Babalucas vio unos zapatos carísimos. “Es que son de cocodrilo” —le explicó el de la tienda. Pensó Babalucas: “En esto puede haber un buen negocio. Con un par de zapatos de cocodrilo que venda cada día puedo hacerme rico”.
Tomó su rifle y fue a un pantano donde abundaban esos saurios. Pasó un cocodrilo, y Babalucas no le disparó. Pasó otro y tampoco. Muchos cocodrilos pasaron, y Babalucas no accionó su rifle. Caía ya la tarde cuando el tonto roque se dijo a sí mismo: “Esto es perder el tiempo. Si el próximo cocodrilo no trae zapatos me voy a casa”…
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