Fieles a las costumbres seculares a que nos invitan los ejercicios de reflexión al cierre del año, nos sumamos en esta columna al viejo hábito de designar a un personaje, en este caso del 2022, cuyo último minuto está próximo a sonar.

Puestos en ese tenor, nos decantamos por nombrar personaje del año a “la seguridad en el Estado”. Sí, a esa seguridad tantas veces nombrada, tantas señalada, expuesta, robustecida con más y más inversiones y presumida a lo largo y ancho del país y allende fronteras.

Nombramos personaje del año a la seguridad en Yucatán, que en 2022 demostró una vez más ser aquella Beatriz que amorosamente lleva al Estado a un paraíso que no se compara con otro en la República, pero que es también el Virgilio que lo conduce al purgatorio y a los nueve círculos del infierno.

El personaje del año es la seguridad que ayuda a traer inversiones, seguridad que nos deja salir con confianza a las calles, la que nos permite darnos el lujo de pasar jornadas familiares sin temores, asunto al parecer simple pero del que muchos habitantes del país no pueden presumir.

Y es también la seguridad en cuyo nombre se siguen cometiendo atroces crímenes contra los propios ciudadanos a quienes se jura defender.

La seguridad del Estado es ese Leviatán que conformamos todos los elementos del entramado social, al que contribuimos con nuestros actos, nuestras voces, nuestras letras, nuestra convivencia social, nuestra prensa seria, libre y comprometida socialmente, y nuestras exigencias.

Al cierre del calendario al que hoy arrancamos la última hoja preguntémonos cuánto contribuimos en este 2022 con este personaje del año. ¿Lo fortalecimos o lo debilitamos con nuestros actos? ¿Educamos a los nuestros para trabajar a favor de solidificar la seguridad o en su contra?

Más aún. Preguntémonos qué haremos en este 2023 para que la seguridad siga siendo el personaje del año, pero con un rostro más amable. Porque si bien este año lo fue, en su nombre siguieron cometiéndose crímenes contra la ciudadanía.

Cuán equivocados están aquellos que piensan que la seguridad es tarea de la policía. No. La seguridad es un asunto tan importante que no puede dejarse solo en manos policíacas y del gobierno.

Mantener a una comunidad, ciudad, estado seguros es una responsabilidad social. El papel de la policía es el de ser garante de que no se rompa el equilibrio creado por los ciudadanos, nos es su papel ser el creador de seguridad, sino el de mantener lo que ciudadanos responsables, comprometidos y exigentes crean, mantienen y demandan.

A principios de este mes, Roberto Lanz Hernández fue detenido con lujo de violencia en un retén de la policía de Progreso. Doce días después de estar en coma, falleció. Así de simple, así de macabro. Casos así, de los que la ciudadanía no debería permitir que exista uno solo, se han presentado con preocupante periodicidad en la actual administración, ya sea a manos de policías municipales o estatales.

Más allá de las voces que levantan algunas agrupaciones no gubernamentales, como Grupo Indignación y la asociación civil Indignación, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, muy pocos denuncian y dicen esta boca es mía.

Si nos escandalizamos desde el primer caso y como ciudadanía exigimos cuentas, dificultaremos que el hecho se repita. Tristemente ha sucedido en al menos cinco ocasiones en esta administración. En la medida que sigamos si levantar la voz, los casos seguirán presentándose en este y otros ámbitos.

Al cierre de este 2022, en Yucatán seguimos siendo la tierra del “no pasa nada”. La policía detiene a ciudadanos en Progreso, Chicxulub, Akil o Mérida, aparecen muertos, y “no pasa nada”. Se denuncia uno de los latrocinios más grandes en la historia del Estado con terrenos en varios municipios, especialmente en los filones millonarios de las tierras costeras, y “no pasa nada”.

Se denuncian empresas fantasmas que crecieron, se desarrollaron y operaron impunemente al amparo de los gobierno anteriores y “no pasa nada”.

Preguntémonos si debemos callar y pensar que ese es el precio que debemos pagar por continuar viviendo en este paraíso al que cándidamente, como Dante, nos dejamos llevar de la mano por Beatriz, con tal de no volver a los círculos del infierno con Virgilio. Si es así, entonces sigamos callando y leyendo los casos en las páginas del Diario dándoles valor de anécdotas en vez de movernos a la acción…

Y más tarde, cuando nuestro entramado social se deshilache como ha sucedido en tantos y tantos estados del país, sentémonos a lamer nuestras heridas por lo que no supimos defender como ciudadanos.

Porque, volvemos a lo mismo: la seguridad la hacemos los ciudadanos. Si pensamos que es tarea de la policía y dejamos que actúen por su libre albedrío sin ejercer nuestro papel de censores sin levantar la voz, ahí están los resultados.

Al cierre de este 2022, el año donde podemos ver la luz al final del túnel de la pandemia, sacudámonos también la pandemia de la indolencia ciudadana y participemos en la creación del Estado, en la consolidación y defensa de las instituciones, y en el apuntalamiento de la seguridad.

¡De nosotros depende que el 2023 sea un feliz año! No lo defraudemos.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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