La simpleza de un día cualquiera. Hay días que son agotadores, cargados de estrés. La ciudad nos regala conflictos que alteran nuestros sentidos y los hacen vulnerables al paso de las horas.
Al abrir las persianas, descubre que se levanta el sol entre el smog y las nubes densas de un color lechoso que presagia lluvia. Se dirige a la vieja caminadora con sus pants negros y la cómoda sudadera que compró en su último viaje al gabacho. Oprime el botón de ON e inicia el giro de la banda con un ruido semejante a frotar una lámina contra un pedazo de plástico.
El diminuto cuarto de servicio convertido en gimnasio donde ejercitará sus adormecidas piernas para sacudirse el frío característico de una ciudad donde los edificios proliferan y hacen haladas las corrientes del aire que se estrella en los ventanales de un aluminio corriente, el cual traspasan y dejan sentir el vientecillo helado de la mañana.
Mientras se ejercita, acomoda su teléfono para darle un repaso a los whatsapps de los amigos que le envían videos cortos de lo más relevante sucedido en la llamada administración de cuarta.
Con tristeza ve que la oposición en el Senado dio su beneplácito para que los militares siguieran con el control de la Guardia Nacional hasta el 2028, una prueba más de que vamos a tener que vivir con el yugo de la bota militar por 6 años más y quien sabe que otro disparate se le ocurra a su majestad el “peje lagarto”.
Las manecillas del reloj del muro frontal acusan un ejercicio de cuarenta minutos al que da por terminado.
Después de un reconfortante baño, se dirige al Vips más cercano a desayunar. En el gabinete de junto escucha la conversación de un par de “Godínez” de la Secretaría que maneja la energía. El fulano de pelo crespo y sonrisa cínica le comentaba al flaco pero barrigón con cara de burócrata hambriento cómo extorsionar a los que van a sacar un permiso de algo que no le quedo claro de que se trataba, el caso es que se metía $1,500 diarios con solo estirar la mano y ponerle un sello al papel.
La mesera le ofrece el periódico, pero en automático lo rechaza al ver que la noticia de la primera plana decía: “Firmes, marchan juntos PRIMOR y PRD” ¡Naaa! –le contesta a la mesera.
No quiere saber nada de lo relacionado con la corrupta política influenciadora, mentirosa, manipuladora que le venden a los que no tienen idea del daño ocasionado, esos que reciben una miserable dádiva cada dos meses, pero los tranquiliza, los adormece para regodearse y escuchar en los pueblos donde aún sigue haciendo campaña… “Es un honor estar con Obrador”.
Paga los $210 de unos huevos rancheros, una concha, un jugo y su imprescindible café. Al salir decide comprar el periódico para leer un par de editoriales. Acelera el paso para llegar a la parada del Metrobús, la fila es larga, una mayoría con cubrebocas esperan al que se va por toda la avenida de los Insurgentes. Se le acerca un hombre para pedirle prestada la sección de deportes, le dice que solo quiere saber algo del entrenador de los Pumas. No le dio importancia y se la prestó, al cabo era una sección que le interesaba muy poco.
Se baja en la parada de Reforma, donde el bolero de la entrada al edificio le pregunta si se va a bolear los zapatos, la respuesta fue negativa con una sonrisa. El bolero le desea un bonito día.
Después de saludar a los compañeros de la Redacción, el jefe lo llama con cierto temor por la reacción que pudiera tener; le pide que cubra la manifestación en el zócalo de los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa. Su molestia no se hizo esperar, le cuestionó al jefe que no le gustaba cubrir las causas perdidas del país, que mejor mandara a Ruvalcaba. El jefe le recordó que el muchacho no tenía las tablas para hacer un reportaje. Se da la media vuelta, se enfunda nuevamente en su chamarra y sale de la Redacción.
Eran gritos y protestas de los familiares de los normalistas que querían tener, aunque fuera de consuelo, al menos un indicio apegado a la verdad que les hiciera cerrar la herida generada por los años que habían pasado desde la desaparición de sus hijos, herida que fue cubierta con mentiras y más mentiras. Ahora se abría una posibilidad después de que jaquearon el servidor de la Secretaría de la Defensa. Sin embargo, los gritos, las pancartas de nada servían. Voces que llegaban a oídos sordos a pesar de los actos por demás violentos de la protesta que ahora se dirigía a la Secretaría de Relaciones Exteriores, como si ahí fueran a encontrar una solución… inútil de toda inutilidad.
Una vez cubierta la asignación, pide un Uber para que lo lleve a su departamento. En el trayecto piensa lo infeliz que a veces es su profesión, no poder solucionar los problemas que aquejan a las personas es ingrato, condena a los deleznables seres que imparten la justicia a base de mentiras y corrupción. Se tendrá que conformar y describir con simpleza lo que vivió en un día cualquiera.— Mérida, Yucatán, 10 de octubre de 2022 Twitter: @ydesdelabarrera
