Las elecciones federales a celebrarse en junio de 2024 constituyen un acontecimiento de la mayor trascendencia política, económica y social para el país, toda vez que lo que estará en álgida disputa es la continuación del gobierno de la Cuarta Transformación o bien el regreso de las fuerzas políticas que ejercieron las máximas instancias del poder hasta diciembre de 2018.
A lo largo de las precampañas y campañas electorales que habrán de darse en los tiempos previstos por la legislación vigente, la ciudadanía no sólo podrá analizar y ponderar las propuestas programáticas que habrán de hacerle las y los abanderados presidenciales, sino que sabrá valorar en su justa dimensión la profundidad, el impacto y los alcances que han tenido los principales cambios que ha impulsado el gobierno encabezado por AMLO, considerando los naturales claroscuros que están implicados en una obra transformadora de esta magnitud, máxime si se toma en cuenta la diversidad, extensión y complejidad que caracteriza a nuestro país.
Como se sabe, en Yucatán —igual que en otras 8 entidades federativas— tendremos elecciones concurrentes, ya que también habrá cambios en la gubernatura, alcaldías y diputaciones locales.
Es importante señalar que en las elecciones de 2018 se produjo en Yucatán un hecho político de gran relevancia, el cual tendrá un innegable impacto en el proceso electoral en puerta: la irrupción de Morena condujo a la ruptura del bipartidismo PRI-PAN que prevaleció en nuestra vida pública durante más de tres décadas.
Si bien en dicha contienda el PAN le ganó al PRI la gubernatura y también retuvo el Ayuntamiento de Mérida, cabe destacar que la participación de Joaquín “Huacho” Díaz como candidato de Morena al gobierno estatal le permitió a Andrés Manuel López Obrador triunfar por primera vez en el estado.
He hecho las referencias anteriores con el fin de analizar un fenómeno político sin precedente que se comenzó a producir en Yucatán al realizarse los procesos internos partidistas mediante los cuales se está seleccionando a los abanderados a la gubernatura del estado.
Como es de público conocimiento, el PAN concluyó su proceso al seleccionar como su virtual precandidato al alcalde de Mérida, Renán Barrera Concha, en tanto que el proceso de Morena llegará a su fin cuando el próximo 30 de octubre se anuncie a la persona que habrá ganado la encuesta a realizarse en los próximos días, la cual, desde luego, se convertirá en el o la aspirante guinda para el gobierno del estado.
Pues bien, el fenómeno al que me refiero líneas arriba consiste en el despliegue de un inédito reacomodo de fuerzas políticas, sociales y económicas en el estado, el cual —por su contenido y magnitud— no tiene precedente en la historia reciente de nuestra entidad.
Más allá de los saltos chapulinescos y de la llegada de tránsfugas de toda laya a Morena (a lo cual me referí en mi colaboración del pasado 13 de octubre), lo que se aprecia en la actual coyuntura preelectoral de Yucatán es un fenómeno más amplio: se trata de una suerte de realineamiento y readscripción de grupos, fuerzas y liderazgos, una auténtica migración pragmática hacia las dos principales coaliciones que se disputarán el poder en el inminente proceso electoral.
El caso de la diáspora que vive el PRI en Yucatán ilustra de maravilla este insólito reacomodo político en Yucatán, el cual conducirá sin duda a una significativa reconfiguración de la geografía política de nuestra entidad después del 2 de junio de 2024.
Ante la evidente desarticulación general del PRI yucateco, las cabezas de grupos y corrientes están dando el brinco a la 4T, como es el caso reciente del senador expriista Jorge Carlos Ramírez Marín, por lo que es previsible que pronto se de una cascada de saltos al morenismo de todo tipo de personajes priistas —potables unos, impresentables muchos—, en tanto que otras personalidades priistas no tendrán más remedio que impulsar la alianza del tricolor con el PAN y su abanderado a la gubernatura.
En esta tesitura, el reciente evento presidido en Valladolid por la aspirante presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum, también permitió observar con meridiana claridad este alineamiento a través de la “suma” de empresarios, caciques regionales, exalcaldes priistas y panistas de los grandes y medianos municipios, académicos otrora priistas, etc.
Así las cosas, ocurre que variadas fuerzas, corrientes y personalidades se aglutinan ahora en torno a dos figuras que, como todo parece indicar, encabezarán la disputa por el poder en Yucatán: por un lado “Huacho” Díaz y por el otro el virtual aspirante del PAN, Renán Barrera, con el agravante de que el alcalde de Mérida carece del apoyo de Mauricio Vila y adicionalmente es objeto de una especie de cerco político al interior de las huestes blanquiazules, en tanto que el exdelegado de Bienestar goza del respaldo mayoritario del bien controlado Consejo Estatal de Morena y del plausible apoyo de AMLO y de la propia aspirante presidencial Claudia Sheinbaum.
Finalmente, en el análisis de este reacomodo de fuerzas no puede soslayarse la participación del gran capital yucateco, el cual nunca ha sido ajeno a las disputas por el poder político (“la política es la expresión concentrada de la economía”, Lenin dixit).
Preocupados siempre por sus sacrosantos intereses y en aras de garantizar sus apetecidas ganancias, la burguesía yucateca habrá de dividir sus amores entre el proyecto obradorista que representa “Huacho” Díaz y la propuesta del FAM que abandera Renán Barrera.
Preparémonos, pues, para ser testigos de nuevas y diversas expresiones de este complejo reacomodo de fuerzas, liderazgos, corrientes e intereses que están inmersos en esta desaprensiva disputa por el poder. Veremos.— Mérida, Yucatán.
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Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
