No pocos recordarán aquel documental de 2006 bajo la sentencia de “¿Quién es el señor López?”

Fue un trabajo dirigido por el cineasta Luis Mandoki a favor del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador. Exponía las virtudes que del aspirante se querían vender al público, y fue pieza importante sobre todo después de lo que llamó el fraude electoral que llevó a Felipe Calderón a la presidencia.

El vídeo fue punto de partida de una campaña que, seis años después, pondría de nuevo al ex jefe de gobierno en la candidatura presidencial por el PRD.

El tabasqueño empezó así su campaña con muchos meses, años de anticipación para la elección del 1 de julio del 2012. Para ese proceso, el PAN se decantó por Josefina Vázquez Mota, secretaria de Educación Pública al arranque de la administración de Calderón, toalla que tiró frente a los embates de la maestra Elba Esther Gordillo, poderosa líder del sindicato magisterial, posteriormente caída en desgracia política.

El PRI, mientras tanto, disfrazaba una designación, que era bola cantada, con un presunto ejercicio de confrontación entre dos aspirantes: el sonorense Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto. Nadie, ni el propio Beltrones, dudaba que el candidato sería el mexiquense. Pero había que dar un barniz de democracia a donde no la había.

En el cuarto de guerra del PRD, para entonces, el documental de Mandoki había hecho su labor y ahora se manejaba un nuevo discurso, el de la “república amorosa”, con el que AMLO quería desprenderse de la imagen de pendenciero que se agenció después de su prolongado plantón en Reforma porque no le reconocieron lo que él llamaba su triunfo en 2006.

Pero no todo era “amoroso”, pues al mismo tiempo se arremetía con un segundo slogan: la “honestidad valiente”. El candidato derrotado se autonombró presidente legítimo, nombró gabinete, tildó a Calderón de espurio, fue un grano para el michoacano en todo el sexenio y lo demás es historia.

Cuando las campañas de 2012 arrancaron, el de Tabasco llevaba amplia ventaja, pero el mexiquense comenzó a subir como la espuma, aun con el tropiezo que tuvo en la Ibero cuando fue cuestionado severamente y obligado a esconderse en los baños por estudiantes que más tarde conformaron el grupo #Yosoy132. El ex jefe del Distrito Federal, sin embargo, no se dejó amedrentar por el avance del tricolor y mantenía su ventaja. A ciertas alturas de la campaña solo había una certeza: Josefina Vázquez no tenía nada qué hacer en la contienda.

No pocos habrán olvidado tampoco que, bien avanzada la campaña, un mazazo en la televisión rompió el celofán: se señalaba que López Obrador había pasado la charola para que se le financiara la recta final de la campaña, y se acusaba al estratega Luis Costa Bonino de ser el encargado de esa tarea.

Uruguayo dedicado a la asesoría de candidatos a lo largo y ancho de América Latina y Francia, país donde se doctoró en Ciencia Política y participó en la campaña presidencial de Francois Miterrand en 1987, Costa Bonino fue invitado por Mandoki, quien tenía asiento fijo en el cuarto de guerra del candidato perredista. El sudamericano nunca ha rehuido hablar de aquel spot televisivo que intentaba (y logró) descalificar la campaña de AMLO. En el anuncio, a Costa Bonino se le oía decir que necesitaban seis millones de dólares para ganar la elección.

Fue una filtración, ha declarado sin tapujos a varios medios. En su sitio web, en amplia entrega, presentó interesante relatoría de aquella campaña. Ahí, lo mismo que en declaraciones de prensa, ha señalado a César Yáñez como el encargado de la fuga.

El torpedo del spot televisivo hizo blanco en la línea de flotación de la campaña del candidato, cuyo hundimiento no pudieron evitar. Toda campaña electoral incluye una estrategia de manejo de crisis. Costa no solo lo sabía, sino la incluía en su portafolio, y por eso intentó hablar con López Obrador para ejecutarla, pero el candidato se negó a recibirlo. El PRD cedió la delantera al PRI y Peña Nieto ganó la elección sin reclamaciones de López Obrador.

Aquel César Yáñez es el mismo cuyo nombre vuelve a surgir esta semana con el lanzamiento del libro “El rey del cash. El saqueo oculto del presidente y su equipo cercano”, de Elena Chávez. La introducción arranca con una frase que define el papel de la autora en esta historia: “Este es un testimonio sobre los 18 años que viví cerca del presidente Andrés Manuel López Obrador, al ser pareja de su entonces jefe de prensa César Yáñez Centeno”.

El libro dedica un capítulo a Yáñez —“’César no es solo mi colaborador, sino mi hermano’, me dijo López Obrador en abril de 2005”, relata la autora—. En él se recuerdan los problemas de salud que tuvo a causa del cáncer, la inyección de ánimo que AMLO le daba y el episodio cuando, en su primera campaña presidencial, el tabasqueño lo envió a España para convencer al director técnico mexicano Javier Aguirre de brindar su apoyo al aspirante. Yáñez regresó de esa misión con un rotundo no del “vasco” en el equipaje.

Personajes como Yáñez, por su cercanía con el hombre del poder, siempre cautivan por lo que hacen y dejan de hacer. Es un papel que han jugado José Córdoba Montoya, Aurelio Nuño, Emilio Gamboa, el malogrado Juan Camilo Mouriño, entre muchos otros. Lo que no se había visto es que alguien tan cercano a ellos, en este caso Elena Chávez, decidiera exponer públicamente su versión. Con ello ha ganado miles de lectores y acaparado la agenda pública nacional.

“El rey del cash” se ha vuelto una de esas obras que hacen leer a muchos que difícilmente posan los ojos en las páginas de un libro. Nadie quiere quedar fuera de la conversación. Es el tema del que todos hablan, a favor y en contra. La pregunta es si dará para algo más. Ya se verá.— Mérida, Yucatán.

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@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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