Fernando Ojeda Llanes (*)
Los negocios pueden tener varias formas de constitución, aquellas que se denominan públicas no es porque pertenezcan al gobierno sino porque colocan sus acciones en la bolsa de valores para que sean vendidas al público en general y están sujetas a normas estrictas de control de su administración financiera formando un gobierno corporativo.
Otras son privadas no familiares que colocan sus acciones entre amigos o inversionistas interesados sin tener que participar en la bolsa de valores y aquellas que son familiares constituidas con la participación accionaria de miembros de una determinada familia.
Cualquiera que sea su forma de constitución tiene sus problemas y riesgos dependiendo de su actividad y su modo de organización, pero se conoce que para obtener mayores rendimientos se requiere correr riesgos que pueden ser administrados mas no eliminados.
Ya sabemos que el 90% de las empresas son familiares y para que sobrevivan sus segundas y terceras generaciones es necesario que entren en un proceso de profesionalización mediante normas y reglas escritas para separar los aspectos familiares de los empresariales.
Hay empresas que lo han hecho con éxito y varias establecen que ningún familiar labore en la empresa, esta puede ser una buena decisión si los familiares tienen otras opciones de desarrollo en otros negocios o en forma independiente, pero no es la única alternativa porque hay personas de la familia hijos, nietos o hermanos que tienen talento y experiencia recibida de sus padres para trabajar en su empresa y si cumplen con las normas escritas serán de un gran potencial para la empresa familiar muy superior a los externos, pero debe considerarse su talento porque a lo mejor no lo tienen para ser gerente pero sí para jefe de un determinado departamento y no se deben crear posiciones para su colocación.
La empresa familiar que se profesionaliza se enfrentará a la sucesión, ¿pero qué tipo de sucesión? Quién va a ser sucedido y por quién? Pongamos por ejemplo que el líder de la familia y propietario de todas las acciones es el padre y tiene cuatro hijos, haré dos preguntas, la primera ¿es una sucesión pasar las acciones? y la segunda ¿o solo debe traspasar a alguno de sus hijos la dirección general?
Las respuestas a las preguntas anteriores pueden ser sencillas o muy complicadas, por mi larga experiencia en empresas familiares, yo daría unas respuestas muy sencillas: no precisamente tiene que haber sucesión por los siguientes motivos, en primer lugar nunca el padre debe ceder las acciones en vida por muchos motivos, el más importante es no traspasar el poder de pertenencia de su empresa —los demás son otros boletos a comentar en otra ocasión—, las debe poner en su testamento para cederlas no en vida.
La respuesta a la segunda pregunta: si la empresa independientemente a su profesionalización tiene un gobierno corporativo con un buen consejo de administración y ninguno de sus hijos tiene el talento para ser director general entonces tampoco hay sucesión porque mejor se garantiza el crecimiento y estabilidad del negocio con talentoso director externo no familiar, esto no es sucesión sino sustitución.
Entonces hay que ver cuál es la verdadera situación de los familiares en relación con la empresa y no romperse la cabeza en un proceso de sucesión que en este caso no es necesaria.
Cierto que hay casos en que el padre líder de una empresa familiar fallece sin testamento y sin gobierno corporativo y al no haber forma de nombrar a un director general, el negocio puede desaparecer, porque se genera un conflicto entre la familia y esto probablemente no es por la empresa sino por el dinero y el poder.
Con lo anterior comentado es importante observar que las empresas medianas y grandes que son familiares, su gran salvaguarda es tener un eficiente gobierno corporativo y para la familia sus normas y reglas, pero juega más un papel relevante la sustitución que la sucesión.
Hay empresas que implementan programas de sucesión y llevan años en este proceso cuando lo que requieren es muy fácil: firmar su testamento para el traspaso de sus acciones y hacer sustitución.
En el caso del ejemplo del principio, el dilema para el padre es cómo distribuye las partes de las acciones a sus hijos, porque allá va el poder, no importa si hizo sucesión o sustitución en vida, porque a su fallecimiento, es el poder de la mayoría de las acciones quien tiene la última palabra y peor si muere intestado o sea sin testamento.
Entonces es válida la pregunta: ¿Qué es más importante, la sucesión o el testamento?
He vivido experiencias de que el padre líder de una empresa familiar se pasa el final de su vida meditando en qué proporciones cederá sus acciones de capital y otros bienes a sus hijos en su testamento y ha preferido dejar este mundo para que sus descendientes resuelvan el problema y lo que el padre obtuvo con esto, es un caos en su familia que él no ve, porque ya no se encuentra en este mundo.
Lo anterior es experiencia propia durante más de cuarenta año trabajando en la profesionalización de empresas familiares, otros tienen opiniones diferentes, espero que no sean solamente teóricas.— Mérida, Yucatán.
ferojeda@prodigy.net.mx
Doctor en investigación científica, consultor de empresas
