Ernesto Guerra de la Peña. Ernesto Guerra de la Peña. Foto: Grupo Megamedia

En un contexto de prolongadas precampañas, que parecen haberse iniciado hace mucho tiempo y que en los ámbitos locales concluirán en los próximos días, nos encontramos en un momento crucial de la contienda electoral.

En esta etapa, abundan las estrategias de comunicación política, la difusión de spots y eventos masivos dirigidos principalmente a “militantes y simpatizantes”.

Por un lado, la candidata de la oposición, Xóchitl Gálvez, parece estar navegando sin un rumbo claro. Los tres partidos que la respaldan (PRI-PAN-PRD) han centrado sus esfuerzos en repartirse las candidaturas al Congreso, dejando de lado el asesoramiento y apoyo a su precandidata. Lo que la está encaminando hacia una posible derrota contundente en 2024.

Según la encuesta de Mendoza Blanco & Asociados, la ventaja de la ex jefa de Gobierno de CDMX, Claudia Sheinbaum, sobre Xóchitl Gálvez es del 36.7%. (Hay otras encuestas que muestran menor diferencia).

Sin embargo, culpar directamente a la precandidata de la oposición por las deficiencias de su precampaña, como algunos analistas han sugerido, sería un error sesgado. Su personalidad, trayectoria y narrativa han contribuido a su creciente popularidad: pasando de ser una simple aspirante al gobierno de CDMX a convertirse en el perfil mejor posicionado de la oposición para competir por la presidencia.

El problema radica en la desorganización entre los partidos políticos que la respaldan, que se encuentran fragmentados y velando por sus propios intereses, en lugar de trabajar juntos hacia un objetivo común.

El Frente Amplio por México, ahora llamado “Fuerza y Corazón por México”, carece de un proyecto político definido, con una narrativa clara que los distinga de su contendiente. Como ha señalado la periodista Viri Ríos, Xóchitl ha tenido que adaptar su discurso dependiendo del evento del partido al que asista. “Cuando se viste de rojo, dice cosas favorables del PRI. Cuando asiste a eventos del PAN, elogia a Milei en Argentina. Y cuando se viste de amarillo, habla bien de la izquierda, pero cuando se viste de rosa, habla mal de todos los anteriores”.

Frente al desafío de una precampaña que no lograba levantar el ánimo ciudadano, la suerte le dio un segundo respiro a Xóchitl cuando Samuel García decidió renunciar a su aspiración presidencial para regresar a sus funciones como gobernador debido a una serie de pugnas legales del Congreso de Nuevo León que pretendían ceder el mando a un priista, algo que Samuel no quiso permitir.

Samuel en pocos días se había convertido en un candidato prometedor. Tenía el firme objetivo de ganarse al electorado joven y ser un obstáculo en la campaña de la aspirante panista dividiendo el voto opositor. Aspiraciones que se vieron truncadas para la buena suerte de Xóchitl.

Ante este escenario, Xóchitl tenía la oportunidad de relanzar una campaña fresca que pudiera llamar la atención del electorado joven que traía consigo el efecto Samuel García y Mariana Rodríguez. Pero, contrario a esto, la respuesta de la precandidata fue presentar a sus hijos como parte de su equipo de campaña, para dirigir los esfuerzos de las redes sociales y crear una red nacional de jóvenes.

Esta estrategia no solo me parece incorrecta y totalmente improvisada, sino que también pone en bandeja de plata una acción errónea que sus contrincantes han podido aprovechar para criticarla como un acto de nepotismo.

En contraste, en el partido oficialista vemos más orden en la estrategia de comunicación de la precampaña. Claudia Sheinbaum, precandidata de la alianza conformada por Morena, PT y PVEM, no busca arriesgar ni un punto porcentual de las encuestas que encabeza.

Los pleitos internos que muchos analistas creían que iban a debilitar a la Coordinadora de la Defensa de la 4T, con la posible salida de Marcelo Ebrard de Morena o el descontento de algunas figuras políticas que no lograron ser precandidatos a la gubernatura de sus estados, no tuvieron una mayor afectación.

Marcelo incluso decidió permanecer en el partido. La estrategia de alinearse con un solo proyecto para apoyar a Sheinbaum, al apagar fuegos internos y fomentar negociación, está teniendo más empuje que la oposición debilitada y dividida.

Los partidos que integran la coalición “Fuerza y Corazón por México” tienen la oportunidad de reconfigurar el proyecto político que han venido mostrando desde antes del lanzamiento de la precampaña. Se necesita dejar a un lado las ocurrencias e intereses y navegar hacia un objetivo común. Solo así se definirá si la renuncia de Samuel García fue un respiro para Xóchitl o una oportunidad más que desaprovechó la oposición.— Mérida, Yucatán.

ernesto.guerramx@gmail.com

Politólogo. Maestro en Comunicación Política y Marketing Electoral.

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