El capitalismo en todo el mundo y en todas sus variantes vive una etapa crítica reflejada de diversas maneras, pero sobre todo en el drama social que sufre la población mayoritaria: desempleo, pobreza, migración, descontento social, etcétera.

Tiene algo de razón Javier Milei, populista de derecha que pretende gobernar Argentina, cuando señala que prácticamente todos los regímenes latinoamericanos se basan en los modelos macroeconómicos ortodoxos que ya están rebasados por la realidad desde hace tiempo.

De la crisis nadie escapa. La más grave tendencia que desestabiliza y pone en riesgo el futuro del país es la concentración y centralización de la riqueza y el poder económico en unas cuantas manos.

Naturalmente, el problema económico es más que eso: la desigualdad económica y política se ha vuelto un terreno fértil para el autoritarismo. La desigualdad económica tiene como resultado inevitable la desigualdad política, aunque con diversos grados según el país. Desafortunadamente a las elites políticas no les preocupa este tema.

Los populismos, de derecha que representan Bolsonaro (Brasil) y Milei (Argentina) o bien de izquierda que encarnan López Obrador, Lula da Silva (Brasil), Gabriel Boric (Chile), son resultado del descontento social a causa de la pobreza y la desigualdad política. Digo derecha e izquierda con tal de hacer una distinción de énfasis más que de un trasfondo ideológico.

Los populistas son dirigentes que —aunque ellos dicen que sí— no tienen ninguna de las respuestas que buscan los votantes descontentos. No atienden los problemas estructurales y, por el contrario, las políticas que aplican cuando se les da el poder sólo son remedios temporales que empeoran las cosas.

Por su parte, las mujeres se han alzado con fuerza en todo el ámbito público tras el desgaste de los grandes líderes de los partidos tradicionales por años de corrupción y autoritarismo. Son muchas las mujeres de todo color político las que han sumado fuerzas en la lucha contra la crisis económica crónica.

No es casualidad que en México tengamos dos candidatas para la presidencia de la República con todas las pintas de un líder populista. Xóchitl, indigenista en el gobierno de Fox, cobró notoriedad tras enfrentarse al presidente de la república AMLO. Su presencia en el discurso de las mañaneras fue el detonante de su popularidad que le permitió superar a los otros candidatos del Frente Amplio por México. Claudia Sheinbaum pertenece al mismo partido político del presidente AMLO y es una declarada partidaria del populismo de su mentor, de la continuidad.

Otro indicador de la mencionada crisis crónica del capitalismo, que tiende a crecer, es el drama social de las migraciones internacionales. En el continente americano el perfil de la población de migrantes ya cambió y ahora son gente que tiene educación y familias, muchos de ellos de clase media que vinieron a menos.

El drama de la migración que se vive en diferentes regiones del continente revela que los Estados a los que originalmente pertenecen las personas no tienen la capacidad de cumplir y hacer cumplir lo que marcan sus constituciones y sus marcos jurídicos, ante lo cual las personas deciden abandonarlo todo, y poner en riesgo sus vidas para buscar un mejor lugar dónde vivir.

La cuestión es de una gravedad mayor por todo lo que implica en términos políticos, económicos y culturales. Y ello obliga a pensar en el fenómeno de la migración del siglo XXI, el cual está siendo provocado por factores más allá de la pobreza: por un lado, la violencia, y por el otro, los dramáticos efectos del cambio climático y la pérdida del capital natural de los territorios.

Explicaciones sobre la crisis crónica del capitalismo hay muchas, pero una que se destaca es el aumento de la desigualdad, un problema derivado del capitalismo global moderno, al que también se le pueden hallar muchos vínculos con la erosión de la democracia.

Así las cosas, el único modo de empezar a mejorar con justicia el bienestar de toda la ciudadanía (y de paso desinflar la ola populista) es atacar las variables estructurales que agravan la pobreza y la desigualdad social.— Mérida, Yucatán.

bramirez@correo.uady.mx

Doctor en Sociología, investigador de la Uady

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