Como apasionado de la educación, siempre he tenido una mirada crítica del modelo de enseñanza que aún predomina en gran medida. Estoy muy convencido de que existen diferentes tipos de inteligencias, por lo que no simpatizo del todo con el esquema de exámenes estandarizados para evaluar el aprendizaje ni formatos rígidos de programas curriculares.

Y es que además de la personalidad única que cada ser humano posee y distingue de los demás, me parece que los individuos contamos con diferentes talentos que aportan valor a la sociedad.

La educación del presente y el futuro, en mi opinión, debe privilegiar la labor de reclutar talentos específicos y áreas de desarrollo en mujeres y hombres desde temprana edad.

Ventajas

Vislumbro múltiples ventajas del paradigma educativo propuesto. Primero, al detectar potencial en áreas determinadas como los artes, las ciencias o las humanidades, será viable imprimir esfuerzos en maximizar las destrezas de la persona en cuestión.

¿Qué hubiera sido de Mozart, el genio musical, si le hubiesen prohibido acercarse a un piano, obligándolo a estudiar arquitectura?, ¿qué hubiera ocurrido si a Aristóteles, la eminencia de la filosofía, le imponían ejercer oficio como carpintero?

Cada persona tiene intereses, aspiraciones y objetivos particulares. Motivar el desarrollo de sus talentos no solo es bueno para sí mismos, sino también para el entorno en que se desenvuelven.

En segundo término, el papel del profesor es fundamental. La función del maestro no se limita a dar cátedra de lecciones predeterminadas: su misión es motivar, guiar y fungir como mentor. Se requiere de sensibilidad para identificar talentos puntuales. Los docentes que marcan nuestra vida (todos tenemos uno), son aquellos que consiguen impulsarnos a perseguir nuestros sueños.

Por ello, la nueva educación debe enfocarse en dar oportunidad a todas las personas de desarrollar sus capacidades y talentos. Tal como dice el Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, la peor tragedia de la pobreza, es que impide a mujeres y hombres crecer en sentido amplio como agentes de cambio para mejorar su entorno.

En la medida en que nos enfoquemos en maximizar las cualidades de los individuos, empezaremos a construir sociedades más conscientes. Una educación centrada en los perfiles y aptitudes particulares de cada alumno es posible.

Como tercer elemento: gobierno, iniciativa privada y sociedad civil debieran sumar esfuerzos para construir un futuro de esperanza de la mano de la educación, proyectando las cualidades de cada persona, por medio de incentivos como becas, oportunidades laborales y cursos especializados en promover el talento.

Los países más desarrollados se toman muy en serio esta tarea. Por supuesto que los conocimientos básicos en asignaturas como Historia, Matemáticas e Idiomas son esenciales para estimular el pensamiento crítico, pero invertir em el talento artístico, deportivo y social también es imperativo.

Como sociedad precisamos cultivar a líderes creativos con sentido humanitario. Independientemente de la disciplina que elijan, hace falta gente dispuesta a romper paradigmas para avanzar hacia liderazgos capaces de afrontar los desafíos del siglo XXI.

Ruptura

Si rompemos esquemas obsoletos, seguramente seremos capaces de responder a las demandas y necesidades de una actualidad que debe lidiar con cuestiones cruciales como el cambio climático, la desigualdad económica, y la apertura democrática.

Está claro: el talento es insuficiente cuando no va acompañado de trabajo duro y constancia. Entonces, hay que centrarnos en identificar el potencial de desarrollo humano y trabajar en acompañar el proceso de maduración y consolidación de las fortalezas y habilidades individuales. De ello dependerá, que las sociedades puedan superar las asignaturas pendientes que todavía nos aquejan, construyendo a la par un porvenir prometedor.

Todas las personas disponemos de algún talento o cualidad, por lo que estamos llamados a servir como partícipes del cambio que queremos ver en el mundo.

Impulsar el talento es edificar una realidad mejor para todos y todas. —Mérida, Yucatán

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

 

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