En un entorno sumamente polarizado como en el que nos encontramos, en el que todo suele verse en blanco y negro, resulta difícil apreciar los aspectos positivos y negativos, así como los matices, que los acontecimientos políticos suelen tener.

Incluso, como una expresión extrema de la polarización, algunos analistas han señalado que en torno a Andrés Manuel López Obrador no puede haber puntos medios o neutrales: estás con él, con su proyecto de la “Cuarta Transformación”, o estás contra él.

No concuerdo con estas ideas y, por ello, en lo que sigue intento destacar lo bueno, lo malo y lo feo de la revocación del mandato del pasado 10 de abril.

Lo bueno. Por principio de cuentas, podemos considerar como algo bueno el reconocimiento de un derecho ciudadano en nuestra Constitución federal. El artículo 35 de nuestra Carta Magna dispone que es derecho de la ciudadanía participar en los procesos de revocación de mandato del presidente de la República.

En un escenario ideal, el derecho de revocar el mandato del presidente puede traducirse, como lo han expresado AMLO y sus seguidores, en una mayor presión para que el presidente haga bien su trabajo y rinda cuentas.

Además, como escribió Lorenzo Meyer —analista simpatizante de la 4T—, en la historia del México posrevolucionario solo se ha revocado el mandato a un presidente, a Pascual Ortiz Rubio, pero esta revocación respondió a los intereses de Plutarco Elías Calles, no de la ciudadanía mexicana.

Ahora, somos las y los ciudadanos quienes tenemos el derecho a revocar el mandato de nuestra máxima autoridad.

AMLO prometió en su campaña a la presidencia que, a la mitad de su gobierno, consultaría al pueblo si continúa gobernando o no. Con la consulta del pasado 10 de abril, AMLO cumplió con su palabra. Para muchas personas seguidoras de AMLO, la consulta de revocación del mandato es un hecho histórico en México y sentará un precedente para futuros gobernantes.

Lo malo. Considero que la consulta sobre la revocación del mandato hubiese tenido más sentido de haberse realizado como AMLO prometió, a la mitad de su mandato, durante las elecciones intermedias de 2021. Esto no fue así y, en el primer trimestre de 2022, la revocación del mandato cumple otras funciones más allá de la promesa de AMLO de que sea el pueblo el que decida si el presidente continúa o no.

En primer lugar, AMLO continúa dirigiendo la atención mediática y la discusión pública en torno a su figura. Como ha expresado Edna Jaime, directora del observatorio México Evalúa, la consulta sobre la revocación del mandato “le permite al presidente seguir siendo reflector de la política nacional” (“El País”, 10-4-21).

Aunque es verdad que en las conferencias “mañaneras” AMLO aborda una diversidad de temas, la atención puesta en la revocación del mandato es un tema mucho más cómodo para el presidente —pues sabe que ganará rotundamente— que la atención a los graves problemas de violencia o la situación económica que atraviesa el país (por no mencionar otros problemas coyunturales que han afectado al gobierno de AMLO).

En segundo lugar, y derivado de lo anterior, esta consulta le permite a AMLO seguir actuando como un eterno candidato. Sobre este tema se ha escrito mucho: AMLO no ha asumido la figura de ser el presidente para toda la ciudadanía mexicana. En cambio, se presenta constantemente como el defensor de un proyecto, la 4T, al que se enfrentan numerosos adversarios: los “conservadores”, “fifís”, “neoliberales”, “corruptos”, “pseudoambientalistas” y un largo etcétera que incluye a organismos autónomos del Estado como el Instituto Nacional Electoral (INE).

Ciertamente, los partidos de oposición caen en el juego de AMLO, y en lugar de formular agendas políticas y alternativas para atender los grandes problemas de México, se han centrado en gran medida en atacar la figura de AMLO, lo que, a su vez, fortalece la idea de que el proyecto de AMLO y la 4T busca ser boicoteado por adversarios que han perdido privilegios económicos y políticos.

Véanse, por ejemplo, los llamados de los partidos de oposición a no participar en la consulta y las respuestas que han brindado los seguidores de AMLO.

De este modo, la consulta sobre la revocación del mandato se ha convertido en un acontecimiento no solo histórico, sino también algo surreal: no es una consulta que nació del malestar de la ciudadanía y el deseo por remover al presidente, sino que es impulsada por el propio presidente y sus seguidores (incluyendo a altos secretarios de Estado y gobernadores de entidades federativas).

En tercer lugar, y probablemente esto es lo más importante de la consulta de la revocación del mandato, es que este ejercicio se ha convertido más bien en un juego de fuerzas por la sucesión presidencial al interior de Morena.

Así, en lugar de encontrar una evaluación crítica de la primera mitad del gobierno de AMLO, lo que hemos visto en las últimas semanas son discusiones sobre la capacidad de movilización electoral por parte de Morena.

Como ha escrito Natalie Kitroeff, “los patrones de votación en la revocatoria de mandato le indicarán al presidente dónde están los puntos débiles de su lado, y cuál de los posibles candidatos a la presidencia es capaz de lograr que la gente acuda a las urnas” (“The New York Times”, 8-4-22). Y es aquí donde entramos a lo feo.

Lo feo. Ciertamente, la consulta sobre la revocación del mandato del presidente de México es histórica al ser la primera de esta naturaleza en el país. No obstante, lo que reportan diversos medios de comunicación se parece a muchos otros procesos electorales en México. La lucha no es si AMLO ganará o no la consulta, sino cuánta gente participará y en dónde participará más.

De acuerdo con diversas encuestas, AMLO goza con alrededor del 60% de la aprobación de las y los mexicanos. Según una encuesta de SIMO Consultings para el periódico “El País”, lo más aplaudido por los ciudadanos son las políticas sociales del gobierno. Las pensiones a los adultos mayores y las becas a los jóvenes son la acción de gobierno que cuenta con más apoyo entre la ciudadanía, muy por encima de las grandes obras públicas (como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, el Tren Maya y la Refinería Dos Bocas) (“El País”, 18-3-22).

No debe sorprender que las brigadas de Morena que invitan a participar a la población en la consulta por la revocación del mandato empleen como principal argumento los subsidios a adultos mayores y a jóvenes (David Marcial Pérez y Francesco Manetto, “Fervor militante, acarreados e inercia electoral”, “El País”, 9-4-22).

Asimismo, Diario de Yucatán ha reportado actos de “acarreo” en municipios como Valladolid y Temozón (D.deY., 10-4-22).

En esta contienda política por la sucesión presidencial, Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y, según algunas encuestas, la segunda favorita en la sucesión presidencial (después del canciller Marcelo Ebrard), ha desobedecido las órdenes del INE y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre los actos de propaganda en torno a la consulta, y ha sido una de las políticas que más ha cerrado filas a favor de AMLO.

Como ha osbervado Salvador Camarena, Sheinbaum “se juega su futuro” con esta consulta, sobre todo después de la pérdida de alcaldías y diputaciones en Ciudad de México en 2021.

Sheinbaum no es la única que ha violado las normas dictadas por instituciones como el INE y la Suprema Corte de Justicia. Mario Delgado, dirigente nacional de Morena, alquiló una camioneta con la leyenda “¿Quieres votar? Yo te llevo”, en la que trasladó a votantes a sus casillas; mientras que Adán Augusto López, secretario de Gobernación, ha hecho campaña en Coahuila y Sonora.

De esta forma, mientras que AMLO y sus seguidores celebran la jornada de revocación de mandato como un “triunfo de la democracia participativa”, como un “día histórico” y como “un ejemplo de democracia para el mundo”, al mismo tiempo se reproducen problemas como el uso electoral de programas sociales, el acarreo de votantes, además de que se violan sin reparo las normas dictadas por órganos autónomos y el poder judicial (las cuales, en una democracia ejemplar, deberían respetarse).

Si nos basamos en los resultados preliminares del INE, los seguidores de AMLO presumirán la avasalladora victoria del presidente (con más de 90% de votos a favor), mientras que los detractores señalarán la baja participación de la ciudadanía (alrededor de un 17.5%, muy lejos del 40% necesario para que el resultado sea vinculante).

Queda por verse si estos resultados definirán la lucha por la sucesión presidencial y los ataques de AMLO y sus seguidores en contra de instituciones como el INE y la Suprema Corte.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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