Se puso de moda hace varios años. “Paga un cover y consume en el bar, antro, restaurante todo el licor nacional que desees. Toda la cerveza que puedas tomar al consumir la primera”.
Cubetazos al 50%. La idea es quedar “hasta atrás, hermético, muerto, jarrisimo. Hasta las manitas. Morderla en serio… de eso se trata, así te diviertes al máximo.
El alcohol cumple su misión. No te falla. Cuestión de minutos y alcanza tu cerebro. Su primera e inmediata función es quitarte la conciencia del freno moral de todo lo que desde niño, bien aprendiste que no debía hacerse. Te desinhibe. Te hace bailar y borra cualquier límite o barrera social.
Cantas. Conversas, te vuelves el alma de la fiesta. Haces bromas. Simpatía es tu nombre. Por tradición, el varón siempre ha bebido más que la mujer. Signo de hombría. Una copa en la mano y un cigarrillo en la otra, o caído en la comisura de los labios al estilo James Dean, es la masculinidad al máximo. O al menos así lo creen.
Recuerdo un 31 de diciembre, hace ya muchos años, una bellísima y joven debutante, captó mi atención de inmediato por su manera de fumar y beber. Tomaba como cargador de los muelles y fumaba como chimenea. Una auténtica “Chainsmoker“ (fumadora en cadena) con un cigarrillo encendía el otro.
No había terminado su whisky cuando ya se servía el siguiente. Siendo debutante no podía tener arriba de 17 años. Ya desde entonces las jóvenes fumaban y bebían casi a la par que los muchachos.
A últimas fechas muchas les llevan de calle la delantera. Hay Ladies Night, noche de damas, no cover para ellas de 9:00 a 12:00. Mejor le llamamos “Ladies First”, las damas primero y obvio, empiezan a beber primero.
os varones llegan cuando ellas ya están en onda. “Nos las preparan”, comentó un joven de 20 años. “Nos las dejan listas”, dice otro de 19. Algunas tienen mucho aguante pero casi todas quedan “jarrísimas”, menciona otro más de 18 con un guiño malicioso.
A muchas las sacan cargadas del antro. Las cosas ahora han empeorado, informa el Diario. La situación es alarmante. Los visos de realidad “shockean”. Es entendible, así lo señalan todos los indicios actuales; es que el problema tiene ya muchos años.
Es ahora que está haciéndose más público pues involucra adolescentes de uno y otro sexo y de cada vez menor edad.
“El alcoholismo entre mujeres en Yucatán y en el país en general es un mal invisible que afecta indistintamente a solteras y casadas, sin importar la clase social”, advierte Víctor Roa Muñoz, director de Centros de Integración Juvenil Mérida.
“Normalmente el consumo masculino siempre ha sido mayor en los varones. Son los tiempos de ahora, que hacen notar el aumento en la ingesta femenina. Los adolescentes ya van a la par. Chicas y chicos. Y las mujeres de mayor edad han incrementado en un 30-40% su consumo.
“Es un auténtico problema socio-cultural… hay también aprendizaje por observación muy grande. Hay padres que beben todo el fin de semana. Esa es la forma de pasarla bien y divertirse. Los hijos hacen ídem. Todos nos enfiestamos a la par.
El alcoholismo es un problema muy antiguo en Yucatán. El incremento de ingesta de alcohol se ha mantenido estable desde hace algunos años. En las mujeres el aumento de 300% era ya hace 6 años. Dos años más tarde este número se incrementó aún más. No solo el consumo femenino se ha aumentado, sino que en ocasiones ellas ya beben más que ellos. Su independencia económica y emocional es para algunas factor de riesgo en vez de auténtica independencia y libertad.
Muchas veces un marido bebedor contribuye a que la esposa haga lo mismo. Y los hijos también. Hay familias en las que el consumo de alcohol es algo habitual. Y la tradición la continúan los hijos en sus nuevas familias. De ahí nace parte del abuso en su consumo.
Las mujeres por constitución son menos resistentes a los efectos nocivos del alcohol. Y debido a la maternidad y considerárseles por ella, más dignas y respetadas, cuando cae en la adicción es abandonada casi por toda la familia.
Hay mucho consumo a puerta cerrada. Sobre todo femenino. El peso de la familia sigue cayendo sobre las mujeres como sus mayores responsables. Cuando caen víctimas del alcohol la familia se desbarata y se vuelve caótica. Totalmente disfuncional.
Se necesitan programas fuertes de educación que expongan los peligros del alcohol en la familia, y un mayor apoyo gubernamental con especial acento femenino en el rescate de la mujer adolescente y adulta de las garras de esta destructiva y terrible adicción.— Washington, DC.
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Abogada y escritora
