¿Podemos negar que los tiempos que corren son más difíciles que nunca? Porque sí que lo son.
Los antivalores abundan. La amoralidad, la insolencia, el descaro y el atrevimiento se pasean libre y alegremente en todas las áreas de la mundana sociedad. Y hasta se festejan. Causan hilaridad y comentario favorable. Pero no siempre. Y no son todos los que están, ni están todos los que son.
La preocupación y ocupación como padres, por el bienestar de los hijos, se ha convertido en algo necesariamente prioritario. ¿Más que en tiempos pasados? Sí. Rotundamente sí. Porque los retos y peligros de hoy superan a la “N” potencia los peligros de antaño.
Adolescentes y jóvenes se enfrentan a, lidian, conviven, y aceptan o no el uso de drogas y alcohol, sexualidad promiscua, pornografia explícita en películas, revistas y canciones, y en línea; adicción y exposición insana a las redes sociales y videojuegos.
Es tanta la oferta y tanto el exceso, que hasta los insensibiliza y preguntan: ¿qué tiene de malo? Todos lo hacen… si es normal…
Estos componentes se conjugan y entrelazan, para formar un pantano peligroso, del que es muy difícil salir, cuando se carece del apoyo y las bases necesarias para hacerlo. Tener, poder y placer, siempre han sido dominantes en el carácter humano. Solo que hoy se miran como objetivos, como bienes a alcanzar para ser felices. Sin entender todo lo que traen aparejado, cuando se convierten en metas únicas y obsesivas.
¿Qué podemos hacer para enfrentarnos efectivamente a esta situación? Los enemigos atacan desde fuera, nuestras defensas tienen que ser desde adentro. Es a los padres a quienes toca poner los límites, marcar la distancia y decir un ¡hasta aquí! a tanta basura que rodea, y amenaza a sus hijos.
Existen tres herramientas muy importantes en la relación que se sostiene con las demás personas, pero especialmente con los hijos en el seno del hogar, desde donde puede venir la única defensa real: congruencia, comunicación y consistencia han sido desde siempre, y no dejarán de serlo, los principales baluartes de la sociedad y la familia.
Congruencia. Una persona congruente ha logrado conciliar las leyes del cuerpo con las del alma, sus ideas o conceptos no se contradicen. Lo que piensa va de acuerdo con lo que dice, y lo que dice es firme apoyo de lo que hace. Exige respeto de sus hijos, pero tiene siempre presente que, aun cuando sean niños, merecen trato delicado y suave. Su comportamiento es una norma que sus hijos pueden seguir con confianza, señala el camino del bien y orienta sobre los peligros del mal.
Solo la congruencia le permite honradamente el derecho de exigir, porque es la única que le proporciona calidad moral para hacerlo.
Comunicación. La era cibernética dio fin a la era de la comunicación de mediados del siglo XX. Hoy estamos atados a la tecnología. Lejanos de los cercanos. Cercanos de los lejanos. Celulares, iPads, Laptops, computadoras. Ya son herramientas de trabajo y estudio… también lo son de aislamiento y distancia.. de ensimismamiento y descontrol.
Prácticamente ya no se conversa. Es raro sentarse frente a frente, mirarse a los ojos y hablar… Comunicarse, formar puntos de enlace, de unión entre unos y otros.
¿Por qué fracasan tantos matrimonios jóvenes ahora? Creo que porque no se conocen. En tantos casos son compañeros de cine, de fiesta, de diversión, y la realidad es que no son personas tratando de entablar una relación profunda y duradera.
Los adolescentes viven en circunstancias de crisis por el proceso natural del desarrollo y el crecimiento. Sufren dudas, frustraciones, decepciones…. Un joven necesita un adulto maduro, congruente y sereno en quien confiar, con quien hablar, a quien contarle sus dudas.
Los jóvenes buscan a veces angustiadamente orientación y apoyo. ¿Estamos ahí los padres dispuestos a dárselas? ¿Estamos presentes cuando nos necesitan? El adolescente que tiene comunicación y apoyo en su hogar, no necesita las muletas de la droga o el alcohol para suplir lo que les falta en casa.
La protección más grande que se le puede dar a un hijo es la oportunidad de confiarnos sus dudas, y hablar con nosotros sin pena y con libertad de sus miedos y preocupaciones.
Consistencia. Es sinónimo de cohesión, de solidez, de duración y fijeza. Una persona consistente es una persona estable y coherente. Hoy quiero una cosa y mañana sigo queriendo lo mismo y poniendo todo lo que esté de mi parte para conseguirlo.
La conducta errática de los padres hace un daño enorme a los hijos. Los niños son páginas en blanco, decía Enrique de Ossó, nosotros escribimos en ellas lo que queremos que sean. Desde luego cada infante tiene su propia carga genética, es decir, los rasgos de carácter heredados de sus padres y abuelos. Pero es indudable que terminamos siendo lo que han hecho de nosotros.
En el escándalo reciente sobre los vídeos de “zorritas de la UAM” que afecta directamente al núcleo familiar tanto de los agresores como de las agredidas, ¿qué se puede decir acerca de las medidas posibles de tomar, cuando se violentan tan estentóreamente las reglas de la moral y la decencia?
Es preciso recurrir como familia a la ley para ampararnos y protegernos. Existe una ley general de salud que ofrece trabajar por la salud mental y emocional de los ciudadanos. Existen reglamentos de sanidad, y artículos de la Constitución que amparan los derechos humanos y apoyan el bienestar, la libertad y la seguridad de las personas.
Existen hoy día los delitos cibernéticos. Tenemos que estudiar y conocer nuestros derechos, ¿cómo pues si no, podremos defendernos? ¿Quién levantará la voz por las agredidas y humilladas públicamente?
El Derecho es el manto protector de la sociedad. La sociedad puede y debe utilizar ese manto. Está visto y probado que nada se nos dará gratis, todo lo bueno cuesta, todo lo valioso da trabajo conseguirlo, no nos ofrecerán las cosas en bandeja de plata, hay demasiados intereses creados y mucho mercantilismo e hipocresía de por medio.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece, y cada familia…¿tiene el sufrimiento o la felicidad que ella misma propicia? Problemas los hay y los habrá siempre, a pesar de que todo se haya hecho bien, pero padres adultos, maduros y responsables, atentos a la comunicación, a la salud emocional y mental propia, producen, desde luego, una sociedad más sana y equilibrada. Y familias mas funcionales.
Por simple curiosidad, llevemos un recuento diario del número de horas que damos a cada actividad durante la semana. Aquella que se lleve más tiempo es la que más nos interesa. Obviamente, la que menos tiempo tenga, es la que menos nos importa.
Nos sorprenderemos al descubrir cuántas horas le dedicamos realmente al cónyuge, a los hijos, a actividades gratas y enriquecedoras en familia…. Tenemos que decidir entre seguir quejándonos o poner manos a la obra, y comenzar hoy a hacer algo por nosotros mismos en primer lugar, y enseguida, por nuestros hijos que son el tesoro más grande que tenemos. Ellos son el futuro.
La familia ha sido, y siempre lo seguirá siendo, un círculo de protección para los hijos y para los mismos cónyuges. Defenderla es lo primero. Es la joya de la corona en esta vida. La perla preciosa. El cimiento sobre el que se asienta sólidamente la sociedad. No la intercambiemos por bisuterías. Ni la abandonemos por cobardía. e ignorancia.— Mérida, Yucatán.
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Abogada y escritora
