Editorial

Microempresas en Chuburná

Gonzalo Navarrete Muñoz (*)

Chuburná está hecho de muchas colonias y lo mismo se ven mansiones que modestas viviendas. Es también, como decía Borges de Londres, un laberinto roto.

Esto lo hace más interesante. Es el viejo caso de un poblado absorbido por la ciudad.

Al dar un recorrido para descubrir las microempresas, nos encontramos con una gama muy sugestiva. Hay negocios que son domésticos, esto es, que están establecidos en los domicilios familiares, lo que los hace especialmente atractivos como reflejo de la situación imperante y de la misma ciudad.

Nos encontramos con una casa que a diario vende empanadas de queso, carne molida y cazón. También una carpintería que amplió su canasta de productos con tortas de distintas combinaciones. Se sabe: donde aparece una tienda de conveniencia desaparecen decenas de “tiendas de esquina”. Sin embargo, como las tiendas de conveniencia no venden perecederos han aparecido verdulerías y fruterías y, en menor proporción, pescaderías.

Mariscos

Es curioso: posiblemente los tacos y tortas de mariscos han derrotado a la cochinita, al menos entre semana, pero las pescaderías no parecen tener gran demanda.

Otro hallazgo: los talleres de bicicletas, no es que ya hubieran desaparecido pero quizás es que han tomado un nuevo auge.

En otra casa se venden chancletas (sic) para toda la familia. Por algunos rumbos de la ciudad han aparecido los triciclos motorizados como medio transporte, en Chuburná pueden verse con frecuencia.

Desde luego que está la venta de piñatas: satisface un mercado que durante todo el año las demanda para los cumpleaños infantiles que se celebran, al menos con un pastel, una piñata y refrescos.

Existe una microempresa doméstica que parte de una suerte de afición: la venta de plantas ornamentales, son muy interesantes por la variedad que ofrecen y que obliga a preguntarse sobre la demanda que tienen.

Hay casas donde se vende ropa usada, giro que tiene un incremento. Por estos rumbos hay un bazar de antigüedades y otro que se protesta sin rubores: “bazar de cosas viejas”.

Otro lugar ofrece transporte para XV años, bodas , etc. Y en un establecimiento se dan préstamos sobre autos, fórmula de financiamiento demandada pero riesgosa.

Chuburná es sorprendente por las agencias de cervezas que aparecen por todos lados; inclusive junto a una tienda de conveniencia, a pesar de que las dos venden cervezas.

Hay, desde luego, hogares para ancianos, destino al que muchas personas de la tercera edad llega no por el desamor de sus familiares sino por los compromisos laborales que impiden una adecuada atención.

Un negocio singular ofrece limpias, amarres y desamarres, consagraciones, invocaciones, despojos, predicciones, amuletos y otros trabajos. Algo que existe desde siempre pero que quizás antes era más discreto. Los que creen en esto se encuentran en el nivel más primitivo del hombre: cuando éste pensaba que podía dominar, no solo la naturaleza, sino el destino mismo.

Fue una sorpresa encontrar un taller que repara calzado, servicio que no abunda en la cultura desechable que hemos consagrado. Y en otra tienda se ofrecen blancos y muebles de hotel, es decir, que los que hoteles dejan de usar. Todos estas pequeñas empresas hablan de las características de una zona determinada de la ciudad y de sus habitantes. En este caso son una forma de definir a Chuburná.— Mérida, Yucatán

gnavarretem@msn.com

Cronista de la ciudad

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