“La arquitectura es el testigo menos sobornable de la historia”, nos dijo Octavio Paz, y ante los retos que nos plantea el cambio climático, ¿qué estamos haciendo por las ciudades?
Pensamos que hacer ciudad es solo construir o edificar, hacer normas y cumplirlas. Hacer ciudad ante los efectos del cambio climático nos plantea como prioridad un proceso: la renaturalización.
Si bien hay esfuerzos loables en este sentido que realizan autoridades e iniciativas sociales y privadas, se requiere redoblar esfuerzos e incrementar el interés general.
Las ciudades hasta en un momento de su historia crecieron con belleza, utilidad, lógica y responsabilidad; ahora se extienden, tienen islas de calor, no hay paisaje y escasos espacios verdes.
El punto es que, ante los retos que el cambio climático se pone a la vista de todos, las ciudades deben iniciar o continuar con urgencia un proceso de adaptación, mitigación o la remediación por la falta de espacios verdes.
La renaturalización o rewilding es la recuperación de las condiciones naturales del ámbito anteriores al proceso de urbanización.
Mérida era una cubierta de selva baja caducifolia (PMDU, 2017) y los servicios ecosistémicos que proveía dependía de la capacidad de recarga hídrica de suelo.
La renaturalización no es solo revegetación, debe ser una acción conjunta, constante y completa de buscar recuperar la conectividad ecológica y para ello se deben realizar intervenciones completas, desde la base orográfica hasta la acción social; la revegetación debe emplear especies endémicas, como compensación al ecosistema alterado o perdido.
¿Qué implica un proceso de revegetación? Principalmente, conciencia. Desde nuestras viviendas, podemos iniciar este proceso, cumplir con el porcentaje de área verde en sus tres áreas características: permeable, arbolada y ajardinada.
En los espacios públicos, como comunidad se puede colaborar con la autoridad local para continuar con el proceso de revegetación, siguiendo la norma y los catálogos botánicos la guía a seguir.
Este proceso conjunto —constante—completo—conectado permitirá restablecer o fortalecer beneficios ambientales indiscutibles, tales como: calidad de los hábitats, calidad de aire, restablecer la biodiversidad, absorber emisiones de carbono, recarga hídrica, entre otros.
Los beneficios sociales de un proceso de revegetación pueden ser mejora de la salud, dado que el contacto de las personas con los ambientes naturales disminuye enfermedades respiratorias, mentales, físicas. En los barrios, las zonas verdes son un aliciente para chicos y grandes, un menor riesgo de tener sobrepeso; alientan a andar en bicicleta, caminar, socializar, convivir.
La vegetación en el entorno de las viviendas reduce la posibilidad de depresión y hace muy atractivas las zonas habitacionales, hasta proveen identidad y apropiación por su lugar.
En un escenario amplio, la revegetación nos permite la recarga hídrica, nos permite bajar la temperatura de las zonas urbanizadas y disminuir el consumo energético; una zona habitacional con proceso de revegetación plusvaliza el valor inmobiliario; supone ahorros o incrementos directos a las arcas municipales.
La Cumbre de Ambición Climática de las Naciones Unidas (UNCAS) celebró la Semana del Clima en NY (22 de septiembre); está motivando a todas las ciudades a adoptar medidas climáticas ambiciosas, colaborativas y urgentes; están llamando a construir un futuro más sostenible, resiliente y equitativo.
Uno de los casos que destaca es precisamente París, siendo una de las ciudades con alto nivel de planificación urbana, en los últimos 10 años ha mantenido un proceso de renaturalización Conjunto—Constante—Completo—Conectado, que le coloca entre las ciudades con ambición climática y embellecimiento urbano; le siguen Londres, Los Ángeles, Río de Janeiro, Nueva York y Toronto.
La renaturalización es un hecho en varias ciudades alemanas como evidencia de bienestar, han implementado anillos verdes, planes de gestión del árbol urbano, bosques urbanos, espacios verdes como parte de la cultura; ejemplo es la ciudad alemana de Dessau, que da muestra de renacer en color verde.
De acuerdo con la consultora ARCADIS IBI GROUP (Sustainable Cities Index), el ranking de las ciudades más verdes según los criterios de las Naciones Unidas en 2019, y en donde el punto de la renaturalización urbana (urban rewilding) es la inversión de sostenibilidad más ambiciosa que una ciudad puede tener, lo conformaron las ciudades de: Londres, Estocolmo, Edimburgo, Singapur, Viena, Nueva York, Madrid, Vancouver, Barcelona y Tokio.
En 2023, en el ranking de National Geographic, las ciudades con mayor equilibrio medioambiental, social y económico que invierten en la sostenibilidad como un valor y herramienta de convivencia, son: Oslo, Estocolmo, Tokio, Copenhague, Berlín, Londres, Seattle, París, San Francisco y Ámsterdam.
Es importante la economía en todas las ciudades, pero intentemos contar dinero sin respirar, tal como fue el eslogan en el año 2019 para la celebración del día mundial del medio ambiente: “Si crees que la economía es más importante que el medio ambiente, intenta aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”.
La ciudad que vivimos es la mejor oportunidad para practicar la renaturalización urbana, podemos comenzar desde nuestros espacios: el jardín, la azotea; la autoridad local siempre convoca a acciones de reforestación; hay grupos comunitarios que bien asesorados por los expertos, están realizando exitosas acciones; pero lo verdaderamente indispensable es seguir sumando esfuerzos para colocar la renaturalización en el punto de ser la Ambición Climática de la sociedad que conformamos.— Mérida, Yucatán.
Arquitecta, con maestría, profesora de tiempo completo de la Universidad Anáhuac Mérida.
