No obstante las vicisitudes por las que ha pasado este singular ejercicio democrático, el proceso para la revocación de mandato del Presidente de la República se llevará al cabo el próximo domingo 10 de abril.

Ha sido del todo lamentable que el Instituto Nacional Electoral esté impulsando este proceso prácticamente a regañadientes y con escasa difusión entre la sociedad. Gracias a la presión ciudadana, apenas hace unas semanas este organismo decidió aumentar la información en sus tiempos disponibles en los medios de comunicación, así como realizar limitados foros donde diversos “invitados especiales” han estado expresando sus opiniones en torno a las dos posturas posibles: los argumentos en favor de la revocación del mandato y los que se emiten en pro de la continuidad en el cargo hasta la conclusión del mismo.

A este respecto, en reciente artículo la exgobernadora Dulce María Sauri señaló que la revocación de mandado del 10 de abril pasará “sin pena ni gloria”, como “una cicatriz más para la democracia”, igual a lo que sucedió con la consulta del 1 de agosto pasado para determinar si debía enjuiciarse a los expresidentes del viejo régimen del PRIAN (DY, 23 de marzo, Local, p. 6).

En mi modesto juicio, no me parece una actitud democrática que digamos desalentar la participación ciudadana ni mucho menos desear que un ejercicio trascendental para la vida cívica del país transcurra “sin pena ni gloria”.

Ocurre, caros lectores, que a la desarticulada oposición política aún no le pasa por la garganta que el gobierno de la 4T haya impulsado y logrado una reforma constitucional en la que se plasmó el derecho de los ciudadanos a recabar firmas para solicitar la revocación de mandato del Ejecutivo Federal cuando considere que éste ya no tiene la confianza de la sociedad.

Consecuentemente, se consagró también el derecho a participar en la consulta popular toda vez que se cumplan con los requisitos establecidos en la normativa vigente (Artículo 35, Fracc. IX de la Constitución General de la República y Ley Federal de Revocación de Mandato).

Es así que la semiparalizada oposición PRI-PAN-PRD —pomposamente aglutinada en la coalición “Va por México” y apoyada por el gran capital y sus jilgueros propagandísticos en los grandes medios de comunicación— decidió de manera torpe boicotear la consulta y evidenciar una vez más su escasa vocación democrática.

Peor aún: se observa que los opositores al gobierno de AMLO van de dislate en dislate. En su desesperación, las “lumbreras” del PAN y varios organismos de la llamada sociedad civil han echado a andar la campaña “Terminas y te vas”; han convocado a una marcha nacional para el próximo 3 de abril y mandado colocar espectaculares en muchas partes de la república con dicha leyenda.

Pero en el texto “Terminas y te vas” llevan también su penitencia los enceguecidos adversarios de la revocación de mandato, pues en él expresan que en realidad están de acuerdo en que AMLO continúe en el cargo, lo concluya y se vaya.

Es decir, la coalición “Va por México” y los organismos civiles que la acompañan se vieron en la situación paradójica de apoyar la permanencia de AMLO en la Presidencia, toda vez que no están en condiciones políticas de movilizar a sus bases militantes para que se pronuncien de manera libre, democrática e informada en las urnas electorales.

Por lo demás, la consulta revocatoria —no necesariamente presidencial— es un derecho que existe en varios países del mundo, tan disímbolos como Taiwán, Suiza, Etiopía, Nigeria, Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela, y en varios estados de los Estados Unidos.

De acuerdo con algunos estudiosos, la revocación permite atemperar un viejo problema de las democracias representativas: que los gobernantes una vez elegidos, no pueden seguir siendo controlados por los votantes, por lo que se establece el derecho de que cualquier grupo de ciudadanos que estén descontentos con sus representantes puedan reclamar su destitución mediante una consulta popular.

En esta tesitura, mi postura es invitar a toda la ciudadanía a pronunciarse libremente en la justa cívica del próximo 10 de abril. Si, como sostiene machaconamente la desangelada oposición política, el gobierno de la 4T “es un desastre”, no ha hecho más que “destruir a las instituciones” y “atentar contra la democracia”, el ejercicio de revocación de mandato constituye la oportunidad excepcional para movilizar a sus bases militantes y orientarlas para que se pronuncien masivamente en contra de la permanencia del Presidente de la República.

En lo personal, me gustaría que los resultados de esta histórica consulta arrojara que millones de mexicanos desean que el Ejecutivo Federal diga adiós al cargo y otros tantos millones se pronunciaran por su permanencia en Palacio Nacional.

Este saldo hipotético constituiría sin duda un magnífico termómetro democrático que nos mostraría el verdadero sentir prevaleciente entre los ciudadanos con respecto al trabajo realizado hasta ahora por el Presidente.

Los resultados también pueden servir para corregir errores en el desempeño gubernamental, atender faltantes, reorientar políticas públicas y reajustar las acciones programáticas que han sido fallidas en la actual administración federal. Por estas razones esenciales, quien esto escribe jamás desearía que la próxima revocación de mandato pasara “sin pena ni gloria.” Al tiempo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

 

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