Estimado Renán:
Primero que nada, te comento que estuve en el evento “Juntos. Declaración Mérida 2050”, mismo que presidiste conjuntamente con el Ejecutivo estatal. Considero que refrendar los compromisos con dicha agenda estratégica y hacer sinergias con el gobierno del Estado puede traer grandes beneficios para todos los meridanos.
Ojalá que más allá de los discursos grandilocuentes y de las poses para la propaganda mediática, se pase a los hechos concretos destinados a mejorar sustancialmente la calidad de vida de quienes vivimos en esta hermosa, segmentada y discriminatoria urbe.
A decir verdad, creo que a muchos nos habría gustado que tanto tú como el gobernador Mauricio Vila se hubiesen comprometido sin ambages a tres cosas: cancelar el famoso “estadio insostenible”, restituirle su carácter público al predio de la antigua Escuela Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña” y pronunciarse claramente por la pronta realización del Gran Parque de la Plancha. Dicen por allá que la esperanza es lo último que muere.
Pero paso al planteamiento central que quiero hacerte en estos comentarios. Ocurre que desde hace 30 años mi principal centro laboral ha sido la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), cuyas modestas instalaciones están enclavadas en la vasta región del oriente de Mérida conocida como “Los Vergeles”.
Varias secciones comprenden esta populosa zona: la I, II, III, IV, V, San José Vergel y Vergel 65, allá por la Cruz Roja en la salida a Cancún. Mi Alma Máter se ubica en Vergel II y da nombre a la amplia y frondosa avenida que une a la avenida Quetzalcóatl con la calle 69, hoy convertida en funcional avenida que une el centro de Mérida con la ciudad de Kanasín.
Con el paso de los años he aprendido a querer a este entorno urbano, al que ingreso todos los días para atender lo mejor posible las responsabilidades educativas que me tienen encomendadas las autoridades estatales y la sociedad en general. Ha sido muy aleccionador para mí percibir la sencillez, bondad y calidez de sus casi 25 mil habitantes, la inmensa mayoría pertenecientes a los estratos populares de la sociedad.
Un termómetro para pulsar el dinamismo económico, social y recreativo que se aprecia en “Los Vergeles” es la mencionada Avenida Universidad Pedagógica, en la que se han fomentado infinidad de micronegocios de distinta clase: carnicerías, tortillerías, panaderías, tiendas de abarrotes, marisquerías, licorerías, lavanderías, tlapalerías, papelerías, taquerías, amén de las escuelas, parques y jardines e iglesias en los que se produce una intensa convivencia comunitaria.
Como sabes, no soy experto en desarrollo urbano. Mis temas son la educación y la historia de la educación, campos en los que aún tengo mucho que aprender de mis apreciados colegas y de los sectores magisterial y juvenil a los que servimos.
No obstante lo anterior, mi continuo acceso a la UPN me permite afirmar que, lamentablemente, “Los Vergeles” sufren de la recurrente indiferencia de las autoridades municipales que encabezas, aclarándose que este abandono también lo practicaban las pasadas administraciones priistas.
Sucede que los servicios públicos llegan a cuentagotas o de plano brillan por su ausencia. Es muy común ver grandes amontonamientos de basura en varios puntos de esta región. La iluminación no es mala pero puede mejorar sustancialmente; sus vastos jardines rara vez son atendidos, languidecen y tienden a volverse basureros por la lamentable insensatez de sus propios habitantes; sus parques reciben una “manita de gato” cada muerte de un judío, como se decía antiguamente.
Hasta donde sé, no existe ningún centro cultural, tan necesario para propiciar el desarrollo integral de las personas y para fortalecer el tejido social. Tampoco hay andadores ni juegos infantiles ni otros dispositivos para la recreación, el descanso y el ejercicio físico de sus habitantes. Y por si esto fuera poco, su famoso e icónico “Acqua Parque” recibe una pésima atención del municipio, cuando puede ser un espléndido espacio para solaz esparcimiento de niños, jóvenes y adultos.
Pero ocurre, estimado alcalde Renán, que, por fortuna, “Los Vergeles” tienen un enorme plus que es vital para una ciudad azotada por la crisis ambiental que nos asfixia en tiempos de agobiante calor: posee amplias zonas arboladas y hermosos jardines que sólo esperan la atención de las insensibles autoridades municipales. Te invito a que recorramos juntos estos espacios para que descubras la bondad de los pulmones verdes que le dan su toque mágico a esta populosa zona.
¿A dónde quiero llegar con todo esto? A que urge que la administración municipal a tu mando tome cartas en el asunto y se avoque a la formulación de un plan de rescate, equipamiento y embellecimiento de “Los Vergeles”, y cuyos principales aspectos deben ser definidos conjuntamente con sus entusiastas habitantes.
Aunque los principales funcionarios del Ayuntamiento de Mérida se han olvidado durante décadas de las regiones sur y oriente de la ciudad —cuestión que he comentado varias veces en este espacio—, creo que el gobierno municipal tiene excelentes asesores en desarrollo urbano sostenible que bien podrían formular y ejecutar un plan de esta naturaleza, con la decidida participación de los lugareños.
Termino, estimado alcalde, señalando mi convicción de que este plan para “Los Vergeles” es necesario y plenamente viable en lo económico, social y cultural. Creo que aún tienes tiempo suficiente para formularlo en diálogo con los vecinos, al igual que para reorientar el gasto municipal y disponer de los recursos requeridos para tan noble proyecto.
Hago votos porque los habitantes de “Los Vergeles” lleguen a tener un grato y perdurable recuerdo de tu tercera administración. Que así sea.— Mérida, Yucatán.
canek_1999@yahoo.com.mx
Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán
