Lo peor que nos puede pasar a los seres humanos es acostumbrarnos a vivir con violencia como parte del diario acontecer. Nuestro país no merecía llegar al grado de descomposición social en el que hoy se encuentra.
Los actos violentos se fueron incrementando peligrosamente sin que hubiera autoridad alguna que pusiera orden. O no le dieron importancia a lo que estaba ocurriendo o permitieron con toda intención que la delincuencia avanzara a pasos agigantados.
El daño que se estaba causando a nuestro México estaba presente ya en algunas comunidades; ¿nadie se dio cuenta?, ¿no había servicio de inteligencia?, ¿a quién correspondía la seguridad nacional?
Son preguntas que por supuesto tienen respuesta.
Hoy, todos nos estamos enfrentando a una realidad que ya no se puede ocultar más y lo peor es, que no se ha permitido atacar la problemática como debería ser, de frente y con todo. Con decisión e inteligencia.
Cuando un gobierno no lo permite e impide a sus corporaciones actuar en defensa de un territorio, se convierte en cómplice de los criminales. Ahí están las consecuencias a la vista de todos. Comunidades, tomadas unas y otras en disputa por bandas que pretenden apoderarse de ellas y han causado el terror de sus habitantes, indefensos ante la violencia y agresividad sin límites de criminales.
Uno más de tantos videos que circulan en las redes sociales nos muestra el salvaje comportamiento de individuos de una organización criminal contra transportistas. Uno de los choferes es golpeado con una tabla y el otro recibe las cachetadas que repetidamente y con fuerza le propina el delincuente.
Imágenes que ofenden y lastiman, ya que muestran cómo la dignidad humana de personas que se ganan la vida honradamente está siendo pisoteada por individuos cobardes, que utilizan la fuerza excesiva para imponer su ley.
Y lo hacen porque se sienten protegidos por una política de seguridad absurda, la cual, al no estar diseñada para dar resultados, ha permitido que la criminalidad avance.
“México, este país formidable, esta nación admirable, esta potencia económica y cultural impresionante está siendo tomado por el crimen organizado por la complacencia de quienes debieran defenderlo; “abrazos no balazos” o más bien abrazos a los que dan balazos, el eslogan es bonito, pero el resultado es catastrófico para la democracia y sobre todo para los jóvenes”.
Lo dijo la diputada española Cayetana Alvarez de Toledo en un foro de política celebrado recientemente en Puebla.
Algo que no pocos hemos comentado con cierta frecuencia y desde que el actual gobierno se instaló en el 2018, al observar cómo la criminalidad ha ganado terreno en el país.
Nadie, con un poco de sentido común creería que los criminales avanzaron por sí solos. Si al país lo fueron invadiendo es porque no hay duda de que hubo complicidades y las órdenes las ha dado quien ama el poder y pretende eternizarse en él, a costa de lo que sea.
El precio que estamos pagando los mexicanos por la inseguridad que nos está afectando a todos, es muy alto.
“La desaparición de un ser querido genera dolor, incertidumbre, desasosiego, temor y otros muchos sentimientos difíciles de asimilar. El vacío que deja se convierte en un eco persistente de preguntas sin respuesta”. “La desaparición de una sola persona afecta a generaciones, erosiona la confianza en las instituciones y representa el impacto transformador de la acción colectiva”.
Fue parte del emotivo mensaje del Rey Felipe VI de España dirigido a la organización Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ) en la ceremonia de entrega del Premio Derechos Humanos Rey de España, celebrada en la Universidad de Alcalá de Henares.
Mensaje que mostró empatía con el dolor de madres buscadoras y reconocimiento a la labor de búsqueda de familiares, víctimas de desapariciones forzadas en Jalisco.
No solo es Jalisco, por supuesto; la criminalidad se ha extendido peligrosamente a otros estados del país y lo estamos viendo. Lo peor de todo es que la agresión la viven ya hasta los niños y eso es inaceptable porque a ellos se les están robando los momentos más felices de su vida que se dan en la etapa maravillosa de la niñez.
Pero así estamos y no avanzamos para enfrentarnos con decisión a los criminales, quienes pisotean la dignidad de sus víctimas, de las autoridades y de las Fuerzas Armadas.— Piedras Negras, Coahuila.
Periodista
