Inclusión y bien común

El progreso humano ha sido significativo en diversos rubros; las últimas décadas dan muestra de los impresionantes avances en aspectos tan relevantes como la conectividad, la ciencia y la tecnología.

Estos logros representan una mejora en la calidad de vida de millones de personas: los índices de mortalidad infantil han decrecido en el último siglo, mientras que la expectativa de vida ha aumentado notablemente.

Sin embargo, aún quedan asignaturas pendientes que debemos resolver si es que aspiramos a construir un estado de bienestar que no deje en el rezago a ningún sector de la población global.

Pues bien, no podemos negar que el ámbito profesional también debe replantearse sus propias dinámicas para transformarse en un medio más inclusivo, con el propósito de promover la auténtica competitividad con base en la igualdad de oportunidades.

En el plano de los negocios, el talento, la capacidad y la preparación deben fungir como los únicos elementos de diferenciación entre pares. Ese es el espíritu que impulsa la cultura del esfuerzo.

En este orden de ideas, el género femenino ha ido ganando terreno en la arena empresarial. Cada vez son más las mujeres que ocupan posiciones de liderazgo dentro de las grandes corporaciones.

Aunque las nuevas generaciones parecen estar contribuyendo a desterrar la influencia del machismo en divresos ámbitos, lo cierto es que todavía existen aspectos significativos por combatir, como la brecha salarial por género y la violencia a las mujeres en el entorno laboral.

El paradigma de los negocios está evolucionado con rapidez; los mercados cambian y las empresas necesitan adaptarse con audacia. Conceptos como sustentabilidad y responsabilidad social han adquirido un peso importante que se traduce en valor agregado para las organizaciones que se disponen a asumir como propia esta agenda. No es casualidad que, en muchas empresas, son justamente liderazgos femeninos quienes toman la iniciativa por promover estas transformaciones con determinación.

Las corporaciones con mujeres en posiciones de decisión tienden a obtener mejores resultados en rubros como ambiente laboral sano, transparencia y eficiencia en la gestión de recursos.

Asimismo, la pluralidad se posiciona, claramente, como un elemento de fortaleza y de ninguna manera constituye una debilidad. Donde la innovación y el pensamiento creativo predominan no queda espacio para la discriminación. No se trata del color de piel o la creencia religiosa, sino de la disposición por trabajar y la pasión por crear nuevas posibilidades.

Las personas con discapacidad pueden convertirse en una fuerza laboral de trascendencia. Lamentablemente, mucha gente que vive con alguna discapacidad ha sido relegada del ámbito profesional por ser considerada como no apta para trabajar. En realidad, esta población ha sido excluida sin mayores fundamentos por falta de conciencia social. Empero, la mayoría de las personas con discapacidad son altamente productivas y cuentan con el deseo de ser incluidas al sector empresarial.

Por fortuna, muchas instituciones y organizaciones han optado recientemente por contratar a individuos con alguna discapacidad, como parte de sus políticas y programas de inclusión: por supuesto, han obtenido excelentes resultados.

En conclusión, la reactivación económica demanda la suma de esfuerzos con urgencia. Seguramente, muchos paradigmas cambiarán como resultado de la pandemia de la Covid-19.

Quizá, a partir de ahora, haya una renovada conciencia respecto del papel de la inclusión en el bienestar común. Definitivamente, la exclusión es inaceptable, pues contraviene el sentido ético, pero, sobre todo, la discriminación olvida que la cooperación es la llave para el desarrollo y el crecimiento. Evitemos construir muros de separación y optemos por tender puentes de entendimiento.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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