Yucatán es sin duda un pueblo de tradiciones, de mucho arraigo, con costumbres que nos identifican marcadamente ante el resto del país.
Por ello, independientemente del paso de los años o de la enorme cantidad de personas que escojan nuestro estado para vivir, debemos mantener esa cohesión y ese arraigo en nuestras tradiciones locales. Ya que esto nos identifica y nos da vida como yucatecos, desde nuestra forma de hablar, de vestir, las celebraciones y nuestra variada gastronomía.
Son tradiciones que se mezclan de una comunidad a otra o de una región a otra de la planicie, pero que encuentran sus raíces en el admirable pueblo maya.
Es nuestro máximo deber como yucatecos que las tradiciones se mantengan vivas y que sean vistas con profundo respeto por los que ya viven entre nosotros.
Hace unos días asistí a la presentación de la plaqueta literaria “Aires de Finados” realizada por la Unión de Escritores Comunitarios de Yucatán, en la biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza.
Una plaqueta literaria es una pequeña obra o libro corto en el que se difunde a escritores noveles.
El tema central fueron los “finados” o las almas de las personas que han partido de este mundo y que los que aquí les seguimos guardando respeto y homenajeando.
De entrada, aun cuando la celebración del Hanal Pixán es a inicios de noviembre, lo cierto es que en Yucatán esta celebración dura todo el mes.
En la cultura maya, la muerte es un elemento natural que se recibía con ciertos rituales. Los mayas consideran que las almas o pixánes son un regalo de los dioses para los humanos; estos elementos marcan la fortaleza de los individuos y determinan su destino. Una vez que la muerte llega, los pixanes abandonan el cuerpo físico y viajan al inframundo.
Para los mayas, las personas difuntas no entendían la naturaleza de su muerte sino hasta días después, por lo que sus familiares les cuidaban y lamentaban su partida. Asimismo, acompañaban sus tumbas con ofrendas o máatan de acuerdo con las funciones que desempeñaban en su comunidad.
Un elemento, sin duda, fundamental en esta preparación del camino al inframundo para los pixanes es la comida. A los difuntos, al ser enterrados, se les colocaba una masa de maíz en la boca para que no les faltara alimento durante su viaje.
De igual forma, se colocaban altares en su honor en los que habían ofrendas como: agua, sal, fuego, miel, maíz, cacao, semillas, frutos, piedras preciosas, entre otros elementos.
Debido a la colonización, estos ritos sufrieron una importante modificación dando como resultado celebraciones con orígenes tanto mayas como cristianas, una de éstas la más practicada por los yucatecos es el Janal Pixán o Hanal Pixán como se conoce actualmente por los usos lingüísticos del español.
Este tiempo de finados encierra un gran misticismo; su preparación empieza días antes y de eso se trata la plaqueta literaria, de cuentos o narraciones de las costumbres yucatecas en relación con el día de muertos.
Historias desde no dejar la ropa sucia en esos días porque los difuntos la lavarán, hasta no salir en la noche porque las ánimas llegan y podría verlas y podrían enfermarse.
Ese es el homenaje a nuestros muertos, así con sus virtudes y vicios que en vida tuvieron, los celebramos y con absoluto respeto. Respeto que están llamados a tener los propios y los que vienen de fuera.
Si bien cada vez existen otros tipos de celebraciones extranjeras que están ganando cada vez más terreno entre las familias y los niños como el Halloween, es deber de todos promover nuestras tradiciones y costumbres propias en primer lugar.
La única forma de mantener vivas nuestras tradiciones y costumbres es practicarlas y transmitirlas a las nuevas generaciones. Cuidemos nuestras tradiciones. Es el llamado.— Mérida, Yucatán.
mariomaldonadoe@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
