El arte, la libertad y la creatividad cambiarán la sociedad más rápidamente que la política —Víctor Pinchuk
Diez o tal vez quince sean los años que nos lleva de adelanto Colombia. Fueron cuatro días en Medellín, el que fuera el territorio de Pablo Escobar, para tener una noción de lo que espero en cierto sentido pueda ocurrir algún día en México.
Es muy conocida la historia no solo por todo lo que se ha escrito del tema, lo documentado en imágenes, sino también lo que llevado a la pantalla refleja hasta dónde el narcotráfico escaló niveles insospechados emergiendo un ente criminal que convirtió a su país en un triste referente mundial.
Cuando estaba rotando en la residencia de ortopedia en la CDMX, en el hospital de Magdalena de las Salinas del IMSS, pude convivir con varios colegas provenientes de Colombia, todos ellos grandes personas y amigos, muy agradecidos de poder hacer la especialidad en la “Catedral del hueso”, como uno de ellos se refería al recinto, y a él lo recuerdo muy bien, porque una vez a la semana se efectuaba en el auditorio la sesión plenaria y una mañana de abril de 1990 dio una charla sobre Colombia, señalando: “Gracias por permitir el dirigirme a ustedes. Mi intención es hablar de mi país, somos mucho más que narcotraficantes, muerte y drogas”.
Estábamos en pleno proceso de lo que algunos socio-politólogos han documentado como “Colombianización”; durante una hora nos maravilló con toda la riqueza cultural, culinaria y hermosos paisajes; nos habló de Botero…, de García Márquez.
Colombia se está despojando del estigma. Medellín ya no es sinónimo del reino del terror, es más la cuna de Botero y sobre todo el ejemplo de cómo puede transformarse un país.
Por supuesto que no fue nada sencillo. Está bien documentado el grave conflicto al que se enfrentaba el gobierno colombiano en turno con los narcotraficantes y la guerrilla: una batalla perpetua en dos frentes.
En Medellín y en toda Antioquia se habla de un antes y después de la llegada de Álvaro Uribe, el de la mano dura, más que de Juan Manuel Santos el que le puso la firma al cuadro y, de paso se llevó el Nobel de la Paz. Cae Escobar. Se debilitan los cárteles, capitula la guerrilla.
Cambios tangibles para mejorar la urbanización y las condiciones sociales de sus habitantes fueron críticos.
La impresionante Plaza Botero, patrimonio de la humanidad, donde vemos enormes estatuas que tienen en la gordura el arquetipo peculiar del arte, rematado a unos metros por el museo.
Pero nada se compara al barrio conocido como la Comuna 13. Medellín está enclavada entre montañas. Transitando por calles impecablemente asfaltadas llegamos al célebre barrio. Bajo torrencial aguacero, el guía del recorrido, un simpático chico, mientras nos resguardábamos en un toldo en medio de la lluvia, rayos y truenos, nos contó la historia y la transformación del lugar.
En una de las zonas más elevadas predominaban las pandillas, la parte más peligrosa no solo de la ciudad, del país y hasta del mundo, ya que era el sitio favorito para el reclutamiento de futuros sicarios para el cártel de Escobar. “La gente de aquí cambió las pistolas y las navajas por botes de aerosol”.
Con un atrevido programa de inclusión social arrancó una metamorfosis radical. El arte: la puerta de entrada. Los pandilleros se convirtieron en hábiles muralistas. En varios puntos del recorrido destacan coloridos grafitis que representan personajes, pasajes y viñetas de la historia de la Comuna 13.
Después del aguacero, las calles secas… un drenaje impecable. Iniciando el ascenso en empinadas calles pronto quedamos atrapados en un mar de gente, entre filas interminables y consecutivas de tiendas de recuerdos, artesanías, puestos típicos de comida y helados.
Uno puede detenerse a tomarse la foto con el doble de Escobar o para sorpresa nuestra con un hombre disfrazado del Chavo del 8 emergiendo de un barril. Las lóbregas callejuelas, los recovecos de delincuentes se reemplazaron, mediante una millonaria inversión, en reconfortantes sendas, convertidas en miradores.
Los escalones de concreto, más de 350, que llevaban a los puntos más elevados fueron sustituidos por escaleras eléctricas… ¡sí, escaleras eléctricas públicas en un barrio!
En simultáneo las artes florecen desde la pintura en todas sus expresiones, la música representada con raperos (unos ases de la improvisación), bailarines urbanos y música en vivo en varios rincones que se funden en espectacular amalgama de colores y sonidos.
De ser la zona un nido de la muerte hoy atrae a unos cinco mil turistas al día que disfrutan desde las alturas las espectaculares vistas de la ciudad. Una derrama económica sin precedente en este que es el sitio turístico más seguro de Medellín.
Pero ¿qué queda de Pablo Escobar? Hay una industria turística que gira alrededor del personaje. Una de sus casas se ha convertido en museo, en donde la figura más impresionante es uno de los hermanos sobrevivientes de un atentado, firmando autógrafos (como un Rock Star) en souvenirs y libros que ahí se venden. Completan la colección una enorme cantidad de objetos que son mudos testigos de la historia reciente del país sudamericano.
Comuna 13 en una sola palabra: ¡sublime! Es ejemplo de que cuando se atacan las causas, el problema de la criminalidad, puede revertirse. De acuerdo con lo que pregona nuestro presidente: ésta es la solución, pero lo es a muy largo plazo, a menos que, se recurra a medidas drásticas.
La operación Mariscal, pero sobre todo la Orión, barrió durante tres días de sanguinarios combates a las pandillas, guerrilleros y sicarios. Modelo copiado por los brasileños para acabar con grupos criminales en las favelas de Río de Janeiro.
En pocas palabras, la distancia se acorta cuando menos dando un manotazo en la mesa y exclamando un ¡ya basta!
Colombia ha pasado a mejores tiempos. Sin embargo, nubes negras se detectan en el horizonte. Hubo cambio de gobierno. La llegada de Petro, el exguerrillero, ha traído mucha desilusión de gente que votó por él, incluso de la referida comunidad que se siente decepcionada; hay ese temor reprimido de que la guerrilla resurja de las cenizas.
El “efecto Petro” se ve también en la Plaza Botero. El guía nos comentaba: “Antes de que llegara el actual alcalde de Medellín, que es de un partido distinto al de Uribe, el lugar brillaba por su limpieza”. Ésto en referencia a la cantidad de vendedores ambulantes que lamentablemente producen una evidente contaminación visual y auditiva.
“Todos tienen derecho a ganarse la vida”, frase de corte populista, propia de la jerga del primer mandatario colombiano.
Es una tristeza que los ojos del mundo ya no vean al mexicano, ni siquiera como aquel del enorme sombrero y zarape recostado en un nopal. El crimen mundial se está “mexicanizando”. Los villanos de Hollywood ya no son los nazis, los rusos o los talibanes, ahora el prototipo es el narco mexicano.
El joven me cuestionó: “Si lo estamos logrando…, ustedes mexicanos ¿por qué no”? Solo encogí los hombros, un tema muy complejo.
Ojalá fuera nada más cuestión de voluntad: Estamos pegados a Estados Unidos, compartimos 3,152 kilómetros de frontera; Colombia está a unos 4,300 kilómetros en línea recta del punto más cercano.
Le doy la razón al presidente López Obrador cuando repite la frase atribuida a Porfirio Díaz y que en realidad es de José Nemesio García Naranjo: ¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!— Mérida, Yucatán.
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Médico y escritor
