José Santiago Healy (*)
La propuesta de López Obrador y su gobierno para transformar, por no decir desaparecer al Instituto Nacional Electoral (INE), es una más de sus estrategias para controlar las elecciones en México y con ello extender su poder en los próximos sexenios.
Nadie duda que este organismo sea perfectible, pero de ello a convertirlo en un órgano más de gobierno como ocurría en los tiempos de la dictadura priista es un error histórico imperdonable e inadmisible.
Para quienes tienen menos de cuarenta años les voy a recordar algunas de mis vivencias de mi niñez y juventud, cuando en este país no existía la democracia ni tampoco el respeto al voto y a la voluntad ciudadana.
Fue en 1967 en Hermosillo, Sonora, cuando viví de cerca la imposición de un candidato del PRI a gobernador por parte del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Amplios sectores de la sociedad salieron a protestar, entre ellos los estudiantes universitarios, quienes fueron reprimidos en varias ocasiones por la policía, por miembros del Ejército y por la llamada “Ola Verde”, un grupo de choque creado ex profeso para atacar a los opositores al gobierno.
En la elección de 1967 el PRI ganó la gubernatura y para aflojar la presión social se otorgó la alcaldía de Hermosillo al candidato del PAN. No hubo recuento de votos y tampoco existían los tribunales electorales para impugnar los comicios.
En los años 1970, 1976 y 1982, los candidatos del PRI obtuvieron la presidencia de la República sin mayores obstáculos a pesar del malestar que dejaron la matanza de Tlatelolco en 1968 y las devaluaciones de 1976 y 1981.
Se llegó al extremo de que el candidato del PRI en 1976, José López Portillo, compitiera sin ningún opositor para reunir el cien por ciento de los votos.
En la década de los 80 hubo disturbios electorales en varios estados del país, producto de la cerrazón política del gobierno en el poder.
En Sonora, Chihuahua y Nuevo León se operaron fraudes electorales gigantescos. El PRI gobierno imponía candidatos a su antojo como ocurrió en tierra sonorense con la llegada de un secretario de estado que solo había vivido en suelo sonorense los primeros dos años de su vida.
En Sonora se realizó en 1985 un fraude electoral bien maquinado a favor del PRI por las autoridades locales y federales. Al candidato del PAN lo dejaron solo y sin recursos legales para defender su aparente triunfo.
En 1988 el alcalde del PRI en Hermosillo tuvo que renunciar a las semanas de asumir el poder ante el descontento popular que generó la estrategia del tricolor de robar urnas ampliamente conocida como la “Operación Manitas”.
Podríamos escribir aquí infinidad de historias de cómo el PRI en los setenta años de hegemonía lograba mantener el control electoral gracias a que los organizadores de los comicios eran manejados directamente por los gobiernos.
Con la imposición de Carlos Salinas de Gortari como presidente de México en 1988, el pueblo mexicano se hartó de los excesos del sistema e inició la presión ciudadana para la creación de un nuevo organismo electoral.
Fue en 1996 cuando finalmente el Instituto Federal Electoral se convierte en un organismo autónomo y ciudadano luego de haber dependido por décadas de la Secretaria de Gobernación. Su primer presidente y consejero ciudadano fue José Woldenberg.
En el 2014 cambió su nombre a Instituto Nacional Electoral con funciones de máxima autoridad electoral y bajo la presidencia de Lorenzo Córdova.
La propuesta de Morena, empujada por López Obrador, contempla que los consejeros del INE sean electos por elección ciudadana tal como si sus funciones fueran de gobierno.
El nuevo organismo se llamará Instituto Nacional de Elecciones y Consultas y será encargado de todos los procesos electorales del país, incluyendo locales y estatales, es decir será una regresión al centralismo de antaño.
Según el ex presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, la iniciativa propone reducir el número de diputados a 300 y de senadores a 95 en donde todos serán elegidos a través del sistema de listas por entidad, es decir serán de tipo plurinominal, es decir decididos por los partidos.
Control
Propone además cortar drásticamente el subsidio a los partidos lo cual parece positivo, pero ocurre precisamente cuando Morena mantiene el control político de casi todo el país, es decir se corre el riesgo de extinguir a los partidos de oposición.
En cuestión de días se iniciará la batalla en la Cámara de Diputados donde se esperan largas y álgidas sesiones para discutir esta iniciativa que requiere para su aprobación las dos terceras partes de los votos.
Pronto veremos si el PRI se convierte en aliado de Morena como sucedió en la propuesta para extender la presencia del Ejército en las calles del país o regresa a formar parte de la alianza opositora.
Lo cierto es que AMLO irá con todas su fuerza para conseguir su ansiado sueño de controlar los organismos electorales de México. Será para el régimen la madres de las batallas.— Hermosillo.
jhealy1957@gmail.com
Periodista
