La negligencia grave en el manejo de la seguridad nacional es un delito, Bill O’Reilly
En estos días se hizo “viral”, como se le llama en estos tiempos a cualquier noticia que sature los medios electrónicos: la detención, por demás decirlo en forma poca amable, por autoridades judiciales del estado de Tamaulipas del Dr. Roberto Valdez Gómez, vinculado por homicidio por la muerte de un paciente ocurrida en 2016, con un prolongado litigio que tomó un giro cuando un juez reclasificó el delito de doloso a culposo, ordenando su detención.
Por sentido común los médicos, por lo general, contratamos un seguro de responsabilidad civil y dejamos todo en manos de los abogados. El colega fue detenido, a pesar de un aparente amparo y fuimos testigos de los minutos de terror en los cuales los agentes judiciales rompieron las ventanas de su vehículo para obligarlo a bajar, en presencia de su esposa. El médico fue recluido en el penal de Altamira y unos días después liberado.
Como ha ocurrido en casos similares la comunidad médica, colegios y personal hospitalario reaccionó: marchas, protestas, comunicados de prensa, señalamientos: ¡Nadie se quema las pestañas para matar intencionalmente a un paciente! eso es obvio, como también lo es que la mala praxis, los accidentes quirúrgicos, los diagnósticos y terapias equivocadas, y tal vez la más grave, la omisión, arropan un término que debe ser empleado con delicadeza por lo que implica: la negligencia médica. “¡Nadie le devolverá la vida a tu familiar!”, “¡Ya estaba de Dios!”, “De todas maneras ni quien lo llore”; por supuesto que un no rotundo.
Organismo
Ante la sospecha de haberse cometido un delito por una mala actuación médica, trátese de omisión o impericia, se tiene el derecho, por las vías legales de reclamar justicia. Tenemos como primera opción a la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (Conamed), creada en 1996, que es una instancia especializada que cuenta con autonomía técnica y tiene atribuciones para recibir quejas, investigar presuntas irregularidades en la prestación de servicios médicos, emitir opiniones para solucionar conflictos con total imparcialidad…, y si no se llega a un acuerdo, ahí están las instancias legales.
“La experiencia de la Conamed a lo largo de todos estos años ha mostrado que la enorme mayoría, la enorme mayoría de las quejas por presunta negligencia son problemas de comunicación…comunicación: no se informó de la manera correcta, oportuna, cándida, compasiva, detallada con sustento técnico, etc., y esto lleva a la percepción de que hubo negligencia por omisión o impericia”. Esta es la transcripción literal de lo que el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell dijo en su conferencia vespertina sobre el tema el 8 de diciembre de 2020, cuando el país llevaba nueve meses con el embate de la pandemia, y días después de que se dieron algunas denuncias de familiares de personas fallecidas a causas del Covid, con acusaciones de incompetencia y negligencia contra el doctor de lo que ya era un clamor nacional: el pésimo desempeño como responsable y jefe de la estrategia de la federación.
Hace unos días un juez ordenó a la Fiscalía General de la República (FGR) investigar al Dr. Hugo López Gatell por su presunta responsabilidad en el delito de homicidio por omisión, a causa de las muertes registradas en la presente pandemia. La denuncia inicial la hizo el abogado Felipe Jiménez por la muerte de su señor padre y Nayeli Martínez Aguilar por la de su pareja Eber Álvarez Zavala. A solo un mes de emitirse fue desechada, a mediados de diciembre de 2020, sin haber iniciado investigación alguna. Después de un largo peregrinar por intrincados caminos jurídicos, el Séptimo Tribunal Colegiado en materia penal determinó que el Dr. Hugo López Gatell sea investigado por la FGR, después de que un juez federal giró la orden, por su presunta responsabilidad en el delito de homicidio por omisión ya señalado.
La acusación inicial contó también con el apoyo de la Unión Nacional de Estudiantes Universitarios: “el zar anticovid ha cometido delitos por comisión de omisión, negligencia e incompetencia”, podía leerse en su comunicado.
La serie de medidas, decisiones y protocolos de López Gatell fueron tan equivocados como desafortunados: desestimar desde un principio la gravedad de la enfermedad, el no proveer en forma oportuna con los insumos necesarios al personal sanitario, el afirmar que no se requería construir o equipar hospitales para la contingencia, su fallido “modelo centinela” para llevar la estadística de los casos, el “quédate en casa”, cuando la primera sentencia debió haber sido: “consulta de inmediato a tu médico”, la negación y denostación por las pruebas diagnósticas que hubieran permitido un mejor control y aislamiento de los casos, la del desprecio al cubrebocas, posiblemente la medida que era la más simple, y sin embargo la más trascendental, y que hubiera evitado miles de muertes. Los errados señalamientos en cuanto a la utilidad e indicaciones de las vacunas, lo cual incluyó la negativa inicial a inmunizar a menores de edad y un larguísimo etcétera.
Condiciones por las cuales, por mucho menos fueron cesados en otras partes del mundo funcionarios con un perfil similar.
Actitudes
En la batalla legal que aún falta por ver, y sin hacer señalamientos de descargo, puede argumentarse que ningún país tenía experiencia en el tema; sin embargo, la enfermedad fue desarrollándose en picos o en olas con antelación hasta de 2 a 3 semanas que le hubieran permitido tomar medidas a tiempo, lo cual nunca le importó, como tampoco las recomendaciones de la OMS o la declaración conjunta de exsecretarios de salud, verdaderos expertos en la materia, que ofrecieron una opinión con fundamentos sustentables, y el doctor López Gatell un tanto ofendido, despreció. Pero sobre todo: una absoluta y total falta de empatía ante el sufrimiento de toda una nación, yéndose de vacaciones a una playa en momentos álgidos, o paseándose en un parque de la CDMX sin cubrebocas, cuando se suponía que por estar contagiado de la enfermedad debía estar recluido en su domicilio, o peor: defendiendo tesis conspiracionistas que involucraban a agobiados padres de familia con niños enfermos de cáncer, por el tema del desabasto, otra situación que pasa por sus manos, si recordamos que tambien tiene las riendas de la Cofepris.
Es muy probable, sin embargo, que el Dr. López Gatell pueda librar esta grave acusación. El manifestar, por ejemplo, que no es responsable directo de las decisiones de los médicos que manejaron a los pacientes en cada caso; sin embargo, el tema no puede soslayarse cuando se tiene un registro muy cercano al medio millón de mexicanos que han fallecido.
De algo estoy seguro: no veremos las marchas para manifestarse del gremio médico por una posible detención, como en el mencionado caso del Dr. Valdez Gómez, precisamente cuando el personal sanitario de nuestro país ocupó el deshonroso primer lugar en muertes a nivel mundial. Pero independientemente de lo que pueda pasar, sea condenado o no (difícilmente lo será en esta administración) el doctor López Gatell podría ser juzgado en las instancias correspondientes por crímenes de lesa humanidad, considerados en sentido mucho más amplio que el de genocidio, ya que van dirigidos contra la sociedad civil en conjunto y no solo se centran en un grupo con la intención de erradicarlo (a diferencia del genocidio, v.gr el Holocausto).
Hay que señalar que el artículo 7.2 de la Corte Penal Internacional determina que estos actos tienen que ser cometidos a conformidad con la política de un Estado u organización y hace referencia a sucesos que menoscaban los derechos humanos de la población civil en general.
Pero algo que es trascendental: El Dr. Hugo López Gatell no se manda solo. Sobre sus decisiones y directrices está el Dr. Jorge Alcocer Valera y por supuesto: el señor Presidente, que inexplicablemente un día sí y el otro también lo apoya contra viento y marea, con el argumento de que su trabajo ha sido impecable.
Finalmente está el juicio de la historia, el que no perdona y en el que los implicados difícilmente podrán decir a la usanza de Fidel Castro: “¡La Historia me absolverá!” .—Mérida, Yucatán
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Médico y escritor
