La energía es un concepto interesante porque tiene muchas formas. Puede ser petróleo, pero también sus derivados. El viento y el sol proveen energía. Los átomos al romperlos pueden liberar energía y también al unirlos. La soberanía energética puede entenderse como la capacidad para la toma de decisiones en relación con el uso, propósito, control y acceso a la energía.

Para usar la energía se necesitan conocimientos, organización y financiamiento, así como flujos de datos. Ningún país puede ser autosuficiente, porque la energía está en constante movimiento y porque las tecnologías se están desarrollando de manera constante. Incluso los grandes países exportadores de petróleo se enfrentan a un mundo en que la descarbonización y la recesión son amenazas principales y la dependencia del petróleo es de muy corto plazo en términos de lo que queremos para nuestra sociedad.

Por otra parte, muchas veces la energía no se produce y consume en el mismo lugar y la demanda de energía no es igual en el verano que en el invierno. Es decir, si construimos una infraestructura para ser autosuficientes, una de dos o se proyecta con capacidad ociosa dejando dinero sobre la mesa, o se aceptan apagones y desabastos de gasolina cuando la demanda varía.

Desafortunadamente, la soberanía de México no reside en el pueblo como dice la Constitución, sino en el grupo que controla el aparato del Estado. Entonces cuando se habla de soberanía energética, se nos comunica la idea de que ese grupo manipula un conjunto de narrativas para obtener ventajas económicas y populares con el control de la energía.

México ha fallado en demostrar que es consistente con la producción de gasolinas, pues, como lo señalan las estadísticas de Pemex, desde 2020 a la fecha la balanza de productos petroleros, es decir, la diferencia entre importaciones y exportaciones sigue siendo negativa y creciente. Se consume mas gasolina y ésta es más cara, pero México, aun contando con capacidad ociosa en las refinerías existentes, no ha podido revertir la tendencia del abastecimiento local. No hacen falta obras faraónicas, nos falta comprender qué falló en las refinerías, como el cuerpo de leyes que manipulan los costos de operación y flujos de organización y esto lo podemos ver porque la única refinería que tiene números negros es la que opera bajo las leyes de otro país.

También sería más eficiente CFE si pudiera demostrar que puede producir más energía emitiendo menos carbón, mes con mes. Evidentemente no hay un compromiso con las siguientes generaciones y se observa una visión de corto plazo. México como país tiene una importante labor en corregir el rumbo. — Mérida

*) Candidato a doctor en Análisis Estratégico y Desarrollo Sustentable por la Anáhuac-Mayab

 

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