No hay denuncia verdadera sin compromiso de transformación, ni compromiso sin acción —Paulo Freire

Hace unos días, un video grabado con un celular muestra las condiciones en que opera la sala de urgencias de la T-1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), aquí en Mérida; pronto se hizo viral e incluso fue reproducido en los noticieros televisivos del país.

En mi anecdotario “Los Diez Consejos que Nadie me pidió…” (Edit. Felou), publicado en 2021, describo un pasaje ocurrido hace unos ocho años, dos antes de mi jubilación del IMSS: “Lunes, al medio día. Alguien dijo una vez: ‘Urgencias de la T-1…, el infierno de Dante’. Siempre pensé que exageraban; sin embargo, al menos ese día, después de pasar por una estancia donde los enfermos estaban, unos diez en sofás reclinables y otros tantos en sillas de plástico, en espera de que se les asignara una camilla de la sala de Urgencias, definitivamente este lugar previo tendría que ser algo así como el purgatorio. Y al llegar: ‘Buenas tardes, jefa. Doña Eduviges… ingresó sábado por la tarde’. Sin despegar la mirada de una tabla, la enfermera señaló hacia atrás con una mano: ‘Segunda fila, pasillo 3, entre cubículos 7 y 8 ’. Y no era broma. Esa tarde había un censo de 112 pacientes para un espacio supuestamente de 60”.

Lo que quiero decir es que lamentablemente es un problema añejo, digamos claramente transexenal; pero, muy en particular, en el caso de Yucatán, tengo a bien señalar que cuando estudiaba la carrera de Medicina, hace ya casi unos 40 años, existían dos centros hospitalarios del IMSS: el “Benito Juárez”, un ya maduro hospital que recién cumplió 50 años y la llamada T-1, más veterana, con 60.

Estamos diciendo que para 1972 teníamos dos hospitales para una población de aproximadamente 800 mil habitantes, los mismos dos que ahora tenemos para poco más de dos millones, 400 mil; redondeando números: dos hospitales para el triple de pobladores.

Desde luego hay que mencionar que como satélites funcionan tres hospitales generales (Umán, Ticul, Motul), una treintena de Unidades de Medicina Familiar y una de Medicina Ambulatoria. Aun con esto, la mitad de la población del Estado tiene cobertura del IMSS y simplemente, a pesar de todo, es evidente que sigue siendo la saturación el talón de Aquiles del Instituto.

Por lo anterior, la interpretación de lo visto en el video tiene varias aristas que habría que analizar. Así como me ha tocado ver estas dantescas escenas de congestionamiento, me consta que cuando hay voluntad y “se ponen las pilas”, las cosas cambian.

Alrededor de 2008, con una iniciativa del Jefe de Prestaciones Médicas, se instaló el uso del llamado Triage, un proceso de valoración clínica preliminar que clasifica a los pacientes según el orden de gravedad o urgencia, antes de completar las etapas diagnósticas y terapéuticas en el propio servicio de Urgencias.

También se reorganizó el organigrama, de tal manera que se implementaron programas para asesorar a los Médicos Familiares para ser más resolutivos en sus manejos y disminuir el llamado “picheo” a las especialidades que, al final de cuentas saturan los servicios.

Se estableció la denominación de urgencia real y sentida que eficientó la expedición de las incapacidades; en definitiva, los resultados fueron palpables, a tal grado que el milagro ocurrió, aunque solo fueron semanas en que el servicio de Urgencias de la T-1 lució, si bien no vacío, si a una capacidad que impactó favorablemente en la atención del derechohabiente.

El problema se ha ido arrastrando de administración a administración. Las cosas han empeorado, somos reiterativos, ha habido un debilitamiento del sector salud durante este régimen. La falta de insumos por los recortes injustificados de esta mal llamada austeridad republicana han impactado en grado superlativo.

Se presume de la recuperación de las cifras de empleos, lo que se olvida es que éstas son medibles por el número de nuevos derechohabientes; en síntesis, más pacientes con menos recursos es igual a una atención más precaria. Además, no perdamos de vista el lastre del llamado IMSS-Bienestar: instalaciones, insumos y recursos quiérase o no del IMSS irán a parar a este nuevo organismo resultado del fracasado Insabi y la extinción del Seguro Popular.

La saturación siempre ha existido, pero el personal con la mejor disposición se ha esforzado por mantener el eslogan de calidad y calidez. A pesar de las carencias se salía avante con la atención al enfermo. Pero ¿qué se puede hacer para resolver esta especie de cuello de botella? Desafortunadamente no mucho, por ejemplo: en el video puede observarse algunos enfermos, probablemente con fracturas, uno en un hombro y otro en el tobillo, sentados, canalizados, esperando ya no pasar a piso, cuando menos instalarse en una camilla. Este tipo de pacientes, sin compromiso en su estado, podrían ser dados de alta transitoria, programados para su cirugía…, lo cual tambien es difícil por los quirófanos repletos, sin olvidar que contraviene lo estipulado por las NOM y las guías de manejo respectivas; además de las implicaciones legales en caso de una inesperada complicación.

Para rematar: un día después se difunde el video de un individuo con evidentes muestras de afectación mental, que estuvo en el servicio de urgencias y se escapó como Dios lo trajo al mundo, lo cual vuelve a abrir el debate de la necesidad de centros u hospitales exclusivos para urgencias psiquiátricas, algo por cierto ya derogado en esta 4-T.

Lo diremos una y otra vez: ¡la falta es de hospitales, no de médicos!, y por favor, si se van a hacer que sean a la antigüita: amplios, de una sola planta, más funcionales, más adaptables como covitarios y además se ahorrarían los elevadores.

Se entiende la molestia de la persona que graba el video, pero difiero en el sentido que ni el gobernador, ni el alcalde tienen injerencia alguna, en lo que ocurre en el IMSS…, es de índole federal. Tampoco coincido del todo en condenar las polémicas megaobras como el Tren Maya que, aunque pueden estar costando una fortuna, no perdamos de vista que es obra pública; en este punto recriminaría más bien que deje de desperdiciarse los recursos en cosas inútiles, como lo fueron los 528 millones de pesos tirados al caño en la llamada consulta para enjuiciar a los expresidentes, o el dinero despilfarrado en precampañas fútiles llámese o no de las corcholatas; la contaminación visual de espectaculares y todo tipo de publicidad que han costado miles y miles de pesos, incluyendo el costo diario de la emisión de las mañaneras, porque desde que ha empezado este sexenio el primer mandatario sigue actuando como candidato, ejemplo que lamentablemente ha cundido en el resto de la clase política. Ni el INE y su tribunal los detiene.

La denuncia en redes sociales ha sustituido a las de antaño. Se hablaba de uno que otro directivo que cuando un familiar furibundo (con justa razón) se dirigía a la dirección a quejarse, bastaba el amago con ir al periódico a denunciar para que sea escuchado. Ante la amenaza, se ganaron el mote de moscas ya que el “periodicazo” los espantaba.

Pero lo que es preocupante es percibir al personal del Instituto: alicaído, afligido, abatido…, en pocas palabras los compañeros están cansados, rebasados… “¡ya no dan más!”.

Lamentablemente, los reflectores están en otro lado, es temporada electoral…, aunque aun hay gente que día a día se le olvida gobernar y siguen de candidatos, aun cuando ya han sido elegidos.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán