Los distintos disfraces de la violencia
Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices —Edward R. Murrow
En Salamanca, Guanajuato, dos jóvenes empresarios y socios: Mario Alberto Hernández y Mauricio Salvador Romero, fallecieron el domingo a las puertas del restaurante Barra 1604, de una manera por demás trágica, al detonarse un artefacto explosivo disfrazado de regalo, ya que ese día celebraban el cumpleaños de Mario Alberto.
En un hecho inédito, durante las siguientes horas, la gente de esa ciudad del Bajío sufrió de crisis de pánico: repartidores, restauranteros, empresarios, los ciudadanos de a pie… y no era para menos, ya que a simple vista se podía interpretar lo acontecido como un acto terrorista más que un atentado dirigido, específico, y más cuando el mismo gobernador Diego Sinhué Rodríguez hizo declaraciones con esta tendencia, para después dar un giro de 180°, contradiciendo versiones sobre extorsiones previas.
Fueron 72 horas en las que era claro que el terror apareció en cada uno de los cientos de guanajuatenses que son extorsionados con “el derecho de piso”; el sentido común dictaba a favor de un aumento en la escalada de la agresividad del crimen organizado.
Sin embargo, en lo que pudiera ser una de las investigaciones más expeditas que se recuerden, las autoridades estatales han detenido a los presuntos responsables intelectuales y se dice materiales, que habían procedido en venganza por no cubrir un adeudo, lo cual arroja la primera suspicacia: ya muertos… pues menos van a pagar lo que deben. ¿Es posible quitarle la etiqueta de terrorismo?
En Tepalcatepec, en la llamada Tierra Caliente de Michoacán, las imágenes desoladoras: pobladores con años de dedicarse a la siembra del limón y el aguacate, ganaderos, en medio de despiadados combates entre el Cartel Jalisco Nueva Generación y las autodefensas, pobladores aterrados con una nueva modalidad para causar miedo y muerte: ataques nocturnos empleando drones cargados de explosivos y granadas, la tecnología al servicio de los criminales, y nosotros aportando un nuevo término a futuro en la RAE: “Los dronazos”.
Quién puede defender a los michoacanos del poder de los criminales; sí: hay Guardia Nacional, Ejército o Armada… simplemente no intervienen. La desesperanza solo es superada por el terror que a diario viven los pobladores. Un total abandono de la Federación.
En la frontera entre México y Estados Unidos, en la zona que el Río Bravo divide a Del Río en Texas y Ciudad Acuña en Coahuila: agentes fronterizos persiguiendo a migrantes haitianos, éstos recibiendo “fuetazos”, perseguidos como bestias. Las miradas de terror, resistiéndose a regresar al lado mexicano donde el trato no ha sido tampoco el más humano.
Un problema que se ha salido de las manos a los dos gobiernos. Los migrantes que en los últimos años desafiaron hasta los carteles de la droga en su afán por cruzar a los Estados Unidos, ahora víctimas de un terror que se cocina en ambos lados de la frontera.
En Oaxaca, un grupo de trabajadores de la Salud y padres de niños con cáncer protestan, ya no solo por el desabasto de medicamentos, que no hay, aunque el presidente repita todos los días que sí, que ahí están porque ahora ya nadie roba; el Hospital de la Niñez Oaxaqueña se quedó de un plumazo sin el 30% de su personal, resultado del despido de 2 mil empleados de la salud.
Un grupo de 31 académicos del Conacyt, relacionados con el Foro Consultivo Científico y Tecnológico de dicho organismo, sufren abiertamente la embestida del fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, acusándolos de uso indebido de recursos, peculado, uso ilícito de atribuciones, lavado de dinero y delincuencia organizada. Estas dos últimas, de cárcel… en verdad de miedo.
Todo parece indicar que en realidad el tema se limita a un movimiento de recursos, que en su calidad de asociación civil, es legal. La denuncia sin sustento jurídico ha sido tirada ya en dos ocasiones por los jueces, y todo apunta más a una persecución por motivos estrictamente personales de Gertz Manero, cuya solicitud de una orden de aprehensión ha sido ya descalificada y ha generado enérgicas protestas como la del rector de la UNAM, Enrique Graue, y hasta por gente allegada a la 4T, entre ellos Claudia Sheinbaum y Ricardo Monreal, que puso en su lugar al senador del sombrerito, Armando Guadiana, que hizo la propuesta de que la UIF investigue hasta las Universidades Públicas. Esta sugerencia levantó la voz hasta del propio Santiago Nieto, que fue enfático al señalar que el organismo que preside no investiga a académicos.
En síntesis, una acusación que es probable quede en una rabieta del fiscal, pero el terror sembrado a la comunidad científica, ahí está.
Por otro lado, de nuevo la gente comience a guardar el efectivo bajo el colchón. Todo parece indicar que el SAT se irá contra los depósitos en efectivo mayores a los 15 mil pesos.
Desde hace tiempo en México el terrorismo se pasea con muchos disfraces, lo lamentable es que en esto estamos implicados todos los mexicanos, algunos por comisión y otro tanto por omisión. El terrible suceso de Salamanca no puede ser aceptado en primera instancia como tal por el gobierno.
Sabemos lo que implicaría que el crimen organizado suba la escalada de violencia a la usanza de Pablo Escobar, y comenzaran a verse atentados con bombazos, sobre todo cuando el mismo presidente ha reconocido que en Guanajuato existe desde hace tiempo disponibilidad y libre circulación de materiales plásticos explosivos…
Si Estados Unidos le da el estatus de terroristas a los carteles mexicanos… las cosas van a cambiar, y más cuando es claro que la política de “abrazos y no balazos” de la 4 T ha sido un fracaso y no por falta de recursos.
¿Qué se les puede decir a los michoacanos aterrorizados en las noches, abandonados a su suerte, cuando vimos al mismo tiempo en la capital del país, durante el reciente desfile del 16 de septiembre, el arsenal con el que cuentan las fuerzas armadas, por mucho, pero por mucho superior al del crimen organizado, y no podemos evitar que al ver el cielo surcado por estas nubes de colores de nuestros modernos aviones de combate en la Feria Aeroespacial, no nos preguntemos si no es posible que hagan algo distinto a dar exhibiciones.
Cómo decirle a los miles de haitianos, centroamericanos y demás, que no se preocupen, que ahí van a la usanza de “Sembrando vidas” los programas asistenciales para detonar el desarrollo de la región, nada más un poquito de paciencia, los resultados estarían en unas tres generaciones.
Qué decirle a los oaxaqueños, a los aterrados padres de niños enfermos, a los trabajadores del Sector Salud, muchos de ellos sobresaturados y fatigados por efectos de la pandemia: mejor ni sigan protestando porque la tijera del recorte los puede alcanzar.
Con todo lo anterior, ¿seríamos capaces de negar un muy peculiar terrorismo en nuestro país? Si bien el terrorismo como táctica alude a la violencia para sembrar miedo, el terrorismo de Estado tiene otras manifestaciones.
Pero si utilizar la palabra terrorismo puede tener implicaciones políticas, ajustémonos a diferencias entre el terror y el horror, siguiendo términos literarios más amables: terror es todo lo que asusta, pero tiene una explicación racional, es decir, es algo hecho por seres tangibles, en tanto el horror implica algo paranormal.
A veces es difícil creer quiénes son los que nos producen terror en México, entonces mejor imaginemos que pueden ser seres fantásticos. Tal vez piense de ahora en adelante que lo que tenemos aquí es solo un terror que nos horroriza.— Mérida, Yucatán.
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Médico y escritor
