¿Quién no ha soñado con poder ver la ciudad de Pompeya en su esplendor? O tener la capacidad de presenciar el juego de pelota maya en la zona arqueológica de Chichén Itzá, o bien asistir a una pelea de gladiadores en el Coliseo Romano.

El poder vivir todos estos eventos del pasado suena como una ficción ciertamente, ya que por más que querramos, no tenemos una máquina del tiempo con la cual viajar al pasado.

Pero, ¿quién sabe? Dentro de unos cuantos años habrá personas que vean la caída del muro de Berlín tan remotamente en su historia que tendrán ese mismo deseo de poder ver cómo ocurrió, incluso una recreación de la ciudad con el muro construido, pudiendo realizar una comparación al paso de los años.

Tomando un ejemplo nuestro, sería interesante y revelador revivir los eventos ocurridos el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, fomentando la curiosidad de algunos de poder ver cómo transcurrieron los hechos.

Existen muchas dudas respecto a cómo funcionaban las estructuras arquitectónicas que persisten hasta nuestros días, pero que, sin embargo, ya no se les da el uso que solían tener, pudiendo ser porque quedaron abandonadas y después fueron retomadas, o simplemente con el paso de los años fueron demolidas y sobre sus cimientos se construyeron otros edificios.

Tal podría ser el caso de la Ciudadela de San Benito, antiguo edificio en la ciudad de Mérida que fue demolido en el siglo XIX. Puede que no contemos con máquinas del tiempo, pero contamos con herramientas que nos permiten realizar reconstrucciones del patrimonio material que poseemos, como el caso de la reconstrucción digital.

Es importante entender el potencial que tiene la reconstrucción digital no solo para salvaguardar el patrimonio material, sino su capacidad de fungir como herramienta en la enseñanza de la historia.

Durante mucho tiempo se ha manejado una dupla de palabras que en el imaginario colectivo siempre van de la mano: la historia y la monotonía.

Recuerdo bien que cuando veía la materia de historia en la primaria era un ciclo hasta cierto punto cerrado, como el realizar cuestionarios de lecturas inmensas, y aunque yo no tenía problema con estas actividades, otras personas empezaban a generar un estigma acerca de esta asignatura, estigma que gira alrededor de palabras como aburrido y tedioso, donde la historia no es vista como herramienta fundamental para comprender nuestro presente, sino como una clase donde se ve que Antonio López de Santa Anna le hizo un funeral a su pierna perdida de un cañonazo.

Ahí recae la importancia de brindar diversas herramientas para poder cambiar la manera en la que los estudiantes aprenden acerca de la historia, para que puedan empezar a realizar conexiones con su realidad, pudiendo conocer su pasado para entender su presente.

Aquí es donde entra la reconstrucción digital; existen proyectos que ya realizan estas reconstrucciones digitales de eventos históricos; como ejemplo concreto, tenemos la reconstrucción digital del Auto de Fe ocurrido en Maní el 12 de julio de 1562, proyecto realizado por un colectivo internacional de investigadores llamado Præteritas Urbes, que agrupa especialistas de México, Estados Unidos, España, Italia y Polonia, representando sin duda un admirable esfuerzo por transformar la manera en la que se aprecia la historia.

Este proyecto de investigación será presentado en la exposición Ídolos: persistencias y resistencias en febrero de 2023, en el Museo Regional Palacio Cantón de Mérida.

Sin duda estas reconstrucciones tienen la capacidad de ser herramientas complementarias para profundizar en una mejor comprensión de la historia.

El acercar esto a los estudiantes puede hacerse desde diversas tecnologías, como por ejemplo la realidad virtual y la realidad aumentada, que las vemos generalmente aplicadas en los videojuegos, pero su potencial no se limita a un medio de entretenimiento usado en las consolas, sino en ser herramientas para la mejor comprensión de conceptos y eventos.

Siendo igual que las juventudes están muy familiarizadas con estas tecnologías, lo cual no supondría un reto en su utilización y aprovechamiento.

Ciertamente a mí, como joven preparatoriano, me hubiera encantado poder visualizar de manera digital mediante estas tecnologías edificios u objetos siendo utilizados; no solo me facilitaría a la comprensión del tema, sino a otros compañeros que no están tan interesados como yo, llamando su atención y disminuyendo la carga que puedan sentir de una asignatura de contenido histórico.

Claro, siempre tomando en cuenta que es una herramienta y no algo que remplaza por completo una clase. Utilizado de una manera complementaria, donde se le brinde al estudiante una contextualización de lo que verá, siendo capaz de aplicar este conocimiento de manera “material” sin la necesidad de transportarse miles de kilómetros.

Actualmente participo en el programa Formación Temprana de Científicos, dentro del proyecto Savia, en el proyecto de investigación antes mencionado que lleva por nombre “El Gran Auto de Fe de Maní, 1562. Visualización histórica y virtual” y sin duda este proyecto me ha permitido entender el potencial de estas tecnologías, sumergiéndome en un mundo que no era capaz de imaginar por mi falta de conocimiento en esta área, pero que sin duda me deja enamorado y con ganas de observar todo lo que es posible realizar en cuestión de reconstrucción virtual, ubicándonos en la ciudad de Mérida y México, dejándome con ganas de profundizar más y entusiasmado por compartir con compañeros y conocidos lo que podemos hacer en las aulas y museos para transformar la manera en la que se observa y estudia la disciplina de la historia.— Mérida, Yucatán.

dpolancocervera@gmail.com

Estudiante de Bachillerato, Escuela Preparatoria No. 2, Uady, becario del programa Formación Temprana de Científicos, SIIES, adscrito a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab

 

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