegó su café.

—Expreso cortado, don Polo. Como le gusta —el mesero asentó la taza en la mesa—. Lo veo muy alegre hoy… alguna maldad estaría pensando.

—Así se pone uno cuando la función está por comenzar. El circo de tres pistas abrirá pronto sus puertas.

Don Polo cerró el Diario, bebió un sorbo y se dijo: “¡Caray! ¡992 candidatos en las elecciones en el Estado! A esos habrá que agregar los que quieren ser diputados federales en los cinco distritos que tocan a Yucatán”.

Preguntas

Dos preguntas le asaltaron: ¿Qué opciones nos darán al electorado tantos candidatos? ¿Con qué armas llegaremos los electores al 6 de junio para ejercer nuestro papel irrenunciable de decisores sobre cómo y por medio de quién atender los problemas de la ciudad?

“Tantos candidatos difícilmente tendrán la oportunidad de sembrar ideas concretas y recordables con las que los ciudadanos llegaremos a la urna”, meditó.

“No imagino a ningún ciudadano que, mientras espera su turno en la fila de la casilla guardando sana distancia, reflexione: ‘Renán ofrece esto, Marín aquello, Verónica propone tal cosa, Victor prometió eso…”.

—¿Otro expreso cortado, don Polo? —el mesero interrumpió.

—Ah, sí sí, gracias… Óyeme, dime una cosa: ya sabes por quién vas a votar para alcalde.

—Uy, claro. Voy a votar por…

—¡No me digas por quién! ¡No me digas! —enfatizó don Polo—. Solo quiero saber si ya decidiste.

Se hizo un silencio ante el sorprendido mesero, quien creyó haber estado cerca de cometer una imprudencia.

—Entonces —don Polo volvió a la carga—, si ya sabes por quién votarás, para ti las campañas electorales no tienen ningún sentido.

—Ah, claro que tienen sentido. Las campañas son la única oportunidad que tenemos de hacernos escuchar verdaderamente… además, estreno gorra y playera.

—¿Hacerte escuchar por alguien por quien no piensas votar? ¿Qué sentido tiene eso?

—Pues tiene mucho, don Polo. El primero, que podría no votar por él o ella pero cualquiera puede ganar, ¿o no? Así que, gane quien gane, ya sabrá nuestras necesidades… claro, eso si acaso llegan a nuestra colonia a escucharnos.

—Muy interesante tu reflexión.

—Y precisamente la segunda razón tiene que ver con hacernos escuchar, que para nosotros es más importante que la primera. ¡Qué importa quién gane! Lo que verdaderamente queremos es que nos escuchen, que digamos aquello que no hemos podido expresar.

—Una catarsis social.

—Pues como se llame. Lo importante es que nos escuchen con atención.

—¿Y cómo saben que los escuchan, más allá de que hagan como que prestan atención a sus demandas? —inquirió don Polo.

—Porque regresan, don Polo. Porque regresan. Candidato que no regresa es candidato perdido, un petardo político nada más… Y aquí le paro, don, porque tengo otras mesas que atender.

—Una pregunta más, rápidamente: ¿Cómo es que ya sabes por quién vas a votar?

—Muy fácil. Porque en mi familia siempre votamos así —el mesero dio media vuelta y se dirigió a otra mesa.

“Mmm. La famosa teoría —don Polo recordó algunos estudios de teoría política— que considera que el resultado final de las elecciones lo determinan grupos sociales, no el contenido de las campañas”.

Nuevo sorbo de café y retomó el Diario: ¡772 candidatos a alcaldes! Leyó de nuevo, no sin un dejo de alarma. “Eso —pensó—, sin contar las plantillas de regidores”.

—¡Qué bárbaro! Con tantos candidatos pronto serán más los que aspiran a puestos de elección que los mismos ciudadanos —no pudo evitar decirlo en voz alta, atrayendo algunas miradas de los comensales.

“Como están las cosas, si los partidos quieren arrancarles votantes a los otros, los motivadores estarán cada vez más alejados de una ideología veraz y creíble y más cerca de lo que suceda en las campañas, no con mensajes políticos sino con regalos y promesas vacías y generales”.

Apuró el contenido de la taza y cerró el Diario.

“Sí, promesas enormemente generales y vagas, como acabar con la corrupción. Algo que venda y suene chévere. Total, lo importante es llegar a la silla, no acabar con el flagelo”.

—Amigo, dame la cuenta, por favor —pidió don Polo, cada vez más receloso de las bondades de la democracia. — Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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