Marisol Cen Caamal (*)

Querido lector. Imagínese que yo le muestro un billete de $100, y le pregunto ¿cuánto vale ese billete? Seguramente, sin dudarlo, usted me responderá que $100.

Y Si le pregunto. ¿Por qué vale $100? Tal vez la respuesta más común sea: porque eso dice en el billete.

¿Pero quién realmente valida lo que dice ese billete? ¿Por qué ese pedazo de papel que dice $100 realmente vale $100? Cuando lo utilizamos todos acordamos que vale $100 y no $90, $80 o $120. ¿Y si nos pusiéramos de acuerdo que, aunque diga $100 vale $50 o vale $200? ¿Sería posible o no?

Tal vez allí surja la respuesta de que el gobierno tendría que aceptarlo.

Quizás algunas personas hayan escuchado decir que el dinero que existe en circulación está respaldado por oro, y por eso vale lo que dice. De hecho, ese es un mito común, pero actualmente no es así como funciona.

Esta idea permanece por que en algún momento de la historia el dinero estuvo respaldado por oro. En 1821, Inglaterra fue el primer país en adoptar un patrón llamado Patrón Oro (Gold Standard). En este patrón oro, el valor de la moneda del país, estaba en función de la cantidad de oro que el país poseía.

Durante el siglo XIX, el patrón oro fue adoptado por otros países como Alemania, EE.UU., Dinamarca, Holanda, Noruega, Suecia y otros países, e incluso México en 1905 adoptó una variante del patrón oro.

Sin embargo, con las guerras mundiales, este patrón oro no pudo sostenerse más, por lo que en 1944 se firmó el tratado de Bretton Woods en Estados Unidos, con el objetivo de redefinir el sistema monetario internacional. En este tratado, se acordó utilizar como moneda principal de reserva al dólar estadounidense. Su valor se vinculó al oro a un precio de 35 dólares por onza de oro. A este sistema se le conoció como el patrón oro-dólar y se mantuvo hasta 1971, cuando el presidente en turno de los EE.UU., Richard Nixon, eliminó este régimen y se cambió al sistema de los tipos de cambio flotantes y al dinero Fiat.

Fiat, en latín significa “hágase” o “que así sea”. El dinero Fiat es aquel cuyo valor se basa en la confianza de las personas que lo utilizan. El gobierno lo establece y los ciudadanos aceptan y confían en su valor.

Este tipo de dinero no requiere estar respaldado por algún activo o reservas.

En nuestro país, confiamos en que un billete que dice $100, vale $100, porque creemos que el gobierno respaldará ese valor, y todos confiamos en que vale lo que dice, aunque no esté respaldado al 100% por oro, ni por reservas en moneda extranjera. Nuestro dinero es dinero Fiat.

Aprovecho para romper otro mito que consiste en creer que todo el dinero que está circulando está respaldado por reservas. Esto no es así en ningún país. Si funcionara de esta manera, el crecimiento en la economía de los países se vería limitado por las reservas que pudiera tener.

En nuestro país, el banco central, que es el Banco de México (Banxico), es el único autorizado para emitir billetes y monedas. Realmente, Banxico puede emitir todos los billetes que quiera, pero la razón por la que no lo hace es porque si se aumenta la cantidad de dinero en circulación, la gente tendría mayor poder adquisitivo, y sin una oferta suficiente para cubrir la demanda, generaría hiperinflación, tal como ocurrió en Venezuela.

Si un presidente en turno de nuestro país les pidiera a las autoridades del Banco de México imprimir más dinero para dárselo a la gente, esas autoridades deberían negarse. Esto no tendría que ver con las reservas, sino porque se atentaría contra la misión del Banco de México, cuyo objetivo prioritario, es preservar el valor de la moneda nacional a lo largo del tiempo (es decir controlar la inflación), para cuidar el bienestar económico de los mexicanos.— Mérida, Yucatán.

Consultora Financiera y directora de las Licenciaturas en Administración y Finanzas, Universidad Anáhuac Mayab.

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