¡Hola! Espero que haya pasado una maravillosa Navidad y que este año que comienza sea pleno en salud, amor, amistades y logros.

Creo que muchos de nosotros, con el cambio de año calendario, hacemos un alto en el camino para reflexionar (al menos unos minutos…) sobre lo que hicimos en los 12 meses que terminan: nuestros éxitos, lo que debimos haber hecho y no realizamos, y lo que nos queda pendiente por hacer.

Eso sí, se abre una nueva oportunidad para dedicarnos a esos proyectos, comprometernos con nuestro crecimiento y, por supuesto, con el mejoramiento de las organizaciones en las que laboramos.

Un libro, The One Thing (“Lo único” o “Sólo una cosa”), de los autores Gary Keller y J. Papasan (2013), removió una de mis creencias más tradicionales: que la disciplina lleva al éxito, y que la gente más disciplinada es la más exitosa.

Disciplina contra hábitos

Ellos dicen que, en realidad, la gente exitosa no es necesariamente la más disciplinada, sino la que tiene mejores hábitos. ¡Y tienen razón! ¿De qué sirve que disciplinadamente me levante a las 6 a.m. todos los días si nada hago en ese tiempo?

Lo mejor es convertir ese acto de disciplina en un hábito constructivo, como hacer ejercicio, jugar básquet, hacer karate, leer o lo que cada quien decida. La disciplina por la disciplina queda corta si no se convierte en un hábito. Entonces, hablemos de hábitos.

Son muy conocidos los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva de Steven Covey (1989), libro considerado como un clásico en cuanto a temas de autoayuda. Dichos hábitos son: (1) proactividad (anticiparnos a los cambios); (2) comenzar con un fin en mente (tener una visión y objetivos); (3) poner primero lo primero (priorizar); (4) pensar en ganar-ganar; (5) buscar entender primero y ser entendido después (respetar, escuchar, ser humildes); (6) sinergia (lograr juntos más que lo que haríamos por separado), y (7) afilar la sierra (trabajar en nuestras habilidades para mejorar siempre).

Muy eficaces consejos para ser una mejor persona y lograr nuestras metas. Sin embargo, no se logran por separado, ya que son interdependientes, proporcionando un enfoque gradual, secuenciado y altamente integrado del desarrollo de la eficacia personal e interpersonal.

Hábitos de la gente ineficaz

Hasta aquí, muy bien. Sin embargo, también hay que hablar sobre los hábitos que hacen a la gente ineficaz. Yo les podría por nombre: “Hábitos de la gente altamente ineficaz”, para lo que me he basado en una investigación de Jack Zenger y Joe Folkman (CNN, 2014) y en lo que he visto en diversas organizaciones en mi experiencia como consultor de negocios e investigador.

Cuando un jefe (directivo, gerente, encargado o similar) posee alguno de estos defectos, tiene muy pocas posibilidades de ubicarse en un nivel superior de liderazgo en su organización. ¿Cuáles son esos hábitos? Los presentaré desde los “menos malos” hasta los más fatales.

1) Fallar en la capacitación y el desarrollo de los demás. Los líderes ineficaces se enfocan únicamente en hacer su trabajo y no muestran interés en el desarrollo de su equipo de trabajo. Hay que recordar lo que dice Tom Peters: un buen líder forma nuevos líderes, no seguidores.

2) Ser un mal modelo a seguir. Los líderes ineficaces tienen el hábito de decir una cosa y hacer otra. Las reglas favorecen solo a ellos y a sus elegidos, y como son los jefes, creen tener siempre la razón. En un estudio que realicé en 2012, surgió que el mal ejemplo de los jefes es la principal causa de la falta de creatividad en las empresas, por lo que sin creatividad, la innovación es imposible.

3) Falta de perspectiva estratégica. Los líderes ineficaces ven solamente hacia abajo. No logran mirar hacia arriba ni hacia afuera. Podría decirse que es una especie de miopía, ya que se enfocan solamente en lo que tienen entre manos y no en la visión ni misión de la organización.

4) Preferir trabajar de manera independiente en lugar de colaborar. Creen que ser individualistas requiere menos esfuerzo, además de que disfrutan sentirse en su propio territorio.

5) Oponer resistencia a las metas y mejoras. Entre los peores pecados de los líderes ineficaces están la arrogancia y la complacencia. Se creen maravillosos porque, de otra manera, no habrían llegado a donde están, por lo que los objetivos a largo plazo carecen de sentido. Es también otra forma de miopía organizacional.

6) Comunicación deficiente. Un líder es 50% lo que piensa y 50% cómo lo comunica. Sin embargo, los líderes ineficaces carecen de habilidad para comunicarse, y cuando lo hacen, es para que ellos hablen… no escuchan.

7) Fracasan en inspirar y motivar a los demás. La cualidad que más devalúa a los líderes ineficaces es que son incapaces de motivar a sus subordinados. La mayoría de los líderes son buenos presionando para lograr resultados, pero no entienden cómo o cuándo apoyar a su personal.

Este tipo de líderes generalmente son autócratas y orientados a la autogestión, o carentes de entusiasmo o simplemente personas pasivas. El desafío más importante de los líderes debe ser transmitir energía e inspirar al personal para lograr altos niveles de desempeño.

Lo curioso es que los líderes ineficaces con frecuencia ignoran sus propios malos hábitos, constantemente se califican como buenos e impiden que su personal destaque.

En palabras de Jack Welch, distinguido líder empresarial estadounidense, el éxito o fracaso de una empresa es el éxito o fracaso de su líder. Sin embargo, los hábitos de la gente altamente ineficaz no solo se aplican a las empresas, sino a todas las actividades que realizamos en la vida.

¿Cuáles son sus propósitos para este año? ¿Qué hábitos se propone adoptar? Le deseo lo mejor. ¡Éxito!— Mérida, Yucatán.

Correos electrónicos: francisco.barroso@correo.uady.mx y fbarroso_tanoira@yahoo.com.mx

*Doctor, Universidad Autónoma de Yucatán. Facultad de Contaduría y Administración

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