Frente al espejo. Mi imagen se proyectaba en el espejo del baño de la casa, en esos dorados años de la adolescencia donde a veces da lo mismo ser correcto y andar bien vestido o ponerse cualquier cosa con un desaliño natural de la edad.
Mi abuela se dio cuenta que mi permanencia frente al espejo se había prolongado y con curiosidad me pregunta si había descubierto al yo verdadero que se reflejaba al paso de los minutos.
–No, simplemente estoy viendo si no me sale algún barro como a algunos de mis compañeros de la escuela –le contesté.
Con una de sus muecas típica se retira y alcanzo a escuchar entre dientes… “Al fin jóvenes”.
Las cosas que nos puede contar el espejo
A estas alturas de la vida, cada vez que me miro al espejo recuerdo aquel momento; si pudiera hablar mi imagen que proyecta el espejo cuando me quedo un rato viendo esa aparición, se pueden sacar muchas conclusiones.
Con un cabello un poco diezmado que evidencia el paso del tiempo, que un día fue brillante con el color natural, ahora se ven muchos hilos blancos que tienen huellas de alegrías y de tropiezos en el camino de la vida.
El cabello blanco dicen que es sinónimo de respeto y de sapiencia, todo depende del humor con que se le catalogue.
El brillo de los ojos acusa recibo de una vista cansada por los años. Los ojos quieren decir mucho de la personalidad, denotan inteligencia, tristeza, alegría y todos los estados de ánimo que podamos expresar en un abrir y cerrar. Nunca pensé que en los ojos se encontraba lo que padecimos y lo que vendría después.
Un famoso Iriólogo me mostró que el ojo acusa lo que nos hicieron y de lo que posiblemente tengamos por delante, el iris da cuenta de la angustia a la que nos sometimos y que necesariamente los ojos son el testigo de cargo, aun cuando los cerraremos para soñar o para no ver lo que nos disgusta: son como una cámara fotográfica con la cual las imágenes se graban en la memoria.
Si seguimos viendo nuestra imagen en el espejo, vamos a descubrir la magia de nuestro cerebro. Virtuoso en abrir caminos difíciles por explorar, el gran juez del pensamiento, el manipulador del libre albedrío, el que nos da el discernimiento de lo que es positivo y negativo, el que favorece a unos y desfavorece a otros.
Ahí es donde te encuentras con el verdadero yo, para plantearle el problema en el que atraviesa la imagen que esta en el espejo. Increíble lo que puedes ver de ti mismo.
Los años te abrazan con calidez al descubrir que los surcos en tu cara van avanzando rápidamente, es el producto de arar un camino que no ha sido fácil y ha dejado huella indeleble al paso del tiempo. Es una inequívoca señal de llegar a un grado de respeto y ganarte el hecho de que te digan… Don, en lugar de señor.
El espejo, nuestro gran maestro
También el espejo es el maestro con el que ensayas lo que le vas a decir al jefe para que te aumente el sueldo, o cómo vas a comenzar tu presentación en la junta de la tarde. El que soporta tus caras amables o enojadas, o la sonrisa que tienes que poner cuando te tomen una foto. El explorador que te revela tus dolencias dentales y da un aviso cuando hay algo que está irrumpiendo en tu cara y tienes que visitar al dermatólogo. Ese es el espejo que deja de ser un cómplice para convertirse en el amigo que te advierte cosas y tienes que hacerle caso.
Cuando alguien dice “Mírate en este espejo” creo que sarcásticamente te quiere decir: “me ha ido muy mal en la vida, o muy bien”. Hay que verle el lado positivo a lo que nos cuenta el espejo de nosotros mismos, como yo lo hice, verás que te enseña muchas cosas de la persona que refleja. Dale los buenos días, vas a escuchar una vocecita que nos repite… que pases un buen día. No está por demás el optimismo.
Te volviste medio loco con esto último. No creo, a mi edad, la locura ya la pasé. Me gusta cuando piensas de esa manera, aunque aquí hay alguien que te quiere saludar y decir algo.
“Hola, soy tu espejo y me gustó que dignificaras mi posición, yo solo reflejo lo que veo, eres un buen tipo, te felicito, seguro te pondrás muy contento”. Gracias amigo del tiempo, te he visto por muchos años y me gustó que me hablaras, pero más gusto me dio que me felicitaras. Bueno, ya tienes un admirador. Siempre lo he tenido, por fortuna es mi amigo, a veces le he fallado y en verdad lo siento, pero los años te hacen reflexionar, enmendar el camino y seguir adelante.
Desde hoy, te prometo platicar con el espejo, creo que es una buena idea para descubrir algunas cosas, y perdón que me haya metido en tu editorial, nos vemos luego.
La gente a veces nos ve de distintas maneras, irascible, cordial, inteligente, distraído, envidioso, pero solo frente al espejo se ve el yo verdadero que decía mi abuela.— Mérida, Yucatán, 13 de junio de 2022 Twitter: @ydesdelabarrera
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