Edgar Jesús Conde Valdez (*)
Existen dos libros antiguos para el que se inicie en política o para quien pretenda saber un poco más de lo que significa entender este galimatías que es a lo que equivale en algún momento.
Estos libros son El arte de la guerra, del chino Sun Tzu, y El Príncipe, del italiano Nicolás Maquiavelo.
Maquiavelo recordemos que fue un italiano, que era un importante pensador político, estadista y escritor florentino y una importante figura histórica que es recordado ampliamente por su obra maestra titulada El Príncipe, la cual fue escrita en el año 1513, pero que fue publicada luego de su muerte en el año 1532.
A él se le considera como uno de los primeros analistas tempranos del poder político. Un gran asesor de políticos de esa época, lo que ahora equivaldría a nuestros presidentes o gobernadores, pero lo interesante es que todo lo que dice en su texto se cumple aún en la actualidad.
Tan es así que las sugerencias de Maquiavelo ya caen en el sustantivo de reglas o normas, pues en política poco o mucho ha cambiado desde esos tiempos.
Si analizamos un poco cuántas historias se han vivido donde se cumple lo sugerido por el político florentino, veremos que seguimos teniendo los mismos actos, vicios, resultados, etc., así como representantes del pueblo como regidores, diputados y senadores. Hasta asignaturas como el derecho Romano siguen en los planes de estudios.
En las siguientes líneas hagamos un pequeño ejercicio mental y conforme vayamos leyendo tratemos de hacer la analogía de lo que presento con lo que ocurre en el hoy por hoy con los políticos que cambian de manera inesperada, o quizá bien planeada, de partido en partido.
Maquiavelo consideró que no se debía rodear de ejércitos de Mercenarios que vendían sus armas al mejor postor, es decir, sin ningún principio ni compromiso moral.
Estos no son necesariamente fieles y su fidelidad está en términos económicos, no sentimentales, así que, en caso de guerra, defenderán a quien le pague mejor, o mejor aún, estarán con el príncipe mientras no haya guerra y al haberla, recurrirán al mejor postor.
Los partidos políticos hoy por hoy han recurrido a la estrategia de sumar, sumar y sumar a los cuadros de otros partidos, inclusive de ideologías contrarias, todo con la justificación de que, como diría Maquiavelo, el fin justifica los medios, eso sí. Pero, a la hora de reinar el príncipe, o el presidente, gobernador, o político en turno, no existe la seguridad de que estos ejércitos sean fieles o incondicionales, pues su naturaleza (como la fábula generalmente atribuida a Esopo del alacrán y la rana que cruzan el río), es que no les importa en un momento dado traicionar o, mejor dicho, el morderle la mano a quien le dio de comer. Es un mercenario y a eso se dedica.
Las alianzas políticas hacen veces de uniones de mercenarios pues, valga la comparación, en la praxis viene teniendo el mismo comportamiento.
Veremos. La alianza entre Morena y PT puede tener una lógica al ser dos partidos que, siendo uno novedoso y acarreador, y el otro con mucha más antigüedad y tiempo recorrido, pero los dos son de izquierda que es lo que los hace casi parientes, como lo fue en su momento el PRD.
Pero además está el PVEM, que aparentemente solo busca lo mejor para la ecología, lo que lo convierte en partido comodín en términos del póker y su ideología, pues aparentemente es meramente social o de centro. Pero no es de izquierda, es otra corriente.
La alianza PAN, PRI, PRD suena a todas luces un poco enrarecida ideológicamente hablando, pues es de todos sabido que son de corrientes totalmente diferentes; es decir, el PAN es un partido de derecha, el PRI es un partido de centro con tendencias muchas veces en su historia a la izquierda, como la época del General Lázaro Cárdenas, pero más recientemente a la derecha, y el PRD, totalmente de izquierda.
Como veremos, las dos alianzas no son precisamente entre partidos homólogos en ideología sino más bien son alianzas de alguna forma heterogéneas, por decirlo de algún modo.
Pero regresando a Maquiavelo y tratar de hacer una ideología con estas alianzas digamos mercenarias para hacerlo más explícito (sin ofender a las alianzas), nos topamos con que, si seguimos lo que dictó el italiano en El Príncipe, el futuro no es muy alentador o fácil para los dos bandos, pues sus soldados son de diferentes etnias políticas, de ideologías, amistades políticas, cuadros, declaraciones mediáticas, etc. Lo cual ha llamado la atención del electorado y sobre todo a las escuelas de cuadros de los partidos, pues sienten que un invasor les viene a quitar lo suyo.
E imagínense lo que pensarán de algún partido de estos, donde hay simpatizantes y, sobre todo miembros, que están rompiéndose el cuero para que escalafonariamente ascender, o bien, si su candidato triunfa, quizás le apoye u ocupe algún cargo público para el que podría ser que desde hace años se esté preparando y se tome la sorpresa de que otro, sin los méritos de él, lo va a ocupar y a él, pues muchas gracias por tu participación.
Maquiavelo es más profundo, pues comenta entre tantas cosas que el gobernar libre no será posible para el príncipe, pues tiene compromisos con los mercenarios y, de no satisfacer sus peticiones, le retirarán el apoyo de las armas, lo cual lo llevaría a perder el poder.
En el caso de nuestro Estado, en las próximas elecciones existen dos escenarios futuros, el primero es que una alianza de mercenarios va a ganar una elección enfrentándose a otro similar, y el otro sería con una pregunta:
¿Podrá el gobernante electo ejecutar su labor libremente?
Eso está por verse, pero próximamente y si Dios nos presta vida lo sabremos, pero lo que sí es casi un hecho es que una Alianza de partidos, cada uno con sus respectivos chapulines, nos gobernará.— Mérida, Yucatán.
condeval1@hotmail.com
Ingeniero, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.
