Una manga de langostas se detectó hace unos días surcando el aire en varios lugares de nuestra ciudad capital, y la presencia de estos insectos causó preocupación, porque representan una amenaza para las cosechas.
Estos alados emigran de un lugar a otro y se organizan en grandes grupos, a tal grado que podemos visualizarlos como manchas oscuras que nublan el cielo. Su objetivo son las cosechas para alimentarse, pero al lograrlo arrasan sin piedad el campo, pues a veces esa oscuridad cubre varias hectáreas.
En la política se da algo similar, pues existen personas que saltan de un partido a otro para buscar nuevas formas de alimentar su ego por el poder e incrementar la economía. A estos individuos saltarines se les denomina popularmente como “chapulines” o “langostas”.
Si los insectos devoran las hojas de las plantas y pueden destruir grandes plantíos, las “langostas” de la política van en grupos en busca de mejores puestos para devorar el erario público. Y también, en muchas ocasiones, arrasan con la economía de un proyecto, de un municipio, de un partido o de un estado.
Recientemente una plaga de esas “langostas” de la política está dejando los sembradíos del PRI, principalmente, para refugiarse e ir por mejor alimento a otros partidos. Sienten que la cosecha en el priismo ha terminado y buscan otros plantíos con mejor producción para explotarlos.
Empero, hay políticos que buscan cosechar en dos lugares simultáneamente sin dejar al partido en donde crecieron y se alimentaron. Ante este abuso y deslealtad, los dirigentes actúan y sancionan. Esto le sucedió a tres “langostas” priistas, dos exdirigentes del partido y un alcalde en funciones.
La Comisión Nacional de Justicia Partidaria del PRI acordó recientemente expulsar del partido a Francisco Alberto Torres Rivas y Luis Antonio Hevia Jiménez, los exdirigentes, y al alcalde de Motul Roger Aguilar Arroyo por incurrir “en actos de deshonestidad, deslealtad y atentar de manera grave contra la unidad ideológica del PRI”.
Son muchos priistas que están abandonando al partido para saltar a otros espacios políticos. Hay una fuga de esos llamados “chapulines” o “langostas”. Priistas de alto rango, quienes hicieron amplia carrera dentro del partido y ocuparon altos puestos, han renunciado al PRI, y detrás de ellos una cantidad de militantes y personajes conocidos, y se han refugiado en Movimiento Ciudadano, el PAN y sobre todo han engrosado las filas de Morena.
Sin embargo, hay priistas que sin renunciar al PRI realizan proselitismo en otro partido, tal es el caso de los tres expulsados, quienes son operadores de Morena, incluso el exdirigente priista, Luis Hevia, es el coordinador general de la precampaña del candidato a gobernador de Morena.
El PRI se ha ido debilitando paulatinamente, a tal grado que ahora está agonizando, a punto de expirar. No pudieron o no quisieron los dirigentes, por la confianza del poder absoluto que tuvieron en una época, democratizarse, acercarse al pueblo y sancionar a los malos elementos que abusaron de los puestos y se enriquecieron a costa del erario.
La corrupción fue alentada en vez de combatirla. Los favoritismos, el nepotismo, el influyentísimo, el amiguismo y el compadrazgo permearon en los diferentes niveles de gobierno hasta que todo este exceso no se pudo ocultar y la gente se cansó de tanto abuso y saqueo descarado.
Ahora, el priismo paga con creces sus excesos y soberbia por el poderío político que ostentó durante décadas. Sin embargo, muchos de los que hicieron carrera política en el partido, gozaron de privilegios, lograron posiciones de importancia, incluso amasaron fortuna, prefirieron saltar del barco tricolor que se hunde en vez de luchar en el interior para depurarlo y democratizarlo.
El Comité Directivo Estatal del PRI señaló, ante la expulsión de los tres saltarines emboscados, que cosechaban con dos camisetas puestas, que “no se permitirán actos de traición”, porque el partido está en un proceso de “renovación profunda y depuración”.
Si en décadas pasadas el PRI hubiera actuado así, sancionando a los malos gobernantes, alcaldes, legisladores, dirigentes y funcionarios, otra situación tendría el partido y la gente una percepción diferente a la que tiene del priismo.
El PRI está tan debilitado y agonizando que no puede competir solo como partido, al parecer busca una coalición con el PAN para participar en las próximas elecciones estatales. Dos rivales antagónicos, irreconciliables en el pasado, buscan unirse en el presente.
Hay una fuga considerable de “langostas” priistas que buscan nuevo alimento en plantíos de MC, el PAN y Morena, principalmente. Claro, los priistas pueden ser apoyo o una carga que arrastren esos partidos. En fin, unos traicionan renunciando, otros más buscan tener dos cosechas hasta que sean detectados y expulsados por traidores. Esos saltarines son “langostas” hambrientas de poder que buscan devorar presupuestos.— Mérida, Yucatán
marpero53@yahoo.com.mx
Profesor
